Red de mentiras

Por -SmokeGirl-

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Blue... un escritor trágico. Red... una chica marcada por la tragedia. Blue... haría lo que fuera por... Más

Sinopsis
Prólogo
Capítulo 1: La pesadilla
Capítulo 3:Espiritu adolescente
Capítulo 4: Proyecto de fin de curso
Capítulo 5: La carta misteriosa
Capítulo 6: Viaje por carretera
Capítulo 7: Esto no es Bates Motel
Capítulo 8: Las reglas del viaje
Capítulo 9: La teoría de América
Capítulo 10: ¿Dónde estas, Scarlet?
Capítulo 11: La tormenta perfecta
Capítulo 12: El secreto de sus ojos
Capítulo 13: Rojo escarlata
Capítulo 14: Canción de medianoche
Capítulo 15: El retrato de Blue Donovan
Capítulo 16: Las apariencias engañan
Capítulo 17: Cementerio de secretos
Capitulo 18: Alguien por quien morir
Capítulo 19: Escalofríos en las venas
Capítulo 20: Manchas de pintura
Capítulo 21: Doble o nada
Capítulo 22: No mates al mensajero
Capítulo 23: La misma historia de siempre
Capítulo 24: Código de murciélago
Capítulo 25: Las cosas que enterramos
Capítulo 26: Ella está recordando
Capítulo 27: Quienes somos y quienes seremos
Capítulo 28: Este es el color de mis sueños
Capítulo 29: Las tres hermanas
Capítulo 30: La Tempestad
Capítulo 31: Primero soñar, después morir
Capítulo 32: La conciencia despierta
Capítulo 33: Crónica de una muerte anunciada
Capítulo 34: Forma y vacío
Capítulo 35: El despertar de la conciencia
Capítulo 36: Historia de dos recuerdos
Capítulo 37: La lealtad de un King
Capítulo 38: El eslabón perdido
Capítulo 39: La oscura verdad de América Hamilton
Capítulo 40: De cara al diablo
Capítulo 41: La chica, el chico y la tragedia
Capítulo 42: Red y Blue
Epílogo

Capítulo 2: Azul esperanza

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Por -SmokeGirl-

La carta la había recibido en medio de un estado de completa falta de inspiración, se había encontrado frente al ordenador, sin saber como comenzar su trabajo. Y lo sentía, como arena deslizándose entre los dedos, era frustrante cuando uno tenia un bloqueo, y nunca había encontrado una solución para ello.

Se había pasado más de una hora así, frente a su ordenador, el resplandeciente cursos tintineando en la espera de que una palabra surja para formar una palabra, y luego una oración.

Pero nada había salido.

Estaba seco, ni siquiera había funcionado el mirar vídeos o escuchar música, muchos menos el de leer algo para que las ideas llegaran.

De repente, alguien había tocado el timbre de la puerta, y levantándose -con el pensamiento de que era su vecino, nuevamente- la había abierto de golpe. Esperando tener que discutir nuevamente, de todos los posibles compañeros de piso, justo le había tocado junto al baterista de una banda de rock. La suerte nunca había estado con el, Aiden Wild era la clase de persona que no te querrías cruzar.

Un alcohólico, mujeriego y amante de las relaciones de una noche, el solía hacer que todo el edificio estuviera despierto a tempranas horas de la madrugada cuando se le daba por organizar alguna fiesta.

Pero lo que se encontró no fue a Aiden, sino a un hombre pasado de años, con una camisa a cuadros y unos pantalones marrones.

Por un momento se cuestiono el quien era, hasta que este alzo su mano y en ella, sostenía un sobre blanco.

Le pareció extraño que aun se enviaran cartas, a pesar de todo se limito a tomarlo y cerrar la puerta cuando el hombre se fue. Ocasionalmente dejaba todo lo que recibía sobre la mesilla junto a la puerta, dado que siempre eran facturas o promociones, pero quizás fuera la caligrafía roja lo que llamara su atención, o el suave cosquillear que sintieron sus dedos al tocar el sobre, que fue lo que definió su destino.

Todo había llevado a que interrumpiera su intento fallido de ensayo, el cual tenía que entregar mañana, y se sentara en el sillón del apartamento, donde tomo la carta entre sus manos y el volteo, hasta dar con el reverso.

Al abrirla, no se encontró con cuentas, sino con un mensaje tan desgarrador como melancólico, parecía que quien lo hubiera escrito hubiera abierto su alma y plasmado las palabras con tal pasión como tristeza.

Una parte de el, no entendía como esas palabras, esas simples palabras, habían tocado una parte de el que creía dormida, y tampoco podía entender como se encontraba segundos después sentado en su mesa, con un bolígrafo en la mano y escribiendo una respuesta.

Quizás lo más sensato-o educado- habría sido no haber abierto la carta, o siquiera devolverla. Pero algo le había impulsado a no hacerlo, una parte de el, quería quedarse con esa carta.

Una parte de el quería conocer a esa chica.

Así que temblando de anticipación, la había enviado a la mañana siguiente, con una vaga esperanza de que fuera respondida y sin entender el porque de ello.

Había pasado ya una semana desde ese hecho, sus clases en la universidad le tomaron la mayor parte de su tiempo, al igual que su intento de tener algo de inspiración y la esperanza de que la chica respondiera.

No fue hasta el lunes que recibió una respuesta, ansioso había corrido hacia la puerta cuando el timbre sonó, y el cartero había vuelto a aparecer, entregándole un sobre azulado. Casi sonrió. Azul. Era irónico y sabio que era una especie de broma de la chica.

Una sonrisa se formo en su rostro, de pequeño solía creer que el azul era el color de la esperanza. Era tonto, lo sabia, pero no había podido evitar, como todo niño, tener sus propias creencias e ideas.

En cursiva volvió a leer el nombre, en una suave y femenina letra, Red.

Era satírica la forma en la que sus nombres se oponían, pero se complementaban de cierta forma.

No es que entendiera el porque estaba pensando en eso siquiera, no conocía a la chica. Eso fue lo que pensó mientras rabia la carta y descartaba la razón del porque una punzada de dolor se instalaba en su pecho al pensar en la idea de que nunca conocería a esa chica.

Sacudiendo su cabeza, leyó la carta, sin saber exactamente con lo que se encontraría.

Querido no-tan-desconocido Blue:

Gracias por responder a la carta, no esperaba que lo hicieras, y tampoco creo que seas acosador, al menos, no pareces serlo.

No te conozco, y no me conoces, aun así, encontraste las palabras que necesitaba, como si supieras exactamente lo que quería leer para hacerme sentir bien.

No entiendo el porque Scarlet no me contó donde estaba, es extraño, ya que ese había sido el apartamento con el cual había soñado por meses y estaba emocionada por el. No paraba de hablar de de su nueva independencia, de cómo lo decoraría e incluso me hizo pasar horas frente a un ordenador mientras veía que color le quedaría mejor a las paredes.

No parece tener sentido el que se haya ido.

Pero aun así, lo hizo, y ni siquiera aviso. Quizás eso es lo que más me molesta, el hecho de que Scarlet podría haberse contactado y no lo hizo.

Supongo que tendré que resignarme a esperar a que se ponga en contacto y que me diga donde esta.

Dejando de lado a Scarlet, tengo que decir que estamos frente a una desventaja, digo, tú sabes muchas cosas sobre mí -y mis problemas- mientras yo apenas se nada sobre ti.

Quizás que me cuentes algo de ti, me ayudaría a que no piense que eres un acosador, ¿no lo crees?

Puedes contarme sobre cualquier cosa, tu canción favorita o quizás su te gusta el arte. Lo dejo a tu elección.

Mientras tanto, tengo que arreglarme, mis padres tienen otra cena de negocios esta noche. Las odio.

¿No te molesta cuando todos fingen ser algo que no es? Siento como que simplemente quiero subirme a un ómnibus e irme lejos y así poder respirar.

¿Nunca te ha pasado? El querer poder comenzar de nuevo, en un lugar donde nadie te conozca, donde puedas ser tu, quien en verdad eres.

Sin expectativas.

Sin problemas.

Solo tú, tu verdadero tú.

Ya se lo que estas pensando, "Esta chica esta loca", podrás decirme que soy una soñadora, pero no soy la única.

Porque cuando te encuentras en la soledad, ¿No son los sueños imposibles los que nos mantienen con vida?

¿No es lo que nos ayuda a seguir adelante?

Con aprecio

Red

Blue termino de leer la carta y su vista quedo clavada en un punto neutro del apartamento. Se dio cuenta de cuan rápidamente había terminado al carta, prácticamente devorando las palabras.

Ningún pensamiento atravesó su mente mientras se encontraba absorto ene se punto, su mente estaba en blanco y el apartamento quedo sumido en un silencio ensordecedor.

No sabía quien era Red, ni siquiera sabia donde vivía. Lo único que sabia de ella era que tenia una hermana llamada Scarlet , que había vivido allí antes que el.

Sabía que no podía pedirle el teléfono, nadie le daría su número a un desconocido. E incluso, ¿por qué se lo pediría? No es como si fueran amigos o algo así.

El no creía en el destino, pero todo parecía haber sido perfectamente planificado para que el y Red se encontraran.

En las millones probabilidades que el mundo poseía, las millones de formas en las que dos personas se podían encontrar, las millones de formas en las que esa carta pudo haber llegado a otro remitente o que se haya perdido...había llegado a el.

A Blue.

¿Coincidencia? ¿Destino? ¿Suerte? No lo sabia, pero en lo mas profundo de sus pensamientos, aquellos que nunca son reconocidos y se encuentran entre las sombras de su mente, Blue admitía que le gustaba esa conexión.

Sea quien sea Red, no le importaba, le importaban las palabras que ambos compartían.

Blue se pregunto el porque le emocionaba tanto esa idea, el porque le emocionaba tanto recibir cartas de una desconocida.

No lo entendía.

No necesitaba hacerlo.

Su mirada se deslizo con cuidado hacia el cuaderno que tenia a unos metros de el, su vista volvió al papel y viceversa.

Levantándose camino hasta sentarse en el escritorio de madera y lo tomo entre sus manos, era de cuerdo, que se mantenía unido por una cinta.

Lo había comenzado a escribir cuando tenia 10 años, luego de la muerte de su mascota, su madre se lo había dado. Le había dicho que era la mejor forma de sacar lo que sentía, si no quería hacerlo con ella.

Abriéndolo, vacilo mientras tomaba el bolígrafo, solía escribir en el todos los días, de cosas vanas, como su día o sus proyectos. Era la primera vez después de mucho tiempo que volvía a escribir algo tan personal.

Apoyando el bolígrafo, este dejo una huella de tinta negra antes de comenzar a escribir.

"Cuando tenia seis años me di cuenta de esto: No existe la suerte, ni algo destinado por las estrellas...

Pero hoy... hoy me di cuenta de que a veces las cosas simplemente suceden por una razón, y así fue como la conocí"

***

Un golpe en la puerta le hizo alzar la cabeza de lo que estaba haciendo, Red se encontraba sentada en la cama, en una posición india, vestida con unos pantalones holgados y una camiseta que nunca vería la luz del sol.

Una lapicera colgaba de su oreja y un lápiz estaba siendo torturado entre sus dientes mientras intentaba concentrarse en sus apuntes sobre filosofía para su prueba final, la cual tendría dentro de unos días.

Estaba tan concentrada en ello que no se dio cuenta cuando la puerta se abrió y su madre apareció en el umbral. Solo alzo la vista cuando oyó una aclaración de garganta y decir que estaba sorprendida era poco, podía contar con los dedos las veces en las que su madre iba a su habitación, usualmente creía que vendría avisarle únicamente si había una invasión de zombies o un terremoto, aunque tenia sus dudas de su realmente lo haría, o dejaría que simplemente la mataran.

— ¿Estudias para la prueba? —preguntó esta, Red asintió, atónita-. Quería avisarte que la cena esta lista, tu padre tiene algo que decirte, así que apresúrate.

Dicho eso, salió de allí. Como si no pudiera soportar un momento más compartir espacio en un lugar tan reducido.

Lo único que Red pudo hacer es quedarse quieta, por un momento se pregunto si debía de bajar o pellizcarse, para comprobar si realmente su madre había estado allí o había sido su imaginación.

Suspiro, dándose cuenta de las tonterías que pasaban por su mente y aparto los libros a un lado. Tenia la cuadernola llena de notas y distintos colores de marcador, su amiga la había tomado y a pesar de que se había burlado de ello, Red podía recordar a la perfección las cosas gracias a esos colores.

Se levanto de la cama y sin darse cuenta, tropezó en su transcurso con una caja, cayendo al suelo con un ruido estrepitoso. Todo el contenido de la caja se disperso en el suelo de la habitación y Red agradeció a la alfombra que había suavizado su aterrizaje.

Aun así, maldijo mientras liberaba su pie de entre las cosas que se habían caído y se arrodillo para recoger lo que había tirado. Había estado empacando sus cosas desde un tiempo, solo algunas, las que no utilizaría hasta que se mudara al apartamento que compraría para ir a la universidad.

Como la ropa de invierno o los libros que su amiga solía regalarle en su cumpleaños.

Pero su mano se detuvo en el aire y la línea de pensamientos se corto cuando vio unos ojos devolverle la mirada. La imagen resaltaba entre los objetos y eso solo hizo que su corazón se detuviera.

Blake.

Reconocería sus ojos claros y la mirada risueña, el cabello rubio y el collar de plata en cualquier sitio.

Ahora recordaba el porque esa caja estaba allí, luego de la muerte de su hermana, sus padres habían decidido aislar todo lo relacionado con esta. Encubrirlo con una sabana, fingir que no había existido. Para algunas personas fingir que algo no había sucedido era la forma más fácil de sobrevivir al dolor.

Para Red no lo era, no podía simplemente ver como su hermana desaparecía entre recuerdos y frases inacabadas, no podía verla desaparecer para siempre.

Su vista se disperso por el desastre, bocetos, una caja musical, imágenes entre otras cosas, la quemazón en su pecho solo aumentaba por segundos. Empezó a sentir que se quedaba sin aire, como si estuviera por tener un ataque de pánico.

Todo su entorno empezó a verse borroso y tardo un poco en darse cuenta de que lagrimas se agolpaban debajo de sus ojos.

Con mano temblorosa comenzó a juntar todo, sin ver realmente, hasta que todo estaba de nuevo en su sitio.

Obligándose a respirar se tranquilizo, estaba salvo, se recordó. A salvo de esos recuerdos demasiado dolorosos para recordar, a salvo de ese pasado que su mente se había encargado tanto por bloquear.

Levantándose, salió de la habitación, si darse cuenta del sobre que había quedado fuera de la caja, un sobre con una fina letra cursiva.

Al bajar al comedor, Red no hizo contacto visual con nadie de su entorno y se limito a sentarse en una de las sillas sin hacer el menor ruido. Sus padres ni se percataron de su llegada, ya que mantenían una animada conversación entre ambos.

Sus padres le darían su nombre a la definición de "incordia".

Suspiro mientras tragaba una cucharada de puré, desde que Scarlet se había ido, la única manera en la que se había mantenido cuerda fue debido a que cada vez quedaba menos para poder irse lejos de sus padres y de todo el drama de "te odiamos por toda la eternidad".

Recordaba perfectamente cuando Scarlet decidió contarle que se iba, y le había prometido que siempre encontrarían el camino hacia la otra...y que se reunirían pronto.

Miro a sus padres, quizás debería de contarles que Scarlet se había mudado y que no sabía a donde, pero una parte de ella sentía reticencia por ello. Sus padres seguramente creyeran que mentía, o que había tramado un plan maquiavélico en el cual se deshacía de sus dos hermanas.

Y así ocupaba sus lugares, probablemente debería dejar de leer y ver Pretty Little Liars, eso seriamente estaba afectándola.

Su celular vibro y ella se insulto mentalmente por no haberlo puesto en silencio. Sus padres odiaban que los celulares sonaran en la mesa, más exactamente que "su" celular sonara en la mesa.

-Sabes lo que opino sobre los celulares en la mesa -dijo su madre, como leyéndole la mente-, debe ser su amiga, la de poca clase y gracia.

Red rodó los ojos y los puso en blanco.

-Tu padre tiene algo que decirte, así que si puedes despegar tu vista del celular, seria fascinante.

Suspirando miro a su padre, quien se había mantenido en silencio durante el discurso de su madre. No era sorprendente, su padre prefería pasar más tiempo trabajando que con su madre, lo que hacia que ella tuviera que soportarla.

- ¿Ya recordaras a Nathan cierto? -pregunto este, no parecía una pregunta.

Red se limito a asentir.

-Bueno, resulta que sus padres no quieren que vaya solo en su "viaje a la universidad" y como dado que tú y tu amiga tienen planeado ir, propuse que ustedes le acompañaran.

El sonido de un tenedor golpeando contra un plato fue lo único que interrumpió el silencio que residió en la sala, y este provino de Red, por si aun quedaba esa duda.

Sus ojos estaban muy abiertos-muy similar al plato, hay que admitir- y su boca literalmente abierta.

Intento negar efusivamente.

-Oh vamos -su madre intervino, la pregunta era cuando no lo hacia-. Es lo más cerca que tendrás a un chico nunca, y dado que personalmente preferiría que no sucedería esto debido a que la impresión que puedan dar tu extraña amiga y tu es vital para los negocios, dejo que tome esta decisión tu padre...porque por alguna extraña razón, confía en que no vayas a arruinar todo...de nuevo.

Red se quedo en silencio mirando su plato, el apetito se le había esfumado de golpe. Miro a su padre y se limito a asentir, antes de levantarse de la mesa, en su camino hacia las escaleras, les oyó discutir.

Se tiro sobre la cama y maldijo por tener esa familia, maldijo por no poder recordar el como todo había cambiado.

Recordó el mensaje en su móvil y lo saco:

Espero que estés estudiando

Recuerda que mañana es el partido

¡Yeah! ¿emocionada? Yo se que lo estas

-A

Casi se golpeo la frente al darse cuenta de que se había olvidado por completo del partido, usualmente los odiaba, y claro que no estaba emocionada, pero se lo había prometido a su mejor amigo.

América Hamilton era la chica que conocía desde que prácticamente el jardín de infantes, cuando le había defendido de un abusón que le había aplastado su alfajor de chocolate.

Pellirroja y con ojos claros, podía parecer la clásica belleza, de no ser porque el gustaba usar pantalones rotos, camisetas anchas y no menciones su enamoramiento por los comics y su afición a la fotografía.

De todas formas, mañana seria un día largo.

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