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Sofía

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Sofía se encontraba como cada día en la biblioteca, rozando con la punta de los dedos los lomos de cada libro y admirando la forma en la que estaban ordenados. Este era su trabajo, pero era un trabajo que amaba con locura, le encantaba poder encontrarse cada día en el sitio en el que más viva se sentía, no cualquier persona tenía esa suerte, pero ella no era cualquier persona, era Sofía. 

Ella era linda, feliz y tímida, se sonrojaba cuando le mencionabas lo linda que era y en medio de sus mejillas sonrojadas una sonrisa, la sonrisa más linda que he visto en toda mi vida.

Yo, solo soy un hombre idiota que intentó hacerla feliz, un tonto al que a ella le gustaba llamar Sebas; hubiera estado completamente dispuesto a pasar en resto de mi vida con ella... 

Todavía recuerdo el día en que la conocí, ella estaba ordenando los libros de la biblioteca, entré justo en el momento que estaba por terminar, solo la vi de espaldas, me resultó una chica bastante normal, no tenía nada de especial, era rellenita y tenía un cabello largo y negro lleno de bucles. Caminé por la biblioteca buscando la bibliotecaria, encontré el escritorio cerca de la entrada pero estaba vacío, suspiré y cuando estaba decidido a irme ella se sentó ahí.

- Buenas tardes, ¿necesita algo?- me preguntó con una sonrisa bastante tierna. 

- Si, busco este libro- le entregué una hoja con el nombre del libro escrito.

No podía dejar de mirarla, me parecía preciosa, no esperaba enamorarme de ella ni mucho menos, pero tampoco pensé incorrecto admirar su belleza. 

Tuve que volver varias veces a esa biblioteca para pedir otros libros, pero cuando terminé con los que necesitaba, tenía ganas de volver, tanto por el lugar como por ella, por alguna extraña razón, extrañaba verla sonreír, o simplemente seria, completamente concentrada en una nueva historia, pero aun así, hermosa. Había ido 7 veces en total, las siete me sonreíste y recordaste mi nombre, a pesar de que tenías otros 30 lectores más que venían mucho más seguido, pero de esas siete, nunca te había preguntado el nombre.

Ya tenía una excusa para volver, agarré mis cosas y sin pensarlo dos veces me fui directo a la biblioteca. Al llegar me acerqué a ella, estaba en una de las mesas leyendo un libro, al sentir que me acercaba se detuvo y al mirarme sonrió.

- Hola ¿vienes por otro libro?

- No, en realidad venía a hacerte una pregunta- Respondí bastante nervioso. Ella me miró extrañada y luego de tomar aire me animé a preguntar- ¿cuál es tu nombre?

- Con una sonrisa y las mejillas un poco sonrojadas respondió de la forma más dulce.- Sofía. 

- Sofía- Lo repetí con una sonrisa, en ese momento, y los siguientes 7 años que pasamos juntos.

Todavía, después de tantos meses, sigo extrañándola como aquel día en el que decidí conocerla de verdad. Hasta el día de hoy me sigue doliendo haberla perdido, nada más recordar el ver su cuerpo tendido en aquella camilla, sin aliento, sonrisas o alguna historia que contar. 

Sofía, te fuiste demasiado pronto, pero sé que lo poco que viviste realmente valió la pena, disfrutaste de cada segundo, fuiste feliz, me hiciste feliz, dejaste una huella en mí que jamás voy a poder borrar porque te amé, te amo y agradezco cada día el haberte conocido.  

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