Secreto Styles #LarryStylinson

By Caramelou_

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Anne y Jay son muy buenas amigas desde la infancia, ambas crecían una al lado de la otra; por motivos, Anne y... More

Secreto Styles #LarryStylinson
Prólogo
Nota De La Autora
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27
Capítulo 28
Capítulo 29
Capítulo 30
Capítulo 31
Capitulo 32
Capítulo 33
Capítulo 34
Capítulo 35
Capítulo 36
Capítulo 37
Capítulo 38
Capítulo 39
Capítulo 40
Capítulo 41
Capítulo 42
Capítulo 43
Capítulo 44
Capítulo 45
Capítulo 46
Capítulo 47
Capítulo 48
Capítulo 49
Capítulo 51
Capítulo 52
Epílogo
Agradecimientos

Capítulo 50

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By Caramelou_

Louis llegó del entrenamiento a las cinco de la tarde.

Había sido un periodo de tiempo largo y agotador, pero finalmente se encontraba en su casa.

En cuanto se estacionó en su lugar del jardín se bajó, puso la alarma y se encaminó rápidamente hacia la puerta. No sabía porque, pero tenía una terrible ansiedad de adentrarse de una vez por todas a esa casa de cuatro paredes. La sensación lo había carcomido como una polilla a la madera apenas el rizado se había desvanecido de su campo de visión.

No le daba ni una pizca de vergüenza admitir que en todo el entrenamiento estuvo pensando en él. Sus ojos verdes observándolo siempre con amor, sus labios rojos y llenos sonriéndole cada que lo veía, sus manos suaves y buenas en todo momento, sus sonrojos llenándolo de seguridad para decirle más cursilerías u obscenidades... Se había metido tanto en sus cavilaciones que todos lo voltearon a ver cuándo el entrenador le tocaba el silbato y el no atendía al llamado. El mismo admitía que su desempeño en esa tarde no había sido el mejor. Pero no era su culpa, era culpa de la llameante sensación que le hormigueaba en el pecho, haciéndolo volver una y otra vez a la misma persona: Harry.

Exhaló con alivio en cuanto llegó a la puerta. Había sido un muy largo camino que tuvo que recorrer para finalmente estar frente a la madera pulida y brillante de su casa. Iba a sacar su llave, pero decidió tocar solo para que su hermoso rizado le abriera la puerta con una sonrisa estampando su rostro.

Tras escasos segundos de haber golpeado dos veces con los nudillos, apareció frente a él Ángela.

¿Por qué no le había abierto Harry?

—Hola, Ángela —Saludo con toda la amabilidad que pudo tener en ese momento. Solo quería entrar y ver a su novio—. ¿Y Harry? ¿Está durmiendo?

—Eh... no jovencito. De hecho, creí que venía con usted —Miró detrás del castaño confirmando que el oji-verde no veía detrás de él.

—¿Cómo? —El palpitar de su corazón se intensificó dentro de su pecho—. ¿No ha llegado?

—No. —Su ceño estaba levemente fruncido. Se notaba preocupada también pero rápidamente sus facciones se relajaron—. Tal vez se quedó haciendo tarea en casa de su amiga que siempre viene...

Louis no se relajó ni un ápice. Podía sentir su corazón bombeando a toda velocidad todavía. Y lo seguiría haciendo hasta que confirmara que Harry estaba en casa de Ashley.

—Sí, tienes razón... tal vez está ahí. —Aunque sería extraño que no me hubiese avisado, siempre me avisa pensó para sí mientras sacaba su teléfono.

Marcó al número del rizado y esperó a que contestara. No lo hizo. Marcó nuevamente. Tampoco contestó. Una vez más. Tampoco.

Ya estaba a punto de llamarle por vigésima vez cuando la voz de Ángela lo distrajo.

—¿No sería más conveniente que le llamara a su amiga? Tal vez el celular del joven Harry se descargó o algo...

Louis asintió y marcó al número de la castaña. Para su fortuna, contestó al segundo tono.

—¿Diga?

—Ashley —Su voz había sonado como si hubiera estado conteniendo el aliento—. ¿Está Harry en tu casa?

—No —La confusión se hizo evidente en su voz—. No, no está. ¿No ha llegado a tu casa? ¿No que siempre se van juntos?

—No, bueno... hoy tuve entrenamiento de último momento y él se regresó caminando pero acabo de llegar y no está. Entonces creí que tal vez estaba en tu casa pero por lo visto... —Suspiró agobiado—. ¿No sabes si planeaba ir a casa de alguien más? ¿No les dejaron algún proyecto o algo en equipo...?

—No, bueno... no que yo sepa. Puede que esté en casa de Zayn o de Kenneth... Déjame mandarle un mensaje a ambos y te digo.

—Bien. Gracias Ashley.

—De nada. —Y colgó. Intentó ignorar lo preocupada que había sonado la voz de la castaña en las últimas líneas. En serio, lo intentó.

—¿Qué te dijo? —Preguntó al instante la regordeta rubia frente a él.

—Que no está en su casa... pero que le preguntaría a sus demás amigos... —Un terrible sabor amargo le inundo la boca—. Discúlpame —Dijo antes de subir corriendo las escaleras, dejando a la pobre señora pensando también al querubín de ojos verdes de la familia.

Llegó a la habitación del rizado por ser la más cercana y se inclinó sobre el inodoro del baño. Estuvo ahí unos segundos esperando porque el horrible sabor y las repentinas arcadas regresaran y estuviera listo para expulsar toda la bilis. La repentina angustia que lo había atacado le había revuelto el estómago lo suficiente como para aguardarse unos minutos más. Hubiera seguido allí, perdido entre su malestar y sus temerosos pensamientos sino fuera porque su teléfono comenzó a sonar. Se levantó rápidamente y atendió.

—¿Qué te dijeron? —Preguntó al instante que vio que la que le llamaba era Ashley. A través del rumor de la línea, escuchó como tragaba saliva.

—Que no... Kenneth me dijo que no estaba en su casa y Zayn me dijo que tampoco, pero que lo había invitado a ir hace más de dos horas...

—¿Qué? —Ahora sí que sentía ganas de vomitar—. ¿C-cómo que...?

—Me dijo que lo había invitado para conversar y que Harry le respondió que iba en camino. Al ver que pasó una hora y no llegó pensó que tal vez ya no había querido ir y se había ido para tu casa...

—¿Y no le mandó un mensaje avisándole a donde iría o algo?

—Dice que no. —Dio un largo suspiro cargado de frustración—. Ya le mande como cien mensajes preguntándole en donde esta y no contesta. También le marque y nada...

—Sí, yo también lo estuve intentando...

—Louis, Harry me dijo que lo han estado molestando...

—¿Hablas de las fotografías?

—Sí, y también me dijo que ha sentido que lo han estado siguiendo desde que se fue de mi casa aquella vez... —Su voz se había vuelto un hilito apenas terminó la frase.

—¿A qué quieres llegar, Ashley? —Preguntó con brusquedad y con el miedo palpitándole en el pecho. Sentía que su corazón se iba a salir de lo agitado que estaba—. No me digas algo que no he supuesto yo antes...

—Maldita sea —Masculló la castaña y comenzó a hablar alteradamente—. Mira, tal vez estamos exagerando y está bien... tal vez está en el parque o no lo sé... —Su voz sonaba desesperada por intentar convencerlo cuando en realidad quería convencerse a ella misma.

Guardo silencio. Jamás se imaginó sintiendo algo así en su vida... como si hubiesen drenado todo el aire de la habitación y lo hubieran dejado boqueando, intentando respirar por algo que ya no se encontraba su disposición. La desesperación y la angustia revolviéndolo como un remolino abrasador, haciendo que las sensaciones se hicieran más profundas y que a él se le acabara la esperanza de poder hacer algo por sobrevivir.

—Tal vez estamos exagerando... —Escuchó en un sigiloso tono de voz. Una repentina furia estalló dentro de él.

—¡No estamos exagerando! ¡Yo no estoy exagerando! ¡¿Eres consciente de que Harry podría estar en manos de algún maldito haciéndole daño?! ¡¿Eres consciente de lo desesperado y atemorizado que ha de estar?! ¡Y TÚ DICIENDO QUE ESTAMOS EXAGERANDO! —Aventó el teléfono a la pared en un ataque de furia. Sentía su mandíbula apretada y los dientes le dolían de tanta presión.

Se acercó a la pared con desespero y, cargado de una ira que no sabía de donde había salido, comenzó a golpear de puñetazos la pared con todas sus fuerzas. El dolor que sentía en los nudillos y la sangre manchando su piel y la pared no lo detuvieron. Su enfado iba en incrementó al pensar en su pálido y rizado novio, con su rostro contraído por el miedo y las lágrimas al sentir como algún desgraciado le hacía daño... Pensó en ese maldito, se lo imagino frente a él y golpeo con todas sus fuerzas y siguió golpeando mientras se desenvolvía en gritos y gruñidos de frustración e impotencia. Continuó desquitándose contra la pared hasta que los ruidos salientes de su boca no fueron más que sollozos y balbuceos lastimeros.

Se volteó y se dejó caer con espalda pegada a la dura barrera. Las lágrimas le salían como agua a grifo abierto y sus manos descansaban a su lado hechas puños mientras no paraba de sollozar.

¿Dónde estás, Harry?

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Harry despertó en medio de la más profunda oscuridad.

Le dolía la cabeza y soltó un jadeo al intentar moverse: todo su cuerpo le dolía horriblemente. Intentó hacerlo otra vez pero con más cuidado y no pudo evitar contener la respiración al darse cuenta de que estaba atado. Estaba aturdido y confundido, con el dolor recorriéndole en toda su anatomía y, al encontrase inmovilizado, no pudo evitar intentar zafarse con la desesperación y el miedo creciéndole en el pecho.

Parpadeó varias veces con la esperanza de acostumbrarse a la falta de luz y ver algo, pero donde quiera que estaba cada rincón se encontraba invadido por la más tremenda oscuridad. Se dio cuenta de que estaba sentado en una silla, y tenía las manos atenazadas por el respaldo y los tobillos amarrados a las patas.

El miedo lo inundo por dentro y le heló la sangre. No estaba pasando eso, no estaba pasando eso, no estaba pasando eso... Se repetía una y otra vez para distraerse de la evidente situación: lo tenían secuestrado.

Infinidades de veces se había puesto a pensar en las víctimas de secuestro y que haría él para salir vivo de un caso como ese. En su mente se imaginaba el poder desatarse si lo anudaban a una silla. Se imaginaba que los nudos no serían lo suficientemente apretados para impedirle el movimiento. También pensaba en que podría evadir a su secuestrador con un fuerte golpe en la cabeza.

Sin embargo, la realidad era muy, pero muy diferente que la imaginación. Los nudos que ataban sus muñecas estaban demasiado fuertes. De hecho, sentía las manos dormidas y suponía que era por la falta de circulación sanguínea. Los tobillos los tenía igual. Además, estaba temblando como si estuviera desnudo en medio de la nieve y en su estómago habitaba una horrible sensación de pánico, desespero y miedo que lo hacía sentirse blandito. Había comenzado a llorar sin darse cuenta y el dolor en su cabeza no disminuía y, viviendo la situación en forma tan real, no podía evitar pensar en que si alguien venia y comenzaba a herirlo no se opondría ni lo más mínimo por el temor de ser lastimado de forma peor. Estaba seguro que nunca en su vida se había sentido tan vulnerable y aterrado.

Ni siquiera cuando sus padres murieron.

A sus incontrolables lágrimas se le unieron unos débiles sollozos, apenas audibles. No quería hacer ruido. Temía de hacerlo. Temía de que si se descontrolaba en un llanto lleno de lamentos la persona que lo secuestro vendría y lo golpearía hasta hacerlo callar. Y si algo sabía bien, es que debía mantenerse con energía y fuerza hasta el último momento, con la esperanza de algún descuido de su secuestrador y poder escapar de donde quiera que lo tuviera.

Aun así, continuó llorando y sollozando en bajito, lamentándose con los sollozos sacudiéndole el pecho.

—S-si i tan solo le hubiera hecho caso a Louis... —Una nueva ola de lágrimas lo inundó ferozmente—. Si tan solo... oh Dios —Se le quebró la voz—. L-louis debe estar buscándom-me. Debe estar muy preocupado y todo es mi culpa —El corazón se le estrujo de solo pensar en su novio.

Se quedó callado unos segundos mientras seguía sollozando. Le dolía terriblemente el solo pensamiento de Louis preocupado, nervioso de no encontrarlo en ningún lugar. Le dolía el hecho de que estuviera desesperado y lastimado por no saber de él. Tal vez no estaría tan preocupado sino fuera porque todos los acontecimientos pasados lo llevaban a pensar en una sola cosa. Sintió una terrible punzada al recordar a su Louis en la escuela, rogándole con la mirada que no se fuera y pidiéndoselo en voz alta también.

—Oh Louis... —Continuó lamentándose—. Si te hubiera escuchado. Estabas tan preocupado de que me fuera y aun así seguí insistiendo... —Sorbió de su nariz haciendo una pequeña pausa antes de seguir hablando—. Si tan solo hubiera hecho caso a tu advertencia, si tan solo te hubiera esperado hasta que terminaras, si tan solo no hubiera sido tan testarudo y terco... seguramente ahora estaría contigo y nada de esto tendría que pasar...

—Yo no diría que esto no tendría que pasar. De una u otra forma estarías aquí, Harry. Incluso si hubieras hecho cada una de las cosas que dices, yo hubiera encontrado la manera de traerte aquí y atarte a esa silla.

Se quedó totalmente quieto apenas escuchó la voz ajena. Sus lloriqueos y sollozos habían cesado también, como si estuvieras escuchando una canción y de pronto le pusieras pausa. Aun así, el temblor de su cuerpo no fue capaz de controlarlo.

Un silencio sepulcral los inundó apenas el hombre terminó de hablar. Aun se mantenía quieto y en silencio. No estaba para nada dispuesto a hacer algún ruido ahora que sabía que ese desconocido hombre lo había estado oyendo en todo ese tiempo.

—No tengas miedo de hablar —Su voz se dejó escuchar nuevamente en el lugar—. Es más, quiero que conversemos hasta que llegue el momento de terminar todo este lio.

—¿T-erminar todo este lio? —Había jurado decir eso en sus pensamientos hasta que escuchó el sonido de asentimiento del hombre.

—Si. Ahora, ¿Por qué no hablamos de otra cosa?

—¿Por qué esta tan oscuro aquí? —Preguntó en un hilito de voz.

—¿Y encender las luces y dejar que me veas? Quiero que sea una sorpresa hasta que el momento llegue.

Y si el desconocido hombre no hubiera dicho nada, quizá él nunca se hubiera acordado.

Había estado tan sumido en la contusión de la situación y en sus lamentos dolorosos que no se había puesto a pensar en los segundos de consciencia que le quedaron antes de caer en el profundo sueño. No se había puesto a pensar en lo terrorífica que era la situación hasta ese momento. Es decir, ¿Cómo era posible siquiera que el hombre con el que su madre había engañado a su padre lo tuviera secuestrado? La sola idea le causaría a cualquiera una carcajada y una mirada de pena por quien se lo haya dicho.

Pero ahí estaba, amarrado a una silla en medio de la oscuridad escuchando al mismo hombre de las fotografías.

Ahora que lo pensaba, ni siquiera sabía cómo es que lo había reconocido. De lo que recordaba antes de perder la consciencia, ni siquiera se había notado en sus características físicas. Solo había logrado encontrar un parecido en sus facciones y, justo cuando la imagen de ese hombre se creaba en su mente siendo más joven, como en la fotografía, fue que cayó en un túnel de oscuridad.

—Te quedaste muy callado. ¿En qué piensas?

—Yo sé quién es usted —Soltó en un repentino ataque de valentía—. No sé cómo se llama, pero lo he visto. Sé quién es.

Casi podía ver al extraño hombre frunciendo el ceño.

—¿Lo sabes? —El rizado se encogió en la silla al notar el sutil tono de desafío en su voz—. Bien, entonces dime en donde me has visto.

—En las fotografías...

—¿Qué fotografías? ¿Acaso Johanna sigue guardando fotos mías en su casa? —El tono de burla junto con la pregunta lo confundieron ¿Por qué Jay tendría que tener fotos de ese hombre? Decidió ignorar eso y responderle.

—En las fotografías de mi madre. —El silencio que lo inundó le dio la valentía suficiente para seguir hablando—. Mi madre con usted cerca de un lago, en el bosque, en un restau... —Iba a seguir hablando si no fuese porque las luces del lugar se encendieron todas al mismo tiempo, haciendo que callara y cerrase los ojos ante la deslumbrante luz blanca.

—Veo que ya sabes sobre tu mamá y yo entonces —Escuchó su voz nuevamente pero no lo vio. Aún tenía cerrados los ojos—. Es decir, incluso un idiota se hubiera dado cuenta de que fuimos amantes después de ver esas fotos.

Finalmente pudo abrir los ojos y ver con claridad.

Evidentemente, se encontraba atado a una silla de la misma forma en que se había imaginado. Miró a su alrededor al instante. Estaba en una habitación común y corriente. A su lado derecho había una cama con las sabanas bien alisadas, una pequeña mesita de noche al otro lado de esta. Encima de la mesa, descansaba una sencilla lámpara de noche. Las paredes estaban pintadas de un azul oscuro y las cortinas hacían juego con ellas. Era un dormitorio bastante decente para una persona que no lo era.

Entonces sus ojos se fijaron en lo que realmente quería ver.

El hombre que le había estado hablando estaba de espaldas a él, con un pantalón de mezclilla y una camisa a cuadros holgada y desaliñada. Sus cabellos eran castaño oscuro y levemente ondulados en las puntas.

—Como sea —El hombre se mostró ante él—. Has arruinado la sorpresa.

En cuanto Harry lo vio, no dudo en que era el hombre las fotos. Sus facciones eran idénticas, simplemente que ahora estaban acompañadas de algunas arrugas y marcas de expresión. Tenía los labios gruesos y sus ojos azules lo miraban con cierta curiosidad.

—Eres idéntico a Anne —Soltó de pronto acercándose a él. Sus ojos seguían incómodamente clavados en su rostro—. Tienes sus mismos ojos.

El rizado intentó hacerse hacia atrás lo más que podía al ver al hombre acercándose más de lo que hubiera deseado a él. Casi podía sentir su aliento en el rostro.

—Si —Dijo mirando sus ojos a escasos centímetros—. Idénticos a los de tu madre. —Para fortuna de Harry, se enderezó alejándose de él. Lo continuó inspeccionando—. Pero veo que no te pareces mucho a Des. —Soltó una carcajada—. Después de todo, quien se parecería a un cadáver incinerado.

Harry lo miró con enojo. ¿Cómo se atrevía a burlarse de algo así? Para empezar, ¿Cómo sabía lo que le había pasado a su padre? ¿Sabría también que su madre estaba igual de muerta?

—¿Cómo sabes lo que les paso? —Le preguntó entre dientes.

—¿Qué si como se lo que le paso? —Se encogió de hombros—. Boston no es muy grande. Fácilmente pude leer el periódico o ver las noticias.

Harry frunció el ceño.

—¿Vives en Boston?

—Vivía. Pero las circunstancias me trajeron nuevamente a américa a terminar lo que tengo que terminar. —Al decir eso, lo miró de pies a cabeza con desprecio. Harry sintió el enojo fluyendo dentro de él.

—¿Qué es lo que quieres? —Lo miró a los ojos buscando que clavara su mirada en él—. ¿Por qué me tienes aquí?

—No sé por qué no me habías preguntado antes, a decir verdad —Jaló una silla de un rincón y se sentó frente a él—. Se ve que eres un muchacho inteligente. ¿Tienes alguna idea?

—Pues... al principio creí que me utilizarías para llegar a mi mamá de nuevo pero, a menos que quieras estar con sus restos incinerados, no creo que esa sea la causa.

—Ese sarcasmo definitivamente no es de ti, ¿o sí? —Lo miró con más profundidad—. El tiempo que estuve con tu madre no dejo ver a una mujer sarcástica, ni creo que lo haya sido. ¿Y Des? Menos. Si fue tan ingenuo para no darse cuenta de que su esposa lo engañaba, no creo que lo haya sido para usar el sarcasmo.

El oji-verde lo miro con odio. ¿Qué ganaba ese maldito con hablar así de su papá?

—Vamos, dime. ¿De dónde sacas ese sarcasmo?

Automáticamente pensó en Louis, pero no dijo nada.

—¿De Louis, no es cierto? —Se congeló al escucharlo. ¿Cómo sabía de Jay y ahora de Louis? Era cierto que tenía que haberlo investigado, ¿pero acaso lo hizo lo suficiente como para saber los clásicos comportamientos de su novio? —. Sí, de Louis definitivamente.

Las dudas comenzaban a atacarlo. La incertidumbre lo carcomía cruelmente y exigía respuestas. La sensación de querer saber, junto con la furia acumulada de la situación y de cómo ese imbécil habló de su padre, lo llevó al límite. No contuvo su tono de voz cuando comenzó a interrogar al hombre frente a él.

—¡¿Cómo sabes siquiera que Louis es así?! ¡¿Cómo sabes que vivo en casa de Jay?! ¡¿Desde cuándo estas planeando hacer esto?!

—¡Desde que me quitaste a Anne, maldito desgraciado! —El hombre se levantó repentinamente y no vio venir la fuerte cachetada que le estampó en la mejilla izquierda—. ¡Todo lo que estoy haciendo es tu culpa y todo lo que haré será tuya también!

—¡Estás loco! —Soltó sin medir sus palabras y se arrepintió al sentir otra cachetada en el mismo lugar. Sentía un dolor hormigueante y ardiente traspasando toda la zona de piel que fue abofeteada. Las lágrimas habían comenzado a surgir de sus ojos nuevamente. A pesar del dolor y el llanto, continuó hablando—. ¿Cómo puedes decir que esto es mi culpa?

—¡Porque lo es!

—¡Pues discúlpame pero no tengo ni jodida idea de porque sería mi culpa que me secuestrara un imbécil como tú!

El hombre se acercó rápidamente a él de nuevo. Harry cerró los ojos al ver venir la fuerte cachetada pero, al no sentirla, abrió los ojos lentamente viendo como aquel sujeto mantenía su puño apretado y lo miraba con odio puro, como si él fuese la causa de todas sus desgracias. Se atrevió a hablar otra vez, siendo consciente de las consecuencias que podría conllevar abrir su boca.

—¿Por qué es mi culpa, eh? —Soltó en un tono más bajo, con evidente cansancio por toda la situación.

Su secuestrador también relajó las facciones, pero la mirada asesina con la que lo seguía analizando se mantenía viva. Más viva que nunca, en realidad.

—Te voy a contar una historia, Harry. —Tomó asiento nuevamente en la silla frente a él—. Una historia de amor.

Hubiera rodado los ojos sino fuera porque de hacerlo, podría ganarse un buen golpe.

—Verás —Se aclaró la garganta dramáticamente—. Yo conocí a tu madre en su trabajo. Trabajaba en un despacho jurídico en el centro de Nueva York. Yo acababa de llegar de Londres por asuntos de trabajo y tenía que quedarme un tiempo a vivir ahí. Fui a donde trabajaba tu mamá porque necesitaba sacar una hoja de permiso temporal para quedarme en el estado. En fin, fui y cuando la secretaria me llamó, no podía creerme que la mismísima Anne Cox estaba parada frente a mí. Con los mismos ojos verdes que tienes tu mirándome con sorpresa —Frunció el ceño al decir lo último.

—¿Con sorpresa? —Arrugó el entrecejo—. ¿Ya la conocías de antes?

—No en profundidad, pero sí. Solo te diré que cuando la conocí no fueron buenos tiempos y nada terminó bien. Así que me fui del país. —Se encogió de hombros—. El chiste es que la invite a tomar un café para disculparme sobre lo sucedido en el pasado.

—¿Qué sucedió? —Preguntó con la curiosidad picándole en la garganta—. ¿Y por qué te fuiste del país?

—Eso lo sabrás y juzgaras más adelante. Por ahora, es un buen niño y confórmate con lo que te estoy relatando. —Harry no asintió, solo lo miró y esa fue la señal para que siguiera hablando—. Después de ese café comenzamos a frecuentarnos más. Siempre que la veía, le llevaba un ramo de flores o algún otro presente.

—Puedes ahorrarte los detalles. Ve al grano.

—Oh no, por supuesto que no. ¿Qué clase de historia seria si no te la cuento con todo y detalles? —Suspiró. No se le antojaba escuchar las formas en como ese imbécil sedujo a su madre llevándola a engañar a su papá.

—Bueno, como decía, siempre buscaba llevarle algo hermoso. Cosas hermosas para una mujer hermosa. —Miró al oji-verde buscando un atisbo de enojo en su mirada y, al no encontrarlo, se decidió a seguirlo provocando—. ¿Sabes, Harry? Anne era muy débil. Ni siquiera había pasado un mes cuando ya estaba cayendo en mis encantos. Y, cuando la empecé a seducir de verdad, se dejó por completo. No una cachetada, no una grosería, nada para defender el hecho de que no le seria infiel a su marido. Al contrario, apenas le solté todo lo que sentía por ella y lo arrepentido que me sentía por el pasado, se tiró en mis brazos y me besó. Me beso con la desesperación de una mujer a la que su esposo ya no le satisface más. —Dijo con burla al ver como el rizado comenzaba a enojarse. Sonrió ampliamente ante eso.

—Y bueno, ya sabes lo que paso después. Comenzamos a salir en secreto mientras ella llevaba un "matrimonio" perfecto a los ojos de los demás. Se excusaba de trabajar horas extras y el estúpido de Des le creía porque estaba ocupado en su trabajo. Eso fue el primer mes. Después, tu madre renunció. Renunció solo para estar conmigo ¿Cómo ves? —El rizado solo lo miraba y se imaginaba las miles de maneras en que podría matarlo si salía de ese embrollo. ¿Qué ganaba con decirle todo aquello? —. Yo solo le propuse la idea y ella aceptó gustosa. Yo tenía muy buenos ingresos y, el dinero que ganaba en el despacho, se lo daba para que Des no sospechara nada y siguiera creyendo que su inocente esposa iba a trabajar. Continuamos saliendo y todo iba de maravilla. Las fotografías que nos tomamos lo decían todo. Una pareja llena de amor y felicidad.

Mientras el sujeto hablaba, él se puso a pensar que si el diablo viniera y le propusiera liberarlo a cambio de su alma, no se lo pensaría dos veces. Daría todo por desaparecer esas malditas cuerdas y saltar encima de ese asqueroso hombre y reventarle la cara a puñetazos hasta que sus propios nudillos sangraran.

Estaba tan sumergido en sus pensamientos que no se dio cuenta de que el hombre ya no estaba frente a él. Se asustó por un momento al no saber en dónde estaba, pero se relajó visiblemente al verlo entrar en la habitación. En sus manos, una cámara fotográfica. El hombre la miraba con adoración mientras la acariciaba como si fuera un perrito.

—Esta preciosidad fue la responsable de capturar varios de nuestros mejores momentos juntos. —Mientras hablaba, su mirada no se despegó del artefacto—. Amaba tanto a Anne que todas las fotografías que nos sacamos, se las regalé. No me quede con ninguna. Todas, absolutamente todas se las di junto con mi afecto y amor. Amaba tanto a esa mujer que, el 11 de mayo de aquel año le pedí matrimonio. —Harry pasó saliva con dificultad. ¿Qué había hecho qué?—. Estábamos tan felices y enamorados que no dudo en aceptar. —Hizo una pequeña pausa—. Después de que terminamos de cenar, nos fuimos a un hotel a fundirnos en completo amor por primera vez. ¿Sabes lo bella que era tu madre, Harry? Con ropa era una mujer cautivamente y extremadamente atractiva pero sin ella, Dios. —El rizado había cerrado los ojos. No quería imaginarse nada, pero su mente lo hacía automáticamente y las imágenes lo dañaban en lo más profundo de su ser.

Estaba llorando, otra vez. De hecho, había comenzado a hacerlo apenas el hombre dijo que su mamá había aceptado al compromiso sin dudar. ¿Acaso su madre no había pensado en las consecuencias de ello? ¿No había pensado en su padre, en Gemma? ¿No había pensado en su familia? El pecho se le oprimía de solo pensar la respuesta. No, seguramente no.

De igual forma, si su madre había aceptado casarse con ese imbécil que tenía enfrente, ¿Por qué no lo había hecho al final? ¿Qué le impido contraer nupcias con ese hombre? ¿Qué fue la causa de su ruptura?

A pesar del dolor de que le provocaban las amargas palabras de ese sujeto, necesitaba que siguiera hablando y le revelara toda la historia. Necesitaba escuchar que su madre, al final de cuentas, había decidido quedarse con su familia. Que había decidido quedarse por su padre, por Gemma. Por él, aunque todavía no existiera siquiera.

—Mientras le hacía el amor, me dijo las 10 palabras que nunca olvide —Se sorprendió al escuchar como al hombre se le quebraba la voz. Levantó la vista para comprobar que efectivamente estaba llorando—. "Te amo, y nada ni nadie podrá alejarme de ti". Y le creí. ¡Le creí maldita sea, le creí! —Se levantó enfurecido y arrojó la silla donde estaba sentado contra la pared que estaba detrás de él. Soltó un jadeo al escuchar como esta se rompía a sus espaldas. Abrió los ojos solo para ver como su secuestrador lo observaba con odio y repugnancia. Por primera vez desde que comenzó a hablar con él, sintió miedo. Mucho, mucho miedo.

Lo siguió mirando por más tiempo del que hubiera sido necesario. Harry no podía dejar de temblar bajo sus enfurecidos orbes.

—Y todo parecía de maravilla —Continuó en un tono nostálgico pero con un cierto dejo de burla demencial que le puso los bellos de punta—. Todo parecía color de rosa hasta que un mes después me dijo algo que me dejo paralizado...

—Estoy embarazada —Anunció la pelinegra mirándolo a los ojos.

—¿Qué? —El color se le había esfumado del rostro. Estaba tan pálido como una hoja de papel—. ¿C-cómo que embarazada? ¿No te tomaste las pastillas?

—No, lo olvide... —Dio un largo suspiro—. Lo olvide por completo. Estábamos tan cómodos besándonos que...

—¿Y qué? No me habría molestado dejarte unos minutos para que te tomaras la maldita pastilla —Le respondió con el agobio creciendo dentro de sí. Se pasó las manos por el pelo mirando de un lado a otro con preocupación—. Para empezar, ¿Cómo sabes que lo estás?

—El periodo me debía llegar una semana después de que nos acostamos. Y yo soy muy regular. Al principio me dije que tal vez solo era un retraso, pero llego la otra semana y ya no me sentía tan segura. Así que compre una prueba de embarazo y sí, lo estoy.

—Puede que no lo estés —Dijo resignándose a la idea—. El 50% de las veces esas pruebas fallan...

—No soy idiota. —Abrió su bolsa de mano y extrajo tres pruebas de embarazo positivas—. Lo estoy, estoy esperando un hijo tuyo.

—¡Claro que no! ¡No puedes estar embarazada!

—Amor —Dijo la oji-verde suavemente, con su voz cargada de comprensión—. Sé que tal vez no estás preparado para un hijo, pero veras que juntos saldremos adelante y...

—¡No! —Se exaltó mientras hablaba—. ¡Yo nunca voy a estar preparado para un hijo! ¡Nunca lo estuve y nunca lo estaré!

—Escucha, sé que tu último matrimonio no fue lo que esperabas, pero este no tiene que ser igual. Veras que aprenderás a amar y a cuidar a nuestro hijo y...

—¡NO! —La tomó bruscamente de los hombros y la empezó a zarandear con alteración—. ¡Lo que le pasó a mi último matrimonio fue culpa de un hijo! ¡Todo se acabó apenas nacieron esas escuinclas y después ese otro malcriado! —La tomó de la muñeca con fuerza. Anne lo miró con el miedo plasmado en su rostro—. ¡Y no dejaré que un hijo arruine nuestro próximo matrimonio! —La arrastró consigo hacia la puerta—. En este momento iremos a una clínica y pediremos cita para que te saquen esa cosa...

Anne se soltó de su agarre con una fuerza que no supo de donde salió.

—¡¿Acaso estas demente?! —Lo empujó cuando intentó tomarla otra vez—. ¡Es mi hijo también! ¡Es mi bebé! —Las lágrimas amenazaban con desbordarse de sus iris verdes—. ¿No te emociona la idea de tener un hijo conmigo? ¿Acaso no te alegra el imaginar a un pequeño como producto de nuestro amor? —Para ese momento no pudo resistir más. Las lágrimas se le escurrían de las mejillas a cantaros.

—¿Quieres oír la verdad? —La pelinegra asintió—. No, Anne. No me alegra ni me emociona el traer otro hijo al mundo. En lo que a mi concierne, lo que tienes ahí adentro no es más que una desgracia. Un error.

Una mano fue a dar a su rostro en cuanto terminó de decir aquello. No iba a negar nada de lo que había dicho. Todo lo que sus labios habían pronunciado era verdad.

—Eres un monstruo —Sollozó con las lágrimas brillando bajo las luces de la habitación donde estaban—. No sé cómo me pude enamorar de ti.

La mirada del oji-azul se ablandó al verla en esas condiciones.

—Escucha, Anne —Se sentó en la cama e hizo un ademan para que la mencionada hiciera lo mismo—. Yo te amo como no tienes una idea. Haría cualquier cosa por ti. Todo, menos esto ¿y sabes por qué? Porque los hijos arruinan el matrimonio. Te apuesto que en cuanto nazca esa cosa, no me prestaras la misma atención que me prestas ahora...

La pelinegra se había quedado embelesada mirando un punto en la habitación. Sus ojos se veían vacíos, tristes. Miserables. Mientras sus ojos seguían perdidos en algún rincón, se preguntaba innumerables veces como había sido capaz de decirle "te amo" a un hombre como él. O más bien, ¿Cómo había sido capaz de caer en su juego sucio de seducción aun sabiendo cómo había sido en el pasado?

¿Cómo se había dejado engatusar por un hombre que decía esas cosas sobre su propio hijo?

Lamentablemente cuando volvió, era justamente el tiempo en que las cosas no iban muy bien con su marido. Él se la pasaba hundido en su trabajo y ella en cuidar a su pequeña hija y en ir a trabajar. En la noche se sentía exhausta y su esposo también. Ni siquiera hablaban. Solo se daban un casto beso de buenas noches y apagaban la luz. Eso era todo.

Pero después llegó él, con sus palabras encantadoras y cualidades que describirían al hombre perfecto, llevándole flores a cada uno de sus encuentros y dejándole siempre en claro lo mucho que le había gustado desde la primera vez que la vio. Le dolía extremadamente que todo hubiera sido una farsa. Una charlatanería solo para lograr seducirla y obtener lo que quería.

Una farsa desde el principio. Ese hombre que estaba a su lado ahora no era más que un recordatorio de lo tonta que había sido al dejarse llevar por su montón de verbo y por poner en peligro su matrimonio. Un recordatorio de que pudo haber cometido el peor error de su vida.

—Los hijos no arruinan el matrimonio —Espetó aun mirando a un punto vacío—. Si lo hicieran, Des me hubiera dejado en cuanto tuvimos a Gemma. —Se volvió hacia él mirándolo a los ojos con desprecio—. No puedo creer que arriesgue lo mejor de mi vida por ti. No puedo creer que casi lo estropeo por completo.

Tragó saliva con dificultad ¿Qué estaba diciendo?

—Anne...

—Ya lo tenía todo planeado —Confesó con desprecio a sí misma—. Iba a pedirle el divorcio a Des hoy mismo, después de hablar contigo. Creí que te ibas a alegrar... creí que te emocionarías como yo me emocione y creí que te pondrías más feliz al escuchar que Gemma vendría con nosotros también. —Hizo una pausa para sorber de su nariz y limpiarse las lágrimas con decisión—. Todo esto fue un error, desde el principio. Tú no debiste intentar nada y yo no debí hacerte caso. —Lo miró a los ojos con seriedad—. Discúlpame, pero no pienso casarme con un hombre como tú.

—Pero Anne yo te amo... —La tomó de la mano con fuerza al ver que se levantó.

—Des también. Y él siempre fue un buen padre. Lo es, al igual que es un buen hombre. —Suspiró—. No se merece nada de esto que le hice. —Hizo una pausa—. Y, para que sepas, voy a tener este bebé. Quiero tenerlo y no me importa que no te hagas responsable, lo sacaremos adelante Des y yo. —Dicho eso, se soltó de su mano y se encaminó hacia la puerta.

—¡Já! —Exclamó con burla, pero unas lágrimas le adornaban el rostro—. ¿Y cómo le explicaras a Des que ese hijo es suyo, eh? ¿Crees que va a querer mantener a un mocoso que ni sus genes tiene?

—Oh, por eso no hay problema —Abrió la puerta y, antes de salir, le escupió las siguientes palabras sin una pizca de arrepentimiento—. Nos acostamos nueve días después de que me acostara contigo.

—Y con eso dicho salió de la habitación —Dijo con la ira creciendo cada vez más y más dentro de su pecho. Despreciaba intensamente al rizado frente a él—. Dejándome solo, haciéndome sentir miserable, decepcionado e impotente. ¡ARRUINADO! —Sus dedos se apretaron a la cámara al punto que los nudillos se le pusieran blancos—. Ella me había prometido que no dejaría que nada ni nadie nos separara... —Lo miró con desprecio—. Pero tú... luego tú llegaste... ¡Y LO ARRUINASTE TODO! —Hizo una pausa mientras se pasaba las manos por el cabello, tirándolo con fuerza—. Pude haber sido feliz con tu madre... pero tú no nos dejaste. Todo fue tu culpa. ¡TODO SIGUE SIENDO TU MALDITA CULPA!

Y mientras desquitaba su enojo a gritos, Harry estaba desbordándose en un mar de lágrimas incontrolables. No, no, no, no se decía una y otra vez dentro de su mente. No puede ser cierto, se dijo, no puede ser cierto. Lo ha inventado. Me niego a creerlo... Pero una parte de sí mismo le decía que ese hombre tenía razón. Y esa parte le hacía doler el pecho horrible, como si lo estuvieran presionando con algo pesado y caliente. Respiraba con dificultad y sentía que en cualquier momento se iba a desmayar ante tal información. Y lo deseaba, lo deseaba terriblemente.

Entre lloriqueos, alcanzó a decir en débiles líneas:

—P-por es-o siempre lo ha-blabas por Des... —Sus lágrimas le nublaban la vista—. P-por eso... Porque t-tú...

—Así es, Harry —Lo cortó al instante—. Yo soy tu padre.

Tras decir eso, le dio un fuerte golpe en la cabeza con la cámara que aún tenía en las manos para después salir de la habitación.

Nunca se había sentido tan feliz de haberse desmayado.

--------------------

Louis se había quedado dormido media hora después.

Al principio se quedó llorando y maldiciendo en débiles susurros contra la pared, pero el agotamiento se deslizó rápidamente por sus hombros, creando un peso insoportable. Entonces se dirigió a la cama en sus cuatro extremidades y, apenas tocó el mullido colchón, se durmió con las lágrimas haciendo su último descenso hasta la barbilla.

No soñó nada. No escuchó nada.

Era como si tras las repentinas noticias su mente hubiera creado una habitación de cuatro paredes blancas, encerrándolo y no dejándolo salir a divagar para que no pudiera hacer más que dormir.

Se despertó dos horas después. La oscuridad del exterior colándose por las ventanas.

Sentía los parpados pesados y la existencia miserable. Apenas había vuelto del sueño se le habían metido los últimos sucesos a la cabeza, recordándole lo terrible que era todo. No hizo nada. Solo se quedó ahí acostado, mirando al techo con los ojos emanando el quebranto de su alma.

No paraba de preguntarse dónde estaba Harry. Qué es lo que había pasado y por qué a él.

Su corazón dolía, su cabeza dolía, todo su cuerpo dolía. Se sentía triste, frustrado y con miedo. Pero sobre todo, se sentía culpable.

Esa misma tarde antes de que su rizado agarrara camino, él había estado sintiendo una constante presión en el pecho. Profunda y hormigueante, que le hacía recorrer una descarga eléctrica de la cabeza a los dedos de sus pies. Sabía de esa sensación. Era la misma que se apodera de tu cuerpo al sentir que estas en peligro. Una especie de alarma del sexto sentido. Él sentía en cada rincón de sí que algo iba a pasar, pero sin embargo no dijo nada.

Lo había dejado ir y de la manera más fácil. Pudo haber insistido un poco más, pudo haberse arriesgado a salir del equipo, pero no lo hizo. No lo hizo. Y ahora lamentaba terriblemente no haber actuado en el momento.

Se pasó las manos por el rostro. Las costras de las lágrimas secas se deshicieron bajo sus dedos.

Suspiró rendido. No quería pensar más, no quería estar en esa realidad. Solo quería dormirse y que al despertar el oji-verde lo atacara a besos, lo abrazara y le repitiera al oído que todo estaba bien, que nada había pasado, que todo había sido un mal sueño.

Así que lo hizo.

Cerró los ojos dispuesto a quedarse dormido cuando un estrepitoso sonido lo hizo dar un salto.

Con pesadez, se levantó y tomo su celular que había dejado en el suelo. Frunció el ceño ante el número desconocido, pero aun así contestó.

—¿Diga? —Su voz sonaba rota, acabada. De solo oírlo daba la mayor de las lastimas.

—Louis Tomlinson —Una voz ronca pronunció su nombre con hastío—. ¿Cómo te la estás pasando sin tu puta?

Su ceño se profundizó al instante. Su corazón comenzó a latir muy fuerte.

—¿Quién habla?

—Oh, cierto. No reconoces mi voz. —Soltó una risa áspera—. La pregunta seria, ¿para qué estoy hablando?

—¿Para qué estás hablando? —Repitió con seriedad.

—Creo que algo se te perdió entre la una y dos de la tarde —Dijo como si estuvieran hablando del clima. Casi podía ver como se miraba las uñas mientras le hablaba—. Y creo que se donde puedes encontrarlo.

—¡Tú tienes a Harry! ¡¿no es así, bastardo?! —Se exaltó. Su respiración se había vuelto irregular. ¿Cómo era posible que le diera tanta indiferencia hablar sobre la vida de una persona? ¿Sobre la vida de Harry? —. ¡¿Dónde está?! ¡Dime donde esta y te juro que cuando te encuentre..!

—Hey, hey, hey. Tranquilo. Con esos gritos hasta vas a despertarlo.

No supo porque le hizo caso a la información, pero dejó de gritar.

—Dime donde esta o te juro que llamaré a la policía y hare que te pudras en una cárcel maldito hijo de p...

—Si sigues hablándome así lo único que conseguirás será que te cuelgue —Se aclaró la garganta—. Además, si llamas a la policía, yo te juro que cuando me encuentren también encontraran un pobre e inocente chiquillo muerto gracias a la imprudencia de su novio. ¿Eso te gustaría, Louis?

Apretó la mandíbula. El enojo empezaba a fluir lentamente de su ser.

—Por favor, dime donde esta —Pidió en un susurro—. Te daré lo quieras pero por favor, no le hagas daño...

—Lamentablemente todo lo que quiero es hacerle daño —Louis cerró los ojos con unas nuevas lágrimas amenazando con salir—. La buena noticia es que puedo decirte donde está, así que cállate y escucha. A las 10:00 en punto de veré en la gasolinera Thomson's brothers, a las afueras de la ciudad. Llega puntual, solo. Si llamas a algún policía toma en cuenta que tengo a una persona vigilando a tu putita y, en cuanto escuche a los policías tratando de entrar, le enterrará un balazo en la cabeza. Tú decides.

Louis tragó saliva. Puede que no fuese cierto, pero no se iba a arriesgar. Primero muerto que arriesgar la vida de su Harry. Del amor de su vida.

—Bien. Te veré a esa hora sin nadie más que yo.

—Buena decisión, Louis. Y viendo la hora, mejor que te pongas a manejar ya. No querrás hacerme esperar. —Dicho aquello colgó, dejando a un Louis pasmado por lo que había dicho. ¿Qué hora era?

Las 7:17pm. Tenía razón el desconocido hombre.

Si quería llegar a tiempo, tendría que salir ya.

Tomó una chaqueta y guardo su teléfono en una de las bolsas interiores. Bajó las escaleras, tomo sus llaves y, sin explicar nada a Ángela que lo miraba con el ceño fruncido, salió a la oscuridad de la noche, dispuesto a buscar a su novio.

-----------------

Llegó a la gasolinera con quince minutos de anticipación.

Literalmente había mantenido apretado al máximo el pedal desde que salió. No podía arriesgarse a llegar tarde. No cuando la vida de Harry estaba en las asquerosas manos del sujeto que aún no había llegado. Quitó las llaves del switch, haciendo que el motor dejara de vibrar y quedara en un absoluto silencio.

Mientras esperaba, confirmo que ese lugar no era más que una trampa. Estaba desierto y en pésimas condiciones. El letrero de luz que anunciaba la gasolinera no era más que una débil luz de luciérnaga, intermitiendo de manera no reiterada. Había un basurero a lo lejos lleno hasta el tope. Además ya llevaba cinco minutos esperando y ni un alma se había aparecido por allí. Definitivamente ese desquiciado había escogido ese lugar con un propósito, el cual no quería pensar.

Se acomodó en el asiento y dejó caer su cabeza en el respaldo, emitiendo un largo suspiro. Cerró los ojos.

Nunca había sido precisamente religioso, pero en esos momentos no podía parar de pedirle a Dios que Harry estuviera bien. Que lo protegiera lo suficiente hasta que él llegara y lo sacara de donde sea que lo tenían encerrado.

Continuó así, rogándole en silencio al Dios que estaba en el cielo hasta que escuchó el motor de un automóvil acercarse. Se reincorporo al instante, con los ojos bien abiertos.

Un descolorido honda apareció en su campo de visión, con la salpicadera aboyada y las llantas llenas de lodo. No lograba distinguir al conductor, pero se quedó un momento estacionado con las luces encendidas, para después apagarlas y detener el rugido del motor. Le echó una mirada rápida al reloj de su camioneta. También había llegado antes de la hora: faltaban siete minutos para las 10:00pm.

Se mantuvo expectante observando al viejo auto. Ya habían pasado tres minutos. ¿Por qué rayos no salía?

Bien, se dijo, si no sales tú, lo hare yo. Y lo hizo. Abrió la puerta y salió con rapidez de la camioneta. De todos modos, el aire comprimido de adentro ya lo estaba asfixiando. Al ver que no daba indicios de movimiento, se encaminó unos metros rumbo al honda. Se detuvo dejando unos 5 metros de distancia entre el auto y él. Aun así, no pudo distinguir su rostro.

Empezaba a desesperarse cuando la puerta del conductor se abrió. Vio una pierna asomarse, luego un brazo agarrarse a la puerta y después la otra pierna. Tragó saliva esperando con impaciencia a que diera la cara de una vez. Sin darse cuenta, mantenía los puños apretados.

—Relaja esas manos, Louis —Le dijo el desconocido aun sin bajar por completo del vehículo—. No te servirán de todos modos.

Estaba a punto de contradecirlo, de soltarle toda la sarta de maldiciones que tenía para él, de gritarle haría lo que fuera por encontrar al oji-verde.

Pero lo único que pudo hacer fue atragantarse con su propia saliva.

—¿T-troy? —Balbuceó apenas lo vio bajar. No pudo mencionar nada más. Se había quedado helado.

El mencionado soltó una risa sin gracia.

—Veo que tu madre no te lo ocultó después de todo.

Estaba tan consternado por ver después de 19 años a ese hombre que no lo vio venir con rapidez hasta él. Le estampó un fuerte golpe en la sien con quien sabe qué cosa, pero lo hizo caer al instante en el polvoroso asfalto.

Con impotencia, observó como el suelo se teñía de rojo bajo su cabeza. Se desmayó a escasos segundos.


Hola :D

Solo les diré que si en este capitulo se quedaron impactadxs, prepárense para el otro zy k zy.

También les recomiendo que lean minuciosamente la sinopsis y el prologo. Hagan sus conclusiones en sus bellas cabecitas. 

Gracias por continuar leyendo <3 <3 Son unos amores de personas que nunca sabre como pagarles. Les mando un besototote a todos <3 <3 <3

Cjau *inserta emojis de besos*

Pd.

Me encanta la palabra posdata, por eso siempre procuro dejar posdatas porque me gusta leerlo en mi cabeza aksjddssk


-All the love. I



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