Capítulo 1

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Se podría decir que era feliz en aquél lugar, siempre encontraba personas geniales que estaban dispuestos a ser sus amigos, y él con gusto aceptaba, pero aún con toda la emoción, con todos los combates, amistades, victorias, derrotas, sentía que simplemente, estaba sólo.

¿Por qué?

Todas las personas a quienes había conocido eran buenos amigos, extraordinarios, pero ellos tenían algo que él no, tenían compañeros, aquellos que venían desde su hogar y pasaban todo el día juntos, ya que eran de su mismo universo, aquellos que tenían lazos tan unido que ninguna otra amistad podría reemplazar.

¿Y qué hay de él?

¡Por supuesto que las tenía! Pero no estaban ahí con él, jamás lo estarían, eso lo sabía con claridad, con la selección de personajes casi acabada, todas sus esperanzas fueron cayendo una por una, hasta que simplemente dejó de pensar en ello y esperar a que todo pasara y así volver a casa.

Pero no. Ahí estaba, deseando jamás irse de ese sitio nada más porque cayó enamorado a los pies de alguien, ¿Cómo pasó eso? Simplemente aquella persona empezó a hacer que sus sistemas se aceleraran cada vez que la veía, un día para otro, le sacaba suspiros al pensar de nuevo en aquella persona, y a veces hasta perdía la noción del tiempo por estar hablando con ella, ver su sonrisa todo el tiempo y nunca alejarse.

Pero eso no sucedería, jamás lo haría.

Como el robot estaba seguro de eso, simplemente iba todos los días a un campo de flores, todas de distintas clases y formas, algunas veces encontraba a la señorita Peach y hablaban un rato, de hecho, se podría decir que era su psicóloga en respecto a todo.

Como ahora.

―Entonces dime, ¿Ocurrió de nuevo? ―la princesa estaba sentada en una mesa del jardín junto al niño, estaba tomando té mientras que el robot tomaba un E-tank a la vez que asentía por la pregunta―. No puedes dejar que tu racha caiga así por él, ¿Sabes eso, verdad?

El robot asintió de nuevo.

―Sé lo que es estar enamorado, pero perder en un combate por él no es algo que debas hacer, podría resultar sospechoso y hasta podría llegar a enterarse.

El pequeño desvió su mirada de la rubia con pena, quien sólo suspiró.

―Un día de estos, sabrás que tienes la oportunidad de estar con él, pero aunque sea, por favor trata de ignorar eso en tus combates, es importante que sepas distinguir cuando suspirar por alguien, como yo y Mario, no importa cuanto nos queramos, en la arena no le tengo ninguna piedad ―Peach sonrió para darle ánimos a MegaMan, quien hizo lo mismo de vuelta―. Muy bien pequeño.

La monarca se levantó de su asiento, según el robot tenía entendido, ese día tenía una "pijamada" con sus demás amigas princesas, así que se despidió de ella con la mano, sonriendo, salió igualmente de su silla de un salto, y salió corriendo a lo profundo del campo de flores.

Peach lo miró irse con una sonrisa triste, sabía que ese pequeño niño era distinto del resto, además de ser un robot, la verdad es que ella era la única que parecía querer pasar tiempo con él, incluso se lo presentó a Rosalina, que pese a que lo trató igual que todos los demás niños, con amor y cariño, al final le dijo que cuidar a un robot era más difícil de lo que creía, aunque claro, seguía encantada con él, sin más, caminó fuera del jardín para ir a su habitación.

El niño sabía que su combate empezaba pronto, así que se en lugar de sentarse frente a todas las flores como normalmente hacía, tomó rápidamente las que les parecían más bonitas, y sacó un listón celeste de debajo de su casco y las ató todas en un hermoso ramo color arcoíris por las distintas flores, se levantó y corrió de nuevo hacia la mansión donde residían todos los luchadores.

Cruzó el vestíbulo, el comedor, y finalmente, los pasillos de las habitaciones, y entró la que tenía indicada su nombre.

Entró en la pieza, y buscó un jarrón de vidrio que había comprado hace tiempo, y lo colocó sobre su mesa de noche junto a su cama, en un lugar donde les diera sol a las flores, y antes de ponerlas ahí, llenó el jarrón con agua y finalmente pusó y acomodó el ramo allí, cuando pensó que finalmente había quedado bien, lo dejó en su lugar, y suspirando por el que pensó que era un gran trabajo, salió finalmente de su habitación para dirigirse a la arena y empezar su combate de todos contra todos, sabía que él estaría ahí, era su turno de combatir, y eso lo ponía ansioso.

―¡SEAN TODOS BIENVENIDOS A ESTE COMBATE! ―decía el jefe de la mansión, Master Hand, esperando a que la multitud se emocionara― ¡HOY SE ENFRENTARÁN CUATRO DE NUESTROS COMBATIENTES FAVORITOS! ¡DENLES UN FUERTE APLAUSO A... SONIC, ROBIN, ZELDA Y MEGAMAN! ―toda la multitud en las gradas soltó gritos de la emoción, mientras la mano colocaba las cinco vidas de cada jugadores para intentar ganar― ¡EL COMBATE EMPIEZA... AHORA!

Todos empezaron a atacar entre sí, el robot miraba a su alrededor, disparando mientras saltaba y esquivaba ataques de todo tipo, el spin dash de Sonic, los hechizos de Zelda, y los hechizos de Robin.

El robot sabía que no debía mirar directamente a la persona que le gustaba, a menos que quisiera una sobrecarga y un procesador acelerado, se dignó a solo atacar a todos con sus variados ataques que heredó de los enemigos en su mundo.

En algún punto, sólo le quedaba una vida, y al resto de sus oponentes igual, pero eso no impidió que todos se estuvieran esforzando para obtener la esfera que dejaría que uno de los combatientes disparara un poderoso ataque que lo enviaría lejos. Y así fue, pero él no la pudo tomar.

Zelda lo hizo.

El resplandor dorado de la trifuerza la rodeó, y con ello una sonda de magia atacó al resto de concursantes enviándoles fuera de la arena, cuando se dio cuenta, había perdido.

―¡GAME! 

Eso era lo último que escuchó antes de caer por aquél precipicio, pero el rayo que lo llevaba a las gradas jamás llegó, es más, lo último que sintió fue su cuerpo doliendo un montón por el impacto que tuvo contra el suelo.


Se levantó con dificultad, vio que su casco estaba roto ¿Cuánto tiempo había estado inconsciente? Miró al cielo, era de noche, era increíble, la noche era completamente clara, podía ver el hermoso resplandor de las estrellas y planetas, después vio a su alrededor, quitándose el casco, suspiró con pesadez, estaba en una especie de campo, había césped verde claro que estaba alto, lo suficiente como para que le llegara hasta las rodillas al robot, miró su casco una vez más, y decidió guardarlo haciendo que un cilindro de luz se lo llevara.

Bien, no sabía dónde estaba, ni por qué estaba ahí ¿Por qué no llegó el rayo de luz? ¿Qué hacía ahí?

A lo lejos, vio una colina con un árbol, quizás allí obtendría una mejor vista, intentó levantarse, pero al momento cayó por el dolor, al parecer, el impacto había hecho que su armadura se rompiera, dejando ver cableado y aceite salir de partes de su cuerpo como torso y piernas. Pero no debía darse por vencido, se levantó de nuevo, y luchando contra su dolor, dio un paso tembloroso, y luego otro, y otro.

Con dificultad, logró llegar al árbol, y apenas llegó, se desplomó ahí mismo respirando pesadamente y despacio por el dolor.

Veamos, su mapa no funcionaba, y su calendario tampoco, no sabía qué día era y tampoco sabía dónde estaba, quiso cerrar sus ojos, esperar a que alguien lo encontrara y seguir con su vida, pero tenía la sensación de que no sería tan fácil.

―¡¿Hay alguien aquí?! ―el pequeño abrió los ojos rápidamente, esa voz la conocía― ¡Por favor! ¡¿Alguien?!

―A-aquí... ―le costaba hablar, estaba muy dañado, el impacto afectó hasta su caja de voz― ¡A-aquí! ―dijo esta vez un poco más fuerte, levantando su brazo y lanzando un disparo para llamar la atención del individuo, pero no pudo más y colapsó ahí mismo― Sistemas en suspensión...

Lo bueno, es que la persona pudo ver su disparo y se acercaba a su dirección.


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