Pasillos

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Estoy aterrorizado, demasiado asustado como para razonar un por qué o una razón para no caer en la locura. Me cansé de la computadora, producto del sueño. Por ahí es culpa del sueño y espero que sea su culpa porque sino, no tengo a nadie más para culpar y eso sería todavía más terrorífico que este momento.

En fin, me levanté de la computadora, me estiré y la apagué; apagué el velador y moví un poco la cabeza. En la oscuridad revisé mi celular por si ella me había mandando algún mensaje, al no ver ninguno lo guardé y con la última luz del celular, abrí la puerta.

Mi cuarto no esta tan lejos, les juro que esta más cerca de lo que podría estar cualquier cuarto del mundo pero por alguna razón estoy perdido. Lo sé, lo sé y sé que no sé quién esta leyendo esto; porque supongo que nadie lo va a leer ya que si estoy perdido, el celular también. Si es que sigo en mi casa, claro.

De la cocina a mi cuarto, hay un pasillo de aproximadamente tres metros hasta la puerta del mismo. El error que creo que fue mío es seguir en la oscuridad. Cuestión de simplemente cansancio o por así decirlo, pereza; no prendí el celular para iluminarme porque sé bien donde esta mi cuarto. Tantos años y años recorridos en los mismos tres metros que ahora se hacen imposibles.

Al atravesar ese pasillo, estaba ahí la puerta. ¡Les juro que estaba ahí!, pero cuando la crucé todavía seguía en un pasillo, ¿Cómo lo sabía?, simple, una cuestión de presión atmosférica. Es fácil distinguir entre un pasillo y un cuarto, los espacios son totalmente diferentes.

Miré para atrás e intenté volver a cruzar la puerta, pero la oscuridad me jugó una broma porque me golpeé contra una pared. No entendía, y no entiendo por qué esta eso ahí.

Otro error, seguir caminando sin prender el celular, por un falso coraje improbable o importante, decidí que por ahí era mi cansancio el que me estaba boludeando, así que seguí caminando.

Tres, seis, nueve, doce, quince, dieciocho, veintiuno, veinticinco y todavía seguía caminando. Era increíble que en serio no sabía dónde estaba parado. 

Por si no fuera mucho mi miedo, empecé a escuchar golpes a mis espaldas, podría decir “risas” pero a esas alturas no entendía ni quería entender, solo quería irme a dormir. 

Por ahí ese era el error, dormir. Por ahí esto, por ahí aquello y no entiendo de qué me sirve pensar como una ucronía. ¡Porque estaba desorientado!

Veintiocho, treinta y dos, treinta y siete, cuarenta. No sé por qué seguía contando los metros, por qué seguía caminando y no paraba, todavía el pasillo se extendía y extendía más y más. Imagínense estar en mi situación, el corazón se me sale por la boca.

Sin dejar de lado que las risas ahora se escuchan cerca, y parecen más llantos que risas.

Uhm, cuarenta y seis, cincuenta y dos, cincuenta y ocho y acá me pare, me cansé de caminar pero no tengo valor para iluminar. Escribo todo sin ver así que si tengo algún error, no me juzguen, porque los odio. Los odio mucho que tengo miedo, porque siguen llorando y riendo y ahora los escucho respirar cerca mío.

Sí me están siguiendo, basta.

Tengo miedo de iluminar porque los siento al lado mío. Creo que no me ven, espero que no me vean y no estén jugando conmigo, solo se ilumina un poco el bolsillo de mi buzo, pero no se nota, Dios bendiga que los buzos de ahora no dejan pasar luz jajajaja.

Oh, una puerta. Que graciosos que graciosos, ¿Por qué no se inventan algo nuevo?, no la voy a cruzar, no la voy a cruzar y no les voy a dar el gusto. Así que dejen de reír y dejen de molestarme porque tengo sueño y estoy asustado y les juro que si están leyendo esto, tengan cuidado.  

Qué me importa lo que quieran, o lo qué yo quiera pero voy a cruzar la puerta… oh por dios, es mi cuarto, puedo distinguir mi cama y mis muebles y el interruptor. 

Ahora sí, huyan porque prendí la luz y estoy a salvo en mi cuarto. No hay nadie ni nada a mi alrededor. Las risas y llantos y respiraciones calientes las sigo escuchando, sintiendo, pero supongo que es la paranoia de caminar tanto y no encontrar mi amada cama.

Genial, no sé cuando me quede dormido.  La luz esta apagada, pero no es mi cama. Se siente como si estuviera sentado y hubiera tenido la cabeza contra algo rígido. Estiro la mano y encuentro un interruptor, el velador de la computadora.

Mi celular esta con un mensaje de ella, “Buenas noches señorito, es hora de que duermas con ellos”. Así que me levanto, apago la computadora y el velador, oh hermosa oscuridad. Abro la puerta y me sacudo el pelo, ahora me toman la mano y me llevan hasta una puerta al final del pasillo. Estoy tranquilo, no tengo miedo porque la voy a cruzar y va a estar mi cuarto y no ese pasillo, ese pasillo oscuro, ese pasillo en el que me asuste, ese odioso pasillo en el que casi llegue a creer que me estaban siguiendo y que había llantos y risas. No me interesan, ni me atemorizan porque estoy en el pasillo, porque este no es mi cuarto y en realidad fui de ellos hace mucho tiempo. 

Un ultimo mensaje, ella. 
"Dormí bien~" y eso voy a hacer, preciosa. Porque me caigo al piso y siento como me arrastran hasta mi cama. Buenas noches, cariño. 

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