Lily - Capítulo 1

15 1 0
                                        

Capítulo 1

Lily

Era una gran mentirosa, siempre lo había sido, no quería aceptar ante los demás mi verdad; la verdad que día con día acababa conmigo, porque eso significaría morir en vida. La verdad que podía destruir lo que más quiero.

Caminar por estos lares, no era yo.

En realidad, ni siquiera sabía lo que hacía aquí. O tal vez sí.

Alejarme de mis padres, eso era lo que hacía. Por fin existía una excusa de verdad, para irme de su casa. Nueva York. ¡Estoy en el maldito New York!, la ciudad de los rascacielos.

En mi cabeza solo se repetía la canción "Welcome to New York" de Taylor Swift. Mi cerebro la tarareaba una y otra vez, me sentía como protagonista de cualquier comedia romántica mala, llegando por primera vez a Nueva York, encandilada por todo lo nuevo de esta ciudad.

La universidad, eso es lo que hago aquí, me repetía a mí misma, tratando de convencerme de lo que hacía. A eso había venido a Nueva York. La universidad de Columbia...

Esperé mucho tiempo para esto, y ahora que ya estaba aquí, me parecía un error. Estar tan lejos de mis padres, mis hermanos y mi ciudad. Debí parecer una turista por aquí, observando toda la ciudad tan deslumbrada por su magnitud, pero ese día no me importaba parecer o no. Nadie me conocía. Quería ser libre.

Poco a poco mis pasos se acercaban más a la universidad, después de ver todas las magníficas luces de Nueva York a través de la ventana de mi avión y fueron aún más espectaculares cuando pude verlas detrás de la ventanilla del típico taxi neoyorquino promedio. Estaba viviendo una experiencia cliché y no me gustaba para nada.

Había llegado al condado de departamentos para estudiantes, por lo menos ahí no parecía una turista que no sabía cómo llegar a su hotel. Y aunque al parecer era de las pocas personas que aún faltaban por ingresar a su habitación, nadie me miraba con pena por ir cargando dos maletas gigantes, como lo hacían en allá afuera las personas que distraídas se encontraban con mi cuerpecillo y dos maletas monstruosas.

Sufrí un maldito martirio al tratar de subir las escaleras con las maletas, mi diminuto cuerpo se esforzaba por no quedar en ridículo y verme como una mujer debilucha dando hasta su último respiro con tal de subir sus maletas durante tres pisos hasta llegar a mi habitación. No tenía nada de especial, solo tenía una cama y tenía un lavabo en mi habitación. Cosa que puede parecer normal, pero un lavabo aquí era como encontrarte un millón de dólares tirados por ahí, o bueno, quizás estaba exagerando demasiado, pero creo que no odié mi habitación por completo.

Estaba totalmente agotada, el vuelo que tomé desde Minnesota hasta Nueva York se retrasó por siete jodidas horas, pero estaba sola en Nueva York, sin mis padres rondando por aquí, y quería una copa, o un tequila, o lo que sea que hubiera por allí. Al carajo mi vida en Minnesota.

Salí de la habitación y vi a más universitarios caminando por los pasillos, algunos aún, cargando cajas en las manos, o cajas de pizza barata para sobrevivir su primera noche. A pesar de que era agosto, en el aire había un clima frío, que rozaba contra mi cara, dejándome helada la punta de la nariz, mientras iba en busca de algún bar o algún restaurante pequeño. No tuve que caminar mucho, ya había visto un bar cerca de aquí. El lugar parecía bastante decente, no tenía una vibra de como si quisieran asesinarme. Como si fuera caperucita roja en un bosque lleno de lobos.

En la barra había un tipo bastante bien arreglado, iba vestido con una pulcra camisa de lino blanca y un pajarito en su cuello de color guinda y un ceñido chaleco negro bien planchado en conjunto con su pantalón. Definitivamente no parecía un lugar en el que podría morir en mi primera noche. Su vista se posó en mí al instante en el que me acerqué a la barra y de inmediato me ofreció un trago. Creo que era tequila porque me entregó unos limones y sal. No se lo quise negar, solo quería empezar con algo fuerte para no seguir, al fin y al cabo, era nueva aquí y podría terminar borracha en la esquina de una banqueta, y no iba a hacer eso.

El alcohol me quemaba la garganta, lo odiaba, pero no podía negar que hasta cierto punto me relajaba.

El chico me ofreció otro caballito de tequila, pero me negué. Él solo sonrió mientras asentía con la cabeza.

—Perdón por ofrecerte tequila de primera mano, pero es que ya sabes, eres joven y parecía que necesitabas un tequila ¿Quieres algo más? —preguntó el chico.

—No sé si voy a sonar muy estúpida con lo que voy a decir, pero... —traté de no verme como primeriza o como niña rica que no sabía qué tipo de alcohol tomar por primera vez— ¿Tienes vino tinto? —fue lo único que se me ocurrió decir para seguir tomando algo y no irme muy lejos de mis cinco sentidos. Advertí que el chico, que al parecer se llamaba Nathan, solo se rio con una sonrisa bastante carismática.

—No suenas como lo que acabas de decir, y contestando a tu pregunta. Sí, sí tenemos vino tinto. ¿Alguno en especial? — El chico sonrío con un aire de dulzura en sus ojos.

—Sorpréndeme, Nathan —le reté. Vi al chico asentir con una sonrisa juguetona, e irse a lo que parecía ser la cava del bar.

Nathan llegó con mi copa y me la acercó. Le agradecí con un gesto y él me lo devolvió con una sonrisa. El chico era agradable, parecía de mi edad, o tal vez un par de años más grande.

El vino era dulce, y amargo también. No era que supiera mucho de vinos, pero era muy bueno. Me encantó, Nathan había ganado con el vino de no sé qué marca y no sé de dónde, pero ganó.

El ambiente del restaurante era increíble, la música era lo mejor de ese lugar, tenían una muy buena selección de canciones y me fue imposible no mezclarme con toda la ciudad tras el ventanal mientras bebía de mi vino a pequeños sorbos, muy relajada y pensativa, viendo cómo las personas iban y venían, los coches en movimiento, todo en ese instante parecía irreal. Me quedé pensando en si mi padre podría algún día aceptar mi verdad, si mi madre me seguiría viendo en la forma tan cariñosa en la que me ve después de enterarse, si mis hermanos me seguirían viendo como un ejemplo.

Sumida en mis adentros, estaba terminando mi segunda copa de vino, tranquila. Pero eso cambiaría pronto.

—Hola —dijo una voz detrás de mí. Yo no lo sabía aún, pero eso cambiaría mi mundo entero. 

ERES EL AMOR DE MI VIDAStories to obsess over. Discover now