Sesión: #00436
Paciente: Gerard A. Way
Edad: 27 años
Diagnóstico: Trastorno por estrés postraumático (TEPT)
Y así comienza un nuevo día y con ello una nueva terapia.
Los tenues rayos del sol se cuelan entre la pequeña ventanilla que atraviesa la puerta de mi cuarto, indicando un nuevo amanecer y dando el puntapié inicial a la nueva jornada.
Me remuevo ligeramente volteándome en dirección contraria a la luz, buscando el bienestar y confort para retomar mis largas horas de sueño diarias, que a veces se ven interrumpidas por uno que otro grito proveniente del exterior o simplemente al insomnio que va y viene.
Aunque pude lograr mi cometido, este no fue por mucho tiempo...
Aún no pasan de las 8 AM y la puerta de mi habitación se abre de forma estrepitosa dejando ver al doctor Walsh que hace su ingreso magistral. Un hombre mayor, de unos 60 años, pelo cano y corto. Su piel ya presenta arrugas y manchas seniles por el pasar del tiempo. Su atuendo característico lo hace ver aún más mayor; un traje recto y formal de dos piezas, holgado y descuidado, la corbata a medio anudar rodeando el cuello de una camisa arrugada y algo desteñida, pero que logra cubrir a la perfección con su bata blanca. Esta última no hace más que encajar con el resto del lugar en el que he estado por casi 3 años; cuatro paredes pintadas de un tono lechoso y brillante, suelo y cielorraso del mismo tono. Lo único que no hace juego en el cuarto es una camilla cuya estructura es de metal y su somier rígido solo es posible ablandarlo con un colchón que, por cierto, no es de gran ayuda. Al costado izquierdo descansa un velador, también metálico, que sólo contiene una muda de ropa, y sí, también es blanca.
El anciano toma asiento en aquella silla que rodea mi cama por el lado derecho, demacrada y vieja, la misma que debió ser usada desde que este lugar fue fundado. El hombre desembolsa una pluma desde el bolsillo superior de su bata, da un leve suspiro intentando darse ánimos para empezar y repite la misma pregunta de cada una de sus visitas diarias
— ¿Sr. Way, como se siente? —
A decir verdad, me siento fatal, pero lamentablemente las palabras no logran salir de mi boca.
Por más que lo intente no me puedo expresar de la forma en que quisiera, ya que cada vez que lo intento, me paralizo o, por el contrario, desbordo en llanto recordando cada detalle de esa fatídica noche como si la viviera en este preciso momento, mi corazón se acelera, mi respiración se dificulta y las lágrimas humedecen mis mejillas intentando ahogar el sentimiento de culpa.
Tan pronto como intento responder a la interrogante médica, mi boca sólo atina a gesticular el comienzo de una palabra, pero sólo llega a eso. Mis manos comienzan a sudar y un temblor recorre mi cuerpo haciendo que mi respiración se sienta pesada cada vez más. Cierro mis ojos buscando una calma que jamás llega y que sólo acentúa mi estado actual. Entrecruzo mis extremidades superiores en una especie de abrazo propio y poco a poco me recuesto sobre mi lado derecho hasta recargarme por completo en la endurecida cama.
El facultativo sólo atina a soltar un bufido frente a mi actuar, toma nota rápidamente sobre la ficha clínica, llenando casi ¾ partes de ésta con la típica letra desordenada y descuidada. Al cabo de unos minutos, procede a realizar unos gestos hacia el exterior de la habitación, en donde esperaba atenta una joven y recién egresada enfermera, llamada Kristin, quien entra rápidamente al cuarto. El señor se levanta de su asiento de la misma forma ruidosa en que entró hace un par de minutos, hace un leve intercambio de palabras y le entrega el documento recién escrito. Posterior a ello, se retira sin más decir y con el ceño fruncido.
Lamentablemente, ésta es la realidad diaria a la que me enfrento y por desgracia, el Dr. Walsh es uno más del montón de médicos que vienen a tratarme, pero como no cumplo con sus expectativas de paciente perfecto, simplemente se van, dando por finalizada la sesión y con ello, mi terapia; la Dra. Keating, Pratt, Castillo, el Dr. Millstone, Gibbins y un par más que no logro recordar. Todos ellos renunciaron con una facilidad que me impresiona y que no logro entender, dejándome no sólo a mí a la deriva, sino también a un gran número de pacientes de este psiquiátrico, lo que se traduce en un retroceso en sus tratamientos, que por lo que he logrado saber, son mucho más complejos que el mío.
Entre tanto, la enfermera también abandonó mi cuarto, volviendo a los segundos con una pequeña bandeja metálica equipada de una jeringa cargada con un líquido transparente y un par de tórulas de algodón, algunas empapadas con alcohol. Una sonrisa nerviosa se modela en sus labios y se acerca a mi cuerpo inmóvil. Mi mente ya no logra conectarse a la realidad y rendido a lo que vendrá, sólo atino a cerrar mis ojos con fuerza esperando el momento en que aquella aguja penetre mi piel y su contenido haga efecto en el menor tiempo posible. La mujer descubre mi brazo que está por encima, con un movimiento rápido pincela la pálida piel con el suave algodón humedecido y sin previo aviso inyecta aquel fluido.
De cierta forma lo agradezco, es lo único que logra evadir los malos recuerdos que cada día me martirizan y me hacen recordar que la única persona a la que he amado con el alma ya no está conmigo y por desgracia, no volverá, ya que también abandonó este mundo.
Estar solo me hace pensar y reflexionar a cada instante sobre lo que fue mi vida antes de pisar un lugar como este y el enorme caos en el que me transformé; depresión, ansiedad, excesos de todo tipo, lo que fuera para lograr sobrevivir, evitar el dolor, la angustia y el vacío de su pérdida. Realmente lo extraño y sin quererlo, estuve a punto de volver junto a él, de no ser por mi hermano Mikey, que me encontró en una situación bastante nefasta en la habitación de mi apartamento universitario.
Mikey aunque sea mi hermano menor, se ha hecho cargo de mí y de todo lo que acarrea como un adulto. Desde la pérdida, mi estado empeoró y él asumió mi cuidado, aunque hacer eso le ocasionara problemas con mis padres, que sólo querían deshacerse de un hijo como yo, un tipo complicado, un estorbo, una traba en el camino y que les traería dificultades en sus tantos negocios.
Todo pasó tan rápido,
si hubiese sabido lo que pasaría,
simplemente no habría actuado de esa forma.
¿Por qué tuvo que ocurrir semejante desgracia?
¿Por qué me abandonaste?
¿Por qué, Frank?
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MUTE [Frerard]
Fanfiction¿Qué sería lo más adecuado? ¿Rendirse y dejar que este trastorno me consuma por completo o luchar con todas mis fuerzas y salir adelante como si nada? De todas formas, él jamás regresará... a menos que los muer...
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