CAPÍTULO 1

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Leah bajó deprisa los escalones que daban al bar y entró. Estaba oscuro y lleno de bebedores que aprovechaban la hora del almuerzo para tomar un trago. No veía a Paul; no era lo suficientemente alta como para divisarlo entre las cabezas de hombres de negocios trajeados que tenía a su alrededor. Mientras se abría camino entre los clientes, sintió un estremecimiento. La idea de que la vieran allí, de que la reconocieran la aterraba. Por ello fue un alivio distinguir entre la multitud en el extremo opuesto del local la cabellera rubia de Paul. Paul, alto, sofisticado y atractivo, se puso de pie al verla aproximarse a él. Leah se sintió orgullosa.

- Llegas tarde – se quejó él.

- Lo siento, no pude escaparme antes –explicó ella jadeando, mientras se dejaba caer en el asiento y echaba otra ojeada al lugar, temerosa de encontrar alguna cara conocida.

- No sigas. Estás en otra parte de la ciudad.

Leah bajó la cabeza, escondiendo la cara ruborizada detrás de la melena rubia ceniza.

- ¡Ese hombre de allí me está mirando!

- La mayoría de los hombres miran a las mujeres bonitas... y tú eres exquisitamente bonita, mi amor – murmuró Paul en voz baja, adoptando un tono íntimo mientras le tomaba la mano-. Me fastidia ver que te miran todos cuando pasas.

- ¿De verdad? – preguntó ella asombrada por sus cumplidos.

- ¿Por qué no vamos a mi apartamento? – sonrió Paul dibujando el labio inferior con el dedo.

Leah se puso rígida.

- No puedo. Todavía no. Ya sabes cómo me siento – musitó. El miedo se había apoderado de ella.

Él cambió su expresión por un gesto frío y duro.

- Paul, por favor...

- Por lo que se ve, estás jugando conmigo mientras tu esposo está de viaje.

- Te amo – los ojos de ella se llenaron de tristeza y ansiedad.

- ¿Entonces cuándo vas a decirle que quieres divorciarte? – le exigió.

- Pronto. Estoy buscando el momento apropiado – Leah se había puesto pálida, y en los rasgos bonitos de su cara expresaba cierta tensión.

- Teniendo en cuenta que él solo duerme contigo una noche al mes, puedo esperar sentado aquí hasta el año que viene, según tú. Tal vez lo ames al desgraciado...

- ¿Y crees que es posible? Tú sabes bien que nuestro matrimonio no es como otros.

- ¿Y no quieren los periódicos aprovecharse de esa situación? – se rió Paul burlón.

- No me hace ninguna gracia, Paul.

- Bueno. Lo único que me tranquiliza es saber que si yo no soy tu amante, él tampoco lo es. Un verdadero misterio. Mírate. La esposa virgen después de cinco años. Y sin embargo a él rara vez no se le ve con una jovencita colgada del brazo.

Quizás sea un homosexual no declarado.

El estómago de ella se revolvió. Pensó que había sido una locura contarle a Paul la verdad sobre su matrimonio. No se trataba de que fuese a usarlo en su contra.

Le tenía verdadera confianza a Paul, pero se daba cuenta de que su confesión podía resultar peligrosa, si bien servía para calmar los celos de Paul hacia Nik.

- ¡No hables así de él! – se quejó Leah.

- ¿Acaso no estás cansada de él? No creo que jamás tengas la valentía de decirle que quieres ser libre nuevamente. Me parece que estoy perdiendo el tiempo contigo.

UN MATRIMONIO DIFERENTEWhere stories live. Discover now