hold it

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—N-no... no más, por favor —suplicó, con ojos llorosos.

—¿No me oíste, bebé? Abre la boca.

Un par de lágrimas resbalaron por sus mejillas, con la firme mano de Taehyung sosteniendo su mandíbula mientras con la otra inclinaba una botella con agua a sus labios.

Jungkook ha estado así por más de cuarenta minutos, arrodillado sobre la nueva alfombra de peluche que su amo acababa de comprar para su estudio, totalmente desnudo y con las manos esposadas tras su espalda. Ya iba por su cuarta botella de medio litro, y la agonía no hacía más que aumentar velozmente.

—¿Desde cuándo tengo una mascota tan desobediente?

Jungkook chilló.

—¡S-soy obediente!

Y para demostrarlo, el chico finalmente abrió la boca, aceptando aún más agua que su cuerpo ya no encontraba dónde almacenar. Sintió náuseas cuando su amo apretó ligeramente la botella, obligándolo a tragar más rápido y provocando que cayera un poco por la comisura de sus labios. No la apartó hasta que esta estuvo completamente vacía.

—Buen chico —elogió, pasando los dedos por su cabello.

Jungkook había empezado a toser, doblándose hacia adelante; intentando expulsar desesperadamente toda el agua infiltrada en sus pulmones. Sentía que iba a romperse en cualquier momento.

—Regresa a tu posición —ordenó Taehyung seriamente, sentándose en la silla de su escritorio, frente a su computadora. Su estudio era muy grande y estaba decorado especialmente por colores marrones y negros, creando una atmósfera apacible. Aunque Jungkook no lo estuviera en absoluto.

No podía erguirse.

—S-señor... —chilló, temeroso—, n-no puedo...

—Sí, sí puedes. Levántate, no lo voy a repetir.

Jungkook sollozó, respirando entrecortadamente. Se sentía muy mareado e infernalmente lleno. Cada sutil movimiento era demasiado peligroso en este punto... Pero, gracias al cielo, consiguió retomar su posición inicial, con la espalda recta y las piernas abiertas, con las manos aún inmóviles tras él.

—¿Ves que no era tan difícil? Qué mascota tan exagerada.

Entonces Taehyung dejó de prestarle atención para centrarse en lo que sea que estuviera haciendo en su computadora, que Jungkook solo veía lateralmente, al igual que el cuerpo de su amo. Él le prometió que en cuanto terminara con su trabajo, le dejaría ir a donde él quisiera. Así que Jungkook solo podía esperar. Ahí, a su lado, temblando y sollozando; ardiendo por dentro. Sentía el sudor cubrir su frente y su espalda, cada segundo sintiéndose como horas.

—Qué linda la nueva alfombra, ¿ah? —habló Taehyung, provocándolo—. ¿Se siente bien, bajo tus rodillas?

—S-sí, señor.

—Mira lo impecable que está. Espero que sea lo suficientemente suave para ti, bebé.

Jungkook gimió bajito, cerrando los ojos con fuerza. Estaba a punto de estallar, dolía demasiado.

—Señor —se quejó Jungkook, con la voz ahogada—. Por favor... p-permítame ir...

—¿Ir a dónde?

—No puedo aguantarlo, yo...

—Creí haberte dicho que en cuanto terminara mi trabajo te dejaría ir a donde tú quisieras —interrumpió, con la mirada fija en la pantalla—. ¿Ahora también mi mascota es sorda?

Jungkook jadeó, obligándose a alejar su cabeza de lo mucho que su cuerpo lo lastimaba, suplicándole tanto que se dejara ir... Había esperado por casi una hora, y Taehyung no parecía estar ni cerca de terminar. Ni siquiera sabía si realmente estaba haciendo algo en esa computadora o solo buscaba martirizarlo.

Hold itWhere stories live. Discover now