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Capítulo 1

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Martes por la mañana, me disponía a bajar por las escaleras para ir al instituto cuando me di cuenta de que me olvidé la goma de pelo, lo cual era un problema. Una melena larga en verano puede dar un calor sofocante si no la recoges con algo. Después de coger la goma y terminar de bajar me encontré con Deacon, mi novio, quien me esperaba como todas las mañanas para ir juntos a clase.

-¡Buenos días, Han!

-Buenos días, Deacky, ¿qué tal estás?

Y mientras me empezaba a contar otra bronca que tuvo con su hermana mayor yo intentaba acercarme a sus labios para darle un beso, pero sin éxito. Tuve que esperar a que él se agachara ante mí.

Durante el corto camino a las clases estuvimos hablando de un sueño extraño que tuve hace días, debatimos sobre cosas sin sentido y nos encontramos con parte de nuestro grupo de amigos; con quienes nos juntamos para llegar todos juntos a la puerta del patio.

Era un buen día de clase. Por suerte no teníamos matemáticas, la asignatura que menos me gusta; sin contar con que los martes tenemos clase de ordenadores, que nos ayuda a desconectar de primero de bachillerato durante una hora. Pero esa querida hora se vio interrumpida por el timbre del recinto, que sonó tres veces, indicando el simulacro de un incendio, lo cual era raro dado que este se iba a realizar dentro de meses.

Salió el director al patio con una mascarilla y anunció que todo el alumnado debía recoger sus cosas y marcharse a casa de forma inmediata, y así lo hicimos, yéndonos a casa al poco rato de poder volver a clase. No debimos ser los únicos en tener estas órdenes porque el colegio contiguo al nuestro estaba vacío antes incluso de que nosotros subiéramos a coger nuestras pertenencias.
De camino a casa empezamos a divagar sobre la repentina razón de mandar a todos a sus casas, pero no pudimos hacerlo durante mucho tiempo dado que no tardamos casi nada en llegar a mi portal, donde Deacon me dio un beso largo de despedida para irse a casa con su hermana pequeña.

Una vez en casa decidí ponerme algo cómodo así que me quité la ropa y me puse el pijama. Me dispuse a tumbarme en el sofá para ver una de mis series mientras esperaba a que mis padres volvieran del trabajo, lo que fue relativamente poco. Nada más terminar el primer capítulo vinieron mis padres en la misma situación: les mandaron a casa sin explicarles nada, con el pequeño cambio de que sus jefes les informaron de mantenerse atentos a las noticias de las doce de la mañana. 

Sobre las once y cuarto de la mañana comenzaron las noticias y a mitad de las mismas apareció el presidente dando un comunicado nacional: se había impuesto una cuarentena preventiva en todo el país por un brote de una nueva enfermedad, muy similar a la varicela pero con una tasa de contagio mucho mayor. Por el bien de todos, debíamos quedarnos en casa durante tres semanas mientras se investigaba cómo modificar la vacuna de la varicela para poder crear otra para este nuevo virus.

Nada más enterarme llamé a Deacon nerviosa. Nos veíamos todos los días porque íbamos a la misma clase y me iba a quedar sin verle durante tres semanas. Vi que ya me estaba llamando él antes de que yo pudiera coger el móvil.

-Cariño, ¿has visto las noticias? Sé que solo son tres semanas pero nunca hemos estado tanto tiempo sin vernos.

-Bueno, es lo que toca, a mí tampoco me gusta, pero mira el lado positivo, tenemos bastante tiempo para desconectar del insti y relajarnos, hacer lo que queramos.

-Será algo relajante para ti, Hannah, tú no tienes dos hermanas que te están molestando a todas horas con cualquier tontería. Esto va a ser un desmadre en casa.

-Tú no te preocupes, céntrate en tus cosas. Podrás practicar en el juego que te gustaba tanto para pasar el rato y podremos hacer videollamada siempre que quieras.

-Si tú lo dices... pero ahora me tengo que ir, que me ha pedido mi padre ayuda en la cocina. Te quiero, Han.

-Y yo a ti, cariño. Hablamos luego.

Mientras yo seguía viendo la tele mis padres preparaban la comida. Olía genial a verduras asadas, tanto que el olor me incitó a poner la mesa para poder comerlas cuanto antes. Una vez hecha la comida, nos pusimos a deglutir esa delicia como animales, aunque esa masacre verde se pausó con la pregunta de mi madre.

-¿Qué creéis que es?

-¿Qué es el qué, mamá?

-Pues qué va a ser, la enfermedad esa nueva. Dicen que es como la varicela, sin embargo, nos han metido a todos en casa en menos de lo que hemos tardado en acabar con la comida de hoy. Yo no creo que sea verdad lo que han dicho.

-Mira Sara, te da igual que sea verdad o no, de cualquier forma te vas a quedar en casa y eso no hay quien lo cambie. Como yo mismo escuché, el que salga durante la cuarentena sin una razón de peso como comprar comida o sacar a pasear a su perro, se llevará a casa una multa bien gorda.

-Mejor cállate, Ed, que no estoy de humor para que me vengas tocando las narices.

-Papá, mamá, ¿podéis dejar de discutir, por favor? Papá, tienes razón, pero no hace falta que prediques en voz alta. Sabemos perfectamente cuál es la situación y no nos hace gracia a nadie.

-Como sea. Hannah, recoge la mesa, tu madre y yo nos vamos a echar la siesta.

Tal vez no tenga hermanos como Deacon, pero eso no significa que vaya a tener tranquilidad asegurada durante estas tres semanas.

Terminé de recoger la mesa e hice lo propio como mis padres: irme a dormir un rato y reflexionar sobre lo que había pasado hoy.

RashDes histoires addictives. Découvrez maintenant