𝕀

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La sangre

21 de noviembre

El frío

El color rojo

El sonido de los balazos

El cuadro de mi madre

El chico de ojos azules

Me desperté

8:30 am

Estaba a oscuras, como si la neblina de las calles de Barcelona entrarán por la ventana y se alojaran dentro de mi habitación. Normalmente amanecía mucho más temprano, pero ese día se notaba a la legua que sería un día de mierda. La alarma me despierta justo a las ocho y media de la mañana, debía bajarme de la cama, pero no lo conseguí y decidí estar un rato más hasta que me quedé dormida otra vez.

Habían pasado veinte minutos, ya si debía levantarme, pensé que mi padre seguramente se hubiera ido hace bastante a trabajar, nunca supe porqué se levantaba tan temprano si el estudio estaba a cinco minutos de casa. Al bajar las escaleras noto el ruido que hacen mis delgados pies cuando rozan los tablones del parquet. Me aseguré de que mi madre siguiera durmiendo y proseguí bajando.

Mientras más me acercaba a la planta baja de mi casa, más se notaba el frío del invierno, fue mala idea no ponerme calcetines ese día.

Los cuadros que pintaba mi madre de joven siempre me parecieron preciosos, sobre todo, el de un chico, que está de espaldas mirando un atardecer, el misterio que transmitía hacía que mi piel se erizara.

9:00 am

El sabor del tomate y el aceite de oliva restregado por la superficie del pan se extendía por mi boca. Mi madre había preparado el desayuno para las dos, pero de un momento a otro sacó un tercer plato.

一¿ Papá va ha venir a desayunar? 一los ojos de mi madre se dirigieron al plato que tenía en las manos y con un gesto me señaló que abriera la puerta.

Mis pies fríos sonaban al andar y mi pelo se ahondaba por la velocidad a la que iba hacia la puerta, el negro hacia contraste con las paredes blancas de la casa.

Al otro lado de la puerta estaba mi padre con un enorme ramo de flores, unos globos y lo que parecía ser un pastel de vainilla. Mis brazos se dirigieron directamente a él.

一Feliz cumpleaños ullets. 一 los ojos se me llenaron de lágrimas mientras los de mi padre se dirigieron a mi madre.

Este entró y fue a darle un beso a su esposa.

Mis padres llevaban casados más de dieciocho años y más de veintiuno juntos. Mi padre hizo que la preciosa super modelo Elvira Plame, hiciera caso a un pobre fotógrafo de Barcelona y también consiguió tener una hija con ella. Su chispa juntos nunca se apagó, se notaba lo mucho que se amaban cada vez que se miraban. Mi madre cambió completamente su vida tras casarse con mi padre y convertirse en la señora Martí, dejó su carrera de lado para tenerme a mí y se sacrifica día a día por nuestro bienestar, no podría haber pedido más de una madre, que cambió todo por el amor de su vida.

10:00 am

Los tres estábamos sentados en la mesa de la sala de estar, el reloj sonando porque eran las diez en punto y la imagen de mis padres que nunca olvidaré.

Mi padre abrazó a mi madre celebrando el décimo octavo cumpleaños de su hija; ambos estaban muy emocionados, se les notaba perfectamente, tanto que vi al frío, calculador y directo Samuel Martí soltar una lágrima y a Elvira Martí temblar de felicidad.

Salimos todos al patio, donde soplamos las velas y comimos tarta. Entonces decidí hacer el gran anuncio.

一 Papá. Mamá. 一hice una bastante larga pausa, solo para ponerles nerviosos. 一Me han aceptado en la carrera de química 一sus caras se quedaron plasmadas en mi cabeza, su orgullo y su alegria一asi que el año que viene tendréis una hija química.一Ante esto yo sonreí.

PetiteWhere stories live. Discover now