Miri ya estaba por irse. Metió todo en su valija, se vistió y cerró la puerta de su habitación. Bajó hasta donde estaban sus papás y despidió la casa. Cuando llegó al aeropuerto, se puso muy nerviosa porque le dan un poco de miedo los aviones, pero con la larga espera hasta embarcar se tranquilizó. Fue un viaje largo pero tranquilo; durmió, escuchó música y vió películas. Cuando llegó a Argentina, sintió el calor de verano que tanto le hacía falta, pero estaba un poco (para no decir muy) triste, porque había dejado su vida canadiense atrás.
Llegaron a su nueva casa a la madrugada. Miranda tenía mucho sueño, pero le ganaba el hambre. Necesitaba comer algo ya. Sus papás coincidieron, por lo que pidieron algo por delivery mientras que ella conocía la casa: era grande, con dos pisos como la que tenían en Canadá; su pieza daba a la calle, con muy linda vista. Dejó la valija y se acostó en un colchón a esperar que llegara la comida.
Al otro día, Miri se despertó al mediodía. Había descansado muy bien a pesar de tener solo un colchón. Se levantó y fue a la pieza de sus papás, pero no se habían despertado todavía; aprovechó para sacar las cosas de la valija y acomodar un poco, aunque la pieza no tenía ni muebles. Al poco tiempo escuchó que su mamá estaba despierta, la fue a saludar y juntas despertaron a Lucas. Decidieron almorzar y luego pasear por la ciudad, para que Miranda la conociera y aprovechara el último día de vacaciones.
Se hizo de noche y tuvieron que volver a la casa. A Miranda le encantó el paseo, y Victoria disfrutó volver a ver su ciudad. Miri había llevado útiles y carpetas que compró en Canadá, porque sabía que no iban a tener tiempo de comprar cuando llegaran a Argentina. Preparó lo poco que tenía para el otro día, y se acostó a dormir muy nerviosa por el comienzo a clases.
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Miranda Kennedy
Ficção AdolescenteMiri se adapta a un país nuevo, un colegio nuevo y personas nuevas. ¿Qué pasará?
