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Lloviznaba.
Las clases en la secundaria habían terminado, y Jungkook caminaba sobre el pavimento mojado con la vista al frente sin inmutarse por la posiblidad de que la lluvia se convirtiera en aguacero.
Sentía miedo, pero también alegría. Su corazón latía de forma diferente. Estaba enamorado por primera vez.
Se preguntaba cómo se acercaría a la joven recién llegada a su colegio, compitiendo con tantos galanes desenvueltos. Él era tímido e introvertido. ¡Pero soñó varias veces con chica! La imaginó y dibujó en su mente con la obstinada reiteración antes de conocerla que ahora, cuando al fin la había encontrado, no podía permanecer escondido detrás del pupitre viendo como los conquistadores naturales iban tras ella.
Fue entonces que mientras Hiba de regreso a su hogar, recordó lo que le aconsejó su madre esa mañana, después de confesarle su eterno amor por aquella joven.
•••
— ¿Alguna vez te platiqué la historia que escribió mi padre sobre un joven encarcelado injustamente?
— Creo que sí. Ya no me acuerdo bien.
— Era un buen muchacho que fue metido a una cárcel subterránea oscura, sucia, llena de personas enfermas y desalentados. Se llenó de amargura y deseos de venganza. Cuando el odio lo estaba corrompiendo, la hija del rey, visitó la prisión. El joven quedó impresionado por la belleza de esa mujer. La princesa, por su parte, se conmovió tanto por las infrahumanas condiciones de la cárcel que suplicó a su padre que sacara a esos hombres de ahí y les diera una vida más digna. El rey lo hizo, y el prisionero se enamoró perdidamente de la princesa. Entonces, motivado por el deseo de conquistarla, escapó de la cárcel y puso en marcha un plan extraordinario para superarse y acercarse a ella. Con el tiempo llegó a ser uno de los hombres más ricos e importantes del reino
— ¿Y al final conquistó a la princesa?
— No. Ella fue solo su inspiración. Un aliciente que lo hizo despertar.
— Qué lástima.
— El resultado fue bueno para él de todos modos. Haz lo mismo. Deja tu timidez. Aférrate a tu princesa.
•••
Jungkook se encontraba sentado en una banca del patio principal.
Cerró muy despacio su libreta y se irguió de repente sin poder creer lo que veían sus ojos.