Ninguna lengua mortal podría pronunciarlo, pero generaciones enteras lo recordaron bajo un mismo nombre: Tharaniel. No nació como hombre ni fue moldeado como ángel; su origen yace en un cielo roto, donde las campanas callaron antes de tañer y las estrellas dejaron cenizas en vez de luz.
Arrancado por la serpiente de ocho cabezas, condenado tras tres apagones del firmamento, vaga como vestigio de algo que nunca debió existir. Su sombra pesa más que su carne, y sus ojos -dos abismos de azabache- no miran: devuelven la mirada. Quien los contempla descubre demasiado tarde que el vacío contempla de vuelta.
Ni trovadores lo cantan, ni profetas lo anuncian, ni herejes lo evocan. Su andar resquebraja la realidad, su silencio pesa más que cien epitafios, y su presencia no es maldad ni justicia: es inevitabilidad.
Tharaniel es la liturgia del hierro quebrado, el rito del fuego sin ceniza, la plegaria que nunca halla respuesta. No viene a gobernar; viene a ser recordatorio de que todo lo que respira es préstamo, y que un día deberá devolverse al horror.
Y cuando la Nada lo nombre, ese será el único día en que el universo entienda lo que significa el verdadero silencio.
- IscrittoSeptember 14, 2025
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Storie di Tharaniel
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