Padre:
No sé si llamarte padre, porque padre es quién cuida, protege, ama y todo aquello que tú no hiciste conmigo.
He sufrido tus ataques de ira desde que era muy pequeña. Solía creer que era un juego para ti, pero no lo era para mí. Me pasaba las noches enteras pensando en cómo decirte que ese juego no me gustaba, pero nunca lo hice porque creía que si eras feliz yo también lo sería. Yo pensaba en tu felicidad y a ti nunca te importó la mía. Nunca entendí por qué hacías eso y nunca lo voy a entender. Como tampoco entenderé por qué nunca le diste la tenencia a mi abuela. Oh, creo que ya lo sé, porque eres un bastardo.
No sé qué hiciste para enamorar a mi madre, pero ella fue inteligente al querer dejarte y también lo fue al suicidarse. Tú no tienes ni la mitad del coraje que ella tuvo. No la mereciste en absoluto. No mereces a nadie.
Estoy realmente feliz de ser completamente igual a mi madre, tanto en el aspecto como en la personalidad. Nunca me lo hubiera perdonado si fuera como tú.
Nunca hablé de lo que me hacías, sólo para protegerte a ti y porque me avergonzaba que mi padre no fuera como los demás. Siempre soné con que me llevaras a pasear, que me llevaras a las plazas, a tomar un helado, o simplemente que jugaras conmigo, me abrazaras, me digas un “te quiero”. Pero sin embargo, nunca hiciste algo así. Hacías todo lo contrario. Me insultabas, me pegabas y me prohibías salir de casa.
¿Recuerdas aquella carta que tuve que escribir en primaria, la cual titulé “el mejor papá del mundo”? Bien, no la escribí pensando en ti. La escribí pensando en alguien imaginario. Siempre que tenía que escribir algo sobre ti, mentía, imaginaba cómo sería mi papá ideal. Y siempre tenía que escribir sobre mi padre ya que todo el mundo sabía que mi madre no estaba viva.
Si mis maestras, profesoras, e incluso mis amigos, hubieran sabido lo que me hacías, todo sería tan diferente. Me debes muchas cosas, entre ellas la libertad. La violencia está penada por la ley, como lo descubrirás pronto, porque le conté todo a alguien y esa persona va a hacer la denuncia. Tomé fotos de mi misma para tener de prueba, porque ya no estaré aquí. Al fin cumplirás tu sueño de que muera, de no verme nunca más. Me libraré de ti como lo hizo mamá.
Sufrirás como yo sufrí por tu culpa.
Quiero que sepas toda la verdad porque ya no podrás golpearme por eso. Isabella me ha visitado varias veces en tu ausencia. Ella me regaló el hermoso vestido blanco que tú odias. Ella y Nick. Nick es el chico que estaba sentado junto a mí cuando volví de Springrace. Nick es mi novio. Es la única persona que me hacía olvidar las atrocidades que tú me hacías. Él también vino a casa en una oportunidad para que le dé clases de matemáticas.
En la escuela estaba entre los mejores promedios, aunque no tenía el apoyo de nadie para lograrlo. Y sí, la escuela fue algo bueno en mi vida, me enseñó a pensar y a darme cuenta de que no puedo callar por siempre.
A partir de hoy todo el mundo sabrá lo que me hiciste. Isabella y Nick nunca te perdonarán por ello. Y no los subestimes, son mucho más inteligentes y valerosos que tú. No descasarán hasta verte en la cárcel.
Los amo a ambos. Aunque no sabes lo que eso significa porque tú nunca has amado a nadie más que a ti.
Pero ahora estarás tranquilo sin mí, si es que tus compañeros de celda te permiten estarlo.
Si crees que estoy siendo vengativa con la persona que me dio la comida y el techo donde he vivido todos estos años, sí, lo estoy siendo. Estoy vengando todos los golpes que tuvo que soportar mi cuerpo, todas las horas de sueño perdidas por estar llorando, toda la plata gastada en maquillaje para ocultar los golpes, toda la felicidad que nunca tuve, toda mi infancia y adolescencia… Toda mi vida.
Juro que he intentado quererte, pero es difícil querer a alguien que deposita en ti toda su furia repetidas veces durante años.
Los niños suelen jugar a las escondidas. Yo también lo jugaba, pero no me escondía yo, escondía lo que vivía contigo, escondía la tristeza, el dolor, el odio que tenía cada vez que me golpeabas, el miedo de que lo hicieras otra vez. Me volví una persona opaca, nadie podía ver mi interior, nadie. Me volví fría, temía demostrar mis sentimientos. Me volví cobarde, corría cada vez que alguien hablaba del maltrato o quería abrazarme. Me volví una persona que no soy. Me convertiste en una persona que no soy.
Nunca contradecía tu palabra, siempre te daba la razón. Pero ya no, a mis diecisiete años voy a expresarte por primera vez mis pensamientos. Creo que eres un cobarde que no merece la vida que tuvo, mereces morir en la cárcel. Y como tú no mereces tu vida, yo no merezco la mía. Es por eso que he decidido ponerle fin. Mi vida ha terminado en el preciso instante en el que termines de leer esta carta.
Sólo te agradezco una cosa, haber conocido a mamá y haberme dado tu ADN.
Que tengas la vida que mereces.
No es una despedida temporaria, es un hasta nunca.
Anne.