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Capítulo 1🌙

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Jeon

Mis pies descalzos tocan el suelo, un escalofrío recorre mi cuerpo al sentir el suelo frío calando mis pies. En segundos me acostumbro y con una gran pereza me dirijo a pasos lentos hasta el armario. Del gran armario tomo una sudadera negra, la acerco hasta mi nariz e inhalo. Verifico si huele bien y al tener una respuesta afirmativa me la pongo.

Una vez puesta la sudadera me agacho para tomar unos tenis que están a lado del armario. Tenis que llevan unos meses sin lavarse y están más sucios que mi conciencia.

Con tenis en mano me pregunto, ¿Por qué los he tomado? No voy a salir de casa, solo me he parado por la sudadera por qué me ha dado frío. Vuelvo a poner los tenis en donde estaban y antes de regresarme a la cama pasa algo.

Mi frente se arruga, una gran confusión me invade. Gotas de agua caen sobre mi cabeza, me tomo unos segundos para darme una explicación lógica ya que, estoy en mi habitación. Hasta que, recuerdo que hay una gotera. Miro al techo, una parte de él se ve de un color crudo, una parte de la pintura se ha inflado y gotas siguen cayendo en mi cabeza.

Maldigo en mis adentros y regreso a la cama, me cubro de pies a cabeza. La temperatura vuelve a mi cuerpo y suelto un suspiro de satisfacción.

El sueño que antes me ha abandonado vuelve a mí, los párpados me pesan y cuando estoy apunto de cerrarlos una pregunta llega a mí.

¿Por qué hay una gotera?

Mi mente trabaja a toda velocidad y mis pies se mueven solos, saliendo de la cama y llevándome a la ventana. Hago a un lado la cortina gris y noto que, del otro lado de la ventana el vidrio de esta tiene muchas gotas de agua jugando una carrera.

En segundos puedo sentir como la pereza me abandona y el enojo llega para suplirla. Pego un grito que parece ser lo suficientemente fuerte para que la puerta de mi habitación rechine por ser abierta, me volteo y en la entrada de esta está mi madre, con el ceño fruncido.

—¿Ahora que ha pasado, Jeon? —pregunta, mirándome con mala cara.

—Lo mismo de siempre. —respondo con un tono elevado.

—Sabes bien que no hay un número telefónico para llamar y que la lluvia cese —dice, burlona—. Puedes mirar al cielo y pedirle que deje de estar triste, después de todo eso es lo que piensas.

Ella se ríe por unos segundos antes de apuntarme con el dedo y decir:

—Ve a comprar un impermeabilizante líquido y tapa esa gotera.

—¿Un qué?

—Impermeabilizante, eres hombre deberías de saber que es y como tapar una gotera.

—El hecho de que sea hombre no implica que deba de saber todo eso.

Suelto un suspiro.

Mi madre suele ser así, aunque es una persona muy agradable y divertida, es de mente cerrada. Y yo, de vez en cuando me gusta corregirla ya que estar rodeado de personas con ese tipo de mentalidad hace salir mi lado más desagradable.

—Ve a comprar eso ahora —trata de cambiar el rumbo de la conversación y el cambio de actitud en mi madre es notorio, ahora su semblante es serio.

—¿Saldrás? —inquiero al darme cuenta que está arreglada.

Lleva un vestido negro ajustado al cuerpo, tacones negros, su cabello negro está recogido en una coleta alta, sus ojos marrones resaltan en su maquillaje de colores suaves, por último unos pendientes, collares y brazaletes dorados complementan su vestimenta.

Encuéntrame en la luna PAUSADAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora