Capítulo 1
Irene
El destino no podía ser tan caprichoso. Ella no podía creer que el caso que iba a inaugurar la agencia de detectives del 221 B de Baker Street fuese un fantasma del pasado. En aquella habitación, que ella había preparado con tanta dedicación para empezar una nueva vida juntos, aquella mujer, La Mujer, había irrumpido en sus vidas.
Christine miraba con admiración a aquel espectacular espécimen, moviéndose por el salón como si fuese suyo, acaparándolo, regodeándose... La Mujer estaba marcando territorio. Estaba claro que esta mujer era una piedra que había venido para interponerse entre ambos. La anfitriona rápidamente se recompuso: este era ahora su territorio y no se iba a rendir, por muy divina que ella fuera.
-Supongo que ya sabes quién soy. Yo sé quién eres tú, así que sobran las presentaciones, Christine Pearl- dijo Irene mirándola desafiante. - No te preocupes, no he venido para quitarte a tu hombre, al menos - añadió mirando a Sherlock de reojo- no si él no quiere...
-Irene - sentenció Sherlock -No pienso permitir jueguecitos de los tuyos, así que siéntate, expón tu caso y decidiremos entre todos si merece nuestra atención o no.
-La silla no era el lugar donde te gustaba que me sentara...- empezó Irene, ignorando las advertencias que Sherlock le había hecho.
-¡Me aburro! - la interrumpió Sherlock -Si no pones fin a tus estúpidas insinuaciones es que no tienes un buen motivo para haber venido hasta aquí.
Irene lo miró con desprecio, no obstante obedeció y ocupó la silla, manteniendo en todo momento su dignidad incólume. Sherlock, con un gesto que solo Christine pudo ver, la tranquilizó y confirmó su posición ante Irene: ella era su musa e Irene sólo una cliente más.
-Sherlock, necesito tu protección. Sólo podía acudir a ti porque sólo tú me has demostrado preocuparte por mí sin reservas - añadió cuando estuvo segura de que Christine la estaba mirando.- Me han localizado. Saben quién soy y la información a la que he tenido acceso.
Ya no estoy a salvo en Nueva York bajo la nueva identidad que me conseguiste - prosiguió sabiendo que Christine empezaba a sentirse incómoda. - He recibido amenazas para que entregue el móvil que me confiscasteis. He tratado de demostrarles que ya no lo tengo en mi poder, pero no me han creído.
Parece ser que alguien se está haciendo pasar por mí y está vendiendo al mejor postor parte de la información que, según parece, solo podía estar guardada en mi "caja de seguridad". Como sé que ahora está en manos del gobierno británico, más concretamente en las de tu hermano mayor, me da la impresión de que Mycroft está siendo un chico muy malo, cosa que no me importaría en absoluto si no estuviesen en juego las partes de mi cuerpo que han amenazado con cortarme.
- ¿Mycroft un traidor? - rió Watson - Por favor, Irene... Eres muy inteligente, ¿de verdad no se te ha ocurrido otra excusa para volver a llamar la atención de Sherlock?
Sherlock se retiró un poco mientras miraba a Irene, intentando leer en ella sus verdaderas intenciones. Encontraba informaciones contradictorias. Sí que veía que estaba algo asustada, pero se notaba que estaba encantada con la situación. Era la primera vez que conseguía leer algo en ella, aunque no supo identificar el motivo.
-No necesito ninguna excusa para venir a visitar a mi... a Sherlock - respondió la cliente mirando directamente a John haciéndose la ofendida - Además, en mi dilatada vida profesional he aprendido a identificar lo que un hombre realmente necesita. No dudo de que mis servicios serán requeridos en breve...
-Srta. Adler, en esta casa sobran los comentarios de esa índole - zanjó Sherlock marcando las distancias - Si no es capaz de comportarse con respeto ante mi pareja y mis amigos le ruego que abandone la sala sin más dilación.
Irene estaba disfrutando, ¡qué hombre por Dios! Cuando tuvo que marcharse a América huyendo se fue prometiéndose que algún día volvería para hacerlo suyo. Pero le costó mucho tiempo volver a hacerse un nombre en el nuevo país y tuvo que relegar sus intereses a un segundo plano. Cuando recibió la noticia de que Sherlock estaba viviendo con una mujer no daba crédito. ¿Sherlock Holmes? ¿El Sherlock Holmes que ella conocía? Imposible. Solo ella era digna. Sin embargo, cuando investigó un poco acerca de Christine Pearl le surgieron dudas. Era una mujer que podía estar a su altura: inteligente, poderosa, hermosa, joven, de buena familia, y, lo más preocupante, desprendía la fuerza que se emana cuando eres una triunfadora en tu campo y tienes tu vida resuelta.
-Mmmm, me encanta cuando te pones tan remilgado - sonrió descaradamente Irene - No te preocupes, no haré nada que tú no me pidas... dos veces.
Y diciendo esto se levantó de la silla, cogió su abrigo y se dirigió hacia la puerta. Antes de abandonar la estancia se volvió para mirar directamente a Sherlock.
-Yo que tú le diría a tu hermano que está jugando con fuego. Tiene dos opciones, o me devuelve mi teléfono para que les dé lo que me piden, o me brinda protección y pone fin a las amenazas que me están llegando. Por respeto a ti no les he dicho el nombre de quien tiene acceso a la información que buscan, pero no voy a pagar yo sus platos rotos.
-Llama a Mycroft, Sherlock, y cuéntale lo que Irene está diciendo - interrumpió John, cansado de tanta pantomima.
-Hazlo Sherlock, y dale saludos de mi parte - concluyó Irene dando un sonoro portazo al salir.
Sherlock se acercó al escritorio que había colocado junto a la ventana para coger su móvil. Hizo un gesto con la mano para pedir silencio a sus compañeros.
-Dime hermanito, ¿se ha roto una tubería en tu encantador apartamento recién reformado? - respondió Mycroft a la llamada de teléfono. Sherlock le relató en un par de minutos lo que Irene le había contado.
-Entonces al final no pudiste evitar salvarla- dijo Mycroft con sorna. - Veo que el que tiene un problema eres tú, querido hermano. ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Dejarás a un lado tu idílica relación recién empezada para entregarte a la pasión con tu anterior conquista?- sugirió Mycroft, midiendo cada palabra para hacer el daño preciso. -Ahora que ya has conocido los placeres carnales entiendo que debe llamar mucho tu atención lo que Irene puede ofrecerte...
-Si me conocieses mínimamente, hermano, ya te habrías dado cuenta de que igual que la otra vez no caí en la tentación, ahora no tiene ni la más mínima posibilidad de llamar mi atención. Se trata de admiración, de inteligencia y de sentimientos, eso que tú llevas años empeñado en despreciar, para tu propia desgracia.
Mycroft sonrió amargamente, sabiendo que su hermano tenía razón. Pero él no había tenido la suerte de descubrir la experiencia de la que ahora Sherlock disfrutaba. Y Sherlock lo sabía, colocándose así a kilómetros de distancia de su hermano.
-Lo que dice la Srta. Adler es verdad- dijo Mycroft cambiando de tema radicalmente, para no reconocer su derrota ante su hermano pequeño. - Estamos recibiendo amenazas directas del gobierno croata por algo relacionado con cierto grupo terrorista, como tu... "ex" ha mencionado. Sin embargo no creo que llegue a más. Te recuerdo que tenemos un excelente Servicio Secreto en nuestra amada Inglaterra. Además, ¿de verdad crees que alguien puede involucrarme en esos asuntos de alguna forma? Me subestimas hermano, como siempre.
-¿Puedes ubicarla en algún sitio seguro mientras investigo un poco?- preguntó Sherlock.
-No hay nada que investigar hermano. Si prefieres otorgarle el beneficio de la duda dile a la Srta. Adler que se ponga en contacto conmigo y le daré indicaciones precisas...
Sherlock volvió al salón, donde se cortaba la tensión con un cuchillo. Se acercó a Christine despacio, escrutando sus pensamientos. Reparó rápidamente en que había un rastro de inseguridad en ella, por lo que, sin decir nada, puso sus manos en sus mejillas y le dio un suave pero largo beso. Christine, completamente abrumada, se relajó bajo la mirada que aquellos ojos verdes le brindaban. No hacían falta palabras, se comprendían a la perfección.
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Celos
FanfictionEsta es la continuación de Perdiendo el Control. La recién instaurada pareja que forman Sherlock y Christine, se verá irremediablemente afectada por los celos de ambos. Todo ello envuelto en otro complicado caso en el que Sherlock tendrá que lidiar...
