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Capítulo 1:El Lobo de Ojos Azules

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El bosque olía a tierra mojada y a pino, ese aroma denso que anunciaba tormenta antes de que la primera gota cayera. Stiles caminaba entre los árboles con el celular pegado a la oreja, esquivando raíces que ya conocía de memoria después de tres semanas recorriendo el mismo sendero. A estas alturas, podría recorrer el camino con los ojos cerrados, lo cual era una habilidad inútil pero que de alguna manera lo hacía sentir orgulloso. No es que tuviera muchas cosas de las que sentirse orgulloso últimamente, más allá de no haberse vuelto loco encerrado en una cabaña en medio de la nada.

-¿Cómo está mi papá? -preguntó, apretando el paso. El cielo se veía gris y pesado como una losa, y aunque le gustaba la lluvia, el sonido que hacía sobre el techo, la manera en que lavaba el aire, ese día en particular no quería que el agua invadiera su hogar. Aún había goteras que debía reparar, y no tenía ganas de dormir escuchando el plic, plic constante sobre un balde. Ya bastante tenía con sus propios pensamientos dando vueltas en la cabeza como para sumarle una banda sonora de tortura acuática.

-Él está bien, lo veo tranquilo -contestó Scott al otro lado de la línea, y Stiles pudo imaginarlo perfectamente: sentado en el sofá de su casa, con ese tono de voz que usaba cuando quería sonar más calmado de lo que realmente estaba-. Aunque sigue preguntando por ti a la misma hora todos los días. Le doy largas y a veces le invento una pequeña historia sobre ti, con eso lo mantengo contento y ya no anda preocupado.

Stiles soltó una risa corta.

-¿Qué clase de historias? Porque si le dices que estoy viviendo una vida de lujo en un resort con jacuzzi y servicio a la habitación, te juro que cuando vuelva...

-No, no, tranquilo. Le digo que estás ayudando a unos amigos con un problema familiar en el norte, que estás bien, que comes bien... -Scott hizo una pausa que Stiles conocía demasiado bien-. Bueno, lo de comer bien tal vez sea una exageración.

-Oye, yo como bien -protestó Stiles, aunque ambos sabían que era mentira. Su dieta consistía principalmente en comida enlatada, galletas saladas y café, mucho café-. Tengo latas de atún, tengo... tengo esperanza.

-Esperanza no es un alimento, Stiles.

-No conoces a mi esperanza. Es muy nutritiva.

Scott se rió, ese sonido familiar que por un momento hizo que Stiles olvidara dónde estaba. Luego su voz se volvió más seria, más paternal incluso.

-Mi mamá se encarga de darle de comer toda la comida saludable que pueda y yo paso tiempo con él. Lo tenemos todo controlado.

Stiles sonrió al imaginar a su padre renegando por la comida, poniendo esa cara de indignación cada vez que Melissa le quitaba el plato de algo frito. "Pero Melissa, solo una empanada, ¿qué daño puede hacer una empanada?" Podía escucharlo perfectamente, con esa mezcla de dignidad herida y deseo genuino por algo grasiento. Lo extrañaba tanto que a veces sentía el pecho apretado con solo pensar en él. Y la culpa no ayudaba, porque era su culpa que estuviera ahí, escondido como un cobarde mientras su padre se preguntaba por qué su hijo no volvía a casa.

-Me alegra que todo esté bien.

-Sí, hermano, no debes preocuparte de nada.

-¿Aún no sabes nada de Theo? -preguntó el castaño, cambiando de tema hacia lo que de verdad le quitaba el sueño. Lo que le hacía despertar en medio de la noche con el corazón acelerado y las sábanas pegadas a la piel.

-No. Ese canalla no ha aparecido por acá -la voz de Scott se endureció apenas un poco, ese tono que Stiles conocía bien-. Así que mantente alerta, no vaya a ser que esté cerca de donde estás. Aunque no lo creo. Tú estás muy lejos de Beacon Hills.

En el bosque [ Sterek ]Histórias para pegar e não largar. Descubra agora