Me desperté un poco sobresaltada con el despertador a las 5. 45.
-Maldito cachivache... - dije apagando el despertador y levantándome para vestirme.
Me acerqué a mi armario y me di cuenta de que había un papelito pegado con fixo en la puerta . Lo Arranqué de un tirón y leí lo que ponía con la escasa luz que entraba por la ventana del amanecer:
"Lee las notas. Estos te guiarán la mañana. Par cierto, buenos días."
Abrí el armario y me dí cuenta de que había unos cuantos pos-sits pegados a la ropa, a los cajones y me fijé en el espejo, que reflejaba otro trozo de papel pegado al lado de la ventana.
Me vestí con la ropa que había preseleccionado el día anterior marcada con las hojas y me miré al espejo. Me dirijía hacia el papelito de la ventana y me sorprendí con lo astuta que era:
"¡¡Estás estupenda!! "
Me reí y arranqué el papelito. Salí de mi habitación, me tomé medio café que me sobró del Starbucks de ayer y salí de casa cojiendo una chaqueta y las llaves.
Llevaba puesto mi outfit favorito de deporte y unos auriculares inalambricos que me había enviado mi novio desde San Francisco.
Era el mismo paseo de siempre: Salir de casa con el sol a la espalda subiendo intentando alcanzarme mientras yo hago mis 32Km.
Cuando llegué al pueblo, el sol ya estaba bastante alti y decidí subir al castillo a tomarme
algo disfrutando de las vistas.
Me subí al castillo pasando por todas las calles del pueblo y cuando llegé a la plaza de Santa María de las Angustias, me compré un sándwich vegetariano y un zumo de naranja natural para llevar y me subí al castillo con la bolsa colgando.
Al llegar arriba del todo me senté en un borde y empezé a desayunar.
Un rato más tarde, cuando terminé de desayunar, ya estaba bien entrada la mañana y me fuí a mi casa pasando por el pueblo.
Cuando llegué al pueblo todos me miraban raro y no fue muy, comodo...
-¿Tú eres Morgana del Río? - me pregunta el hijo del vendedor de cupones de lotería: un chaval de unos 16 años que se las llevaba de chulo.
-Sí... ¿por qué? - dije parandome y mirándolo extrañada.
-No, nada. Solo...-
No terminó de hablar y yo me fui a mi casa pensando en ello.
Cuando llegué a mi casa y abrí la puerta me encontré con mi exnovio sentado en con un par de policías en el salón. Uno de ellos me resultó conocido, pero me quité esa estúpida idea de la cabeza.
-¿Morgana del Río? -dijo el policía de la derecha, el más joven.
-Si... ¿Pasa algo? - dije mirando a uno detrás de otro, a mi ex con un poco más de desconfianza.
-Nos han enviado de la academia de policía para comunicarle que ha sido admitida con efecto inmediato.
-¿Enserio? - dijo mi ex con entusiasmo- pero si empezó el curso hace como un mes...
-Por eso va con efecto inmediato. Mañana a las 7.30 estaremos a su puerta para recogerla y llevarla a la ciudad.
-Vaya, eso hay que celebrarlo- dijo Eduardo, mi ex.
Se levanta y se dispone a dirijirse a la cocina cuando pregunta:
-¿Quieren celebrarlo con nosotros?
-No veo por qué no- dijo el policía de la izquierda con una sonrisa en el rostro.
-¡Pues a por cuatro copas y un vino!
-No tengo vino- dije un poco avergonzada.
-No pasa nada, será mejor que nos vallamos- dijo le policía de la derecha mirandomé fijamente y luego sacando un bolígrafo y una libreta y escribiendo algo.
Acompañé a los policías a la puerta.
-Mañana estaremos aquí para recogerla a las 7.30. Esté preparada para entonces- dijo dándome la mano a modo de despedida y saliendo por la puerta.
-Un placer conocerla, la veré mañana- dijo el policía más joven dándome, también, la mano y poniendo muy disimuladamente el papelito en mi mano.
-Lo mismo digo- dije mirándole fijamente a los ojos.
Se montó en el coche y se fue junto al otro policía rumbo a la ciudad. Yo volví a entrar en casa y me encuentré con mi ex en la entrada. Me abrazó y yo lo empujé con cuidado, pero separandolo de mi lo suficiente para que no sienta la necesidad de protejerme.
-¿Qué pasa? - me preguntó descaradamente.
-¿¡Cómo te atreves a entrar en mi casa y hacer como si siguiéramos juntos!? -le grité poniendo mucho énfasis en la palabra"mi"-Me mentiste. Me dijiste que me habías dejado las llaves y yo como una tonta te creí. Debería haber entrado y rejistrado tu casa. Nunca debí de haber confiado en tí. Debí haberle hecho caso a Elvira y haberte dejado cuando empezaste a hacer el idiota. Asique ahora te recomiendo que salgas de mi casa. No sin antes darme la llave.
Cuando terminé de hablar Eduardo me miró y se acerca a mi con cara de pocos amigos.
-¿Estás segura de lo que estás diciendo? - dijo mientras me empujaba a la pared y me sujetaba-porque creo que no lo he oído bien-ahora estábamos a escasos centímetros y no sabía que hacer.
-Estoy totalmente segura. Si no te importa, tengo que hacer una maleta y prepararme para mañana.
En ese momento se acercó más a mi con la intención de besarme, pero yo giré la cabeza y él se retiró un poco.
-No te hagas la dura, solo eres una gacela. Yo soy el tigre.
No pude creer que me hubiera dicho tal cosa. No estaba dispuesta a soportar esa clase de insultos asique se me pasó por la cabeza la idea de darle un cabezazo. Era lo único que se me ocurrió, asique no vi ninguna otra salida. Si le conseguía dar lo suficientemente bien como para darle en la nariz, seguramente, me dejaría en paz. Puse en prácticai idea y todo salió según lo planeado.
- ¡Qué haces!-dijo Eduardo tapándose la nariz para que no sangrar-¿Eres consciente que puedo denunciarte?
-Lo he hecho en defensa propia. Tu eres el que saldría mal.
Eduardo se metió la mano en el bolsillo y sacó un llavero con una de las fotos que nos hicimos cuando salíamos, y colgado de él había tres llaves: La de la puerta del chalet, la de la puerta delantera de mi casa y la de la puerta trasera.
Tras dármelas salió de mi casa y se fue andando al pueblo. Me di cuenta de que seguía sangrando y le tiré un paquete de pañuelos. Eduardo lo cogió y me miró extrañado.
-¿Y esto?
- Yo no soy ningún monstruo.
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Una novata en la policía
ActionUna historia donde dos personas se conocen. Una es una chica normal, de pueblo, que estudia en la academia de policía;y otro es un chico de, aproximadamente, 25 años que trabaja en algo misterioso. El día que se conocen no se fijan el uno en el otro...
