La chica pelirroja.

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— ¡Hija!

Gritó la madre espantada al encontrar a su hija inconsciente en aquel piso frío, su blanquecina piel estaba cubierta con una gran cantidad de cortes. Ella solía atentar contra su propio cuerpo, pero esta vez la situación se le fue de las manos.

La azabache escuchaba los gritos de su madre junto con la ambulancia fuera de su domicilio.
Los paramédicos la subieron a una camilla en la cual terminó por perder la conciencia.

Al cabo de unas horas despertó desorientada, con los brazos completamente vendados en una habitación blanca que supuso, era el hospital.
Mientras miraba los alrededores divisó a una chica pelirroja que la miraba de forma curiosa apoyada en el marco de la puerta.

— ¿qué te pasó? ¿por qué tienes los brazos así?

Preguntó.

— oh, ¿esto? mi gato se ha vuelto loco y me arañó, no te imaginas el desastre que hubo en casa.

Soltó una pequeña risa.

La chica no tan convencida, entró a la habitación.

— Mi nombre es Arwen, ¿podría preguntar el tuyo?

Sonrió.

— Me llamo Castiel, es un nombre poco común, supongo.

Dijo dedicándole una sonrisa sutil.

— A mi me parece hermoso, Castiel. ¿Puedo decirte Cassie?

Asintió levemente.

— ¿Sabes? en unos días es mi cumpleaños. Sé que acabo de conocerte, pero me gustaría que vinieras.

Mencionó algo nerviosa por la situación.

—  ¡Waaa!, ¿en serio? ¿cuántos cumples?

Dijo entusiasmada por la idea.

— Cumplo diecinueve, ¿podría preguntar la edad de la bella doncella sentada frente a mi?

Castiel rió por el repentino lenguaje formal que había utilizado Arwen.

— Soy menor que tú, tengo diecisiete.

Las dos chicas pasaron la tarde riéndo y conversando. Intercambiaron números para acordar lo del cumpleaños.
Pasadas un par de horas Arwen tuvo que marcharse. Su madre se preocuparía si tardaba demasiado.

El doctor entró a la habitación en cuanto salió Arwen.

— Bueno, al parecer te encuentras mejor, ¿eh? puedes irte a casa, te daremos de alta. Tendrás que venir la próxima semana para ver cómo van las heridas, no lo olvides.

Castiel asintió y tomó sus pertenencias, saliendo de la habitación. A lo lejos vio a su madre dormida en la sala de espera.

— Mamá, despierta, vamos a casa.

Su madre despertó exaltada.

— ¿cómo estás? ¿cómo te sientes?

La abrazó cuidadosamente, transmitiendo toda su preocupación mediante aquel abrazo.

— Estoy cansada, vamos a casa.

— ¿Después de preocuparme tanto por las estupideces que haces me dices que tú estás cansada? insolente.

Castiel soltó un suspiro pesado.

Luego de ello fueron hacia el automóvil para ir a casa.

— ¿sabes? conocí a una chica hoy, incluso me invitó a su cumpleaños.

Habló la menor.

— Oh, interesante.

Tras la pequeña conversación, el camino a casa fue silencioso.
Ya en su vivienda, su padre estaba esperando la llegada de su esposa e hija. Cuando las vio entrar por la puerta corrió hacia ellas.

— ¿Qué te pasaba por la mente, eh? ¿Es otra de tus estúpidas escenitas? ¿Acaso no piensas un poco en nosotros?, ya sufrimos mucho por la pérdida de tu hermano para que salgas con estas idioteces.

Exclamó molesto.

— Eso es por lo único que se preocupan. Además, no estaré aguantando tu actitud de mierda, guárdate tus quejas.

Murmuró irritada.

Tan pronto como dijo aquello corrió escaleras arriba y se encerró en su habitación, pegando un fuerte portazo.
Se acostó sobre la cama y buscó en su bolso su teléfono, dispuesta a navegar un rato por las redes sociales hasta que el sueño se hiciera presente.

Eran las 2:00 AM cuando le llegó un mensaje proveniente de la chica que había conocido en el hospital.

[Arwen.]

“Holaaa, perdón por no haberte hablado durante el día, estaba ocupada en casa. Mañana te informaré sobre mi cumpleaños. Tkm Cassie. 💕”

Sin muchos ánimos respondió a su mensaje.

“heey, no hay problema, ambas estuvimos ocupadas. Ten una linda noche, descansa. <3”

Soltó su teléfono, tratando de que el sueño viniera a ella.

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