Sandwich de dragón

By MarcSpenctish

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¿Alguna vez has probado un sándwich de dragón? ¿Has luchado contra piratas o bebido cerveza fantasma? ¿Creíst... More

Vídeo superguay
Prólogo aburridísimo
1. "Bambunga!"
2. Descuentazo
3. El Salario
4. Oposiciones para zombi
5. Y el sol se marchó
Gracias (carta a vosotros)
6. Una ayuda muy especial
7. Multiagujeros
8. El plan
9. Cerveza marinera
10. Cachiporra cinética
11. Arquería
12. Pásala
13. Mercaderes y objetos
14. Ventisca
15. Investigación
16. El Enigma
17. Angelical
18. Huésped
19. La pista
20. Suavidad y fortaleza
21. Habilidad guerrera
22. Al rescate
23. Travesía
24. Infiltración pirata
25. Guillermo Tell
26. El Rey de los Piratas
27. De vuelta
28. Baja la marea
29. Viaje festivo
30. Poltergeist
31. Ojos de fantasma
32. Supersabio
33. Laguna Siniestra
34. Carnet de Cazadragones
35. Oscuridad
36. Día de San Valentín
37. El descanso
38. Atletismo
39. Épico
40. Heroicidad
42. Supermenú
43. Calorazo
44. Caravana
45. Nubecitas rosas
46. Desde arriba
47. Esponjoso
48. Orcogresca
49. La gran gloriosa épica caza del Dragón con una increíble batalla con orcos
50. El título superlargo para contar algo que podría decir con una palabra solo
Epílogo
ESPECIAL DE NAVIDAD
Comic
Sandwich de dragon 2

41. Alquimista

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By MarcSpenctish

—Mira, aquí cerca hay una tienda —dice el caballero mientras señala el mapa—, creo que allí podremos encontrar algo que nos ayude a tapar la entrada. Fíjate lo que cogí en la montaña. —Me enseña unas pocas monedas de oro, con pinta de ser muy antiguas—. Con esto pagaremos.

—Estupendo. Vamos rápido, antes de que Maxitauro vuelva.

—Sí, creo que es lo mejor. ¿Viste que brazos tenía? —pregunta.

—Sí. Eran terribles. Menudas tortas que repartía el bicho.

Caminamos sendero abajo. Desde aquí arriba se ve una villa con casas dispersas. Tiene razón mi colega el pirata, será mejor tapar la entrada. Es posible que Maxitauro no nos encuentre a nosotros, pero como venga a la villa puede causar un desastre.

—¡Buen lanzamiento con el arco! —dice el caballero riéndose—. Si no es por ti, no me deja en paz el amigo.

—Gracias. —Hago una pausa y pienso—. ¿De dónde sacará tan mal carácter?

—No tengo ni idea. A lo mejor le sienta mal el desayuno.

—¿Qué desayunará el Toro Bravo?

—Seguro que en vez de leche se toma un tazón de vinagre.

—¡Puag! Eso lo explicaría todo.

—Y para mojar: un bizcocho. Con pasas. Muchas pasas.

—¡Calla!, ¡qué asco! —Casi que prefiero la cerveza de mis colegas.

Llegamos a una casa con el tejado de paja. Fuera tiene muñecos de esos bailones que usan en las gasolineras, ¿los conocéis? Esos que son alargados, mueven los brazos y se mueven como una palmera de goma porque tienen aire por debajo. Parece que estén bailando, me encantan. Uno de ellos lleva una espada en la mano y el otro una poción.

Entramos en el interior de la tienda, más que nada, porque entrar en el exterior sería muy complicado, y llevamos un día demasiado movidito como para más acrobacias. Dentro hay todo tipo de trastos, por todas partes. En estos momentos no hay nadie más que el tendero y nosotros. Se encuentra al fondo, colocando cosas en un arcón. Nos mira, pero no se preocupa de nuestra presencia, como dejándonos libertad para mirar, buscar y elegir qué nos llevaremos. Caminamos entre mesas y estanterías variadas.

—En serio, odio las pasas. Son horribles—comenta el caballero.

De repente, mi colega localiza una zona interesante y camina rápido hacia ella.

—¡Mira! aquí puede haber algo.

Tiene un libro gordísimo en las manos, de páginas de pergamino que pone en la portada "Alquimia para dummies". Lo apoya en una mesa justo al lado de la estantería y empieza a hojearlo y a ojearlo. Me ha quedado genial, podéis decirlo. Es que sé mucha gramática yo. Y tengo unos brazos supersuaves, por no hablar de lo fuertes que son.

El caballero está absorto en la lectura, pasa páginas y lee con mucha atención. Yo curioseo un poco en la estantería de los libros. "Fragmentos de un alma quebrada", reza la portada de un libro. ¿A ver qué tiene? Lo abro para hojearlo ojearlo.

"La bruma de mi dolor

asola los suspiros inertes del mañana

cuyo silencio recuerda

los momentos marchitos del corazón quebrado,

de un anhelo nocturno, de susurros y sollozos.

Este es el eterno vacío

que se fragua en mi interior,

se alumbra con las sombras

y se apaga con las lágrimas.".

¡Menudo tostón! Pero, ¿quién escribirá estas cosas? Paso páginas a toda velocidad, todo el contenido tiene el mismo tono positivo y alegre, digno de una fiesta de almas en pena. Cierro y el libro para mirar la contraportada. Hay una fotografía en blanco y negro. ¡Es el barquero de la Laguna Siniestra! Esto lo explica todo. En la imagen posa mirando hacia el infinito, fingiendo que no sabe que le están viendo, aunque se ve a leguas que es un posado.

—¿Me lo compro? —pienso. Me río —. Venga no. Lo dejo en la estantería.

Me giro y me pongo al lado de mi colega, que está inclinado sobre su libro leyendo absorto. Me asomo a ver el título del capítulo qué está leyendo. "Explosivos caseros. El noble arte del cantero".

—¿Puedo ayudaros? —oigo a mi lado al tendero que nos pregunta con amabilidad.

—Querríamos estos ingredientes —contesta el caballero señalando la página del libro.

—¡Claro que sí! Un momento —El tendero comienza a recorrer con velocidad sus estanterías, cogiendo de ellas tarros y pequeños saquitos. Pronto está de nuevo a nuestro lado con todo lo necesario—. Aquí tenéis.

—¿Ésto servirá? —dice el caballero enseñándole las monedas.

—Sí. Es más que suficiente. Una moneda tan solo es más valiosa que todos los productos que me has demandado —contesta el tendero abriendo mucho los ojos.

—No importa. Quédatelas.

—Muchísimas gracias.

Salimos de la tienda y volvemos a caminar sendero arriba, hasta llegar de vuelta a la boca de la montaña por la que salimos. No se oye venir ruido del interior, por lo que supongo que Maxitauro no andrá trotando cerca. Podemos actuar con tranquilidad.

— Creo que no recuerdo muy bien la fórmula —dice el caballero riéndose.

—¿Hablas en serio? —No puede ser.

—Sí, pero estoy casi seguro que sé cómo era. Antes de nada voy a hacer una prueba con esa roca de ahí. —Me señala a una roca enorme, como de cinco veces nuestro tamaño de alto y ancho.

Se acerca al pedrusco y se agacha a su lado. En su base, comienza a colocar ingredientes de todo tipo: unos polvos, unas hojas secas que rocía con un líquido de una probeta... Al cabo de unos pocos minutos empieza a salir una especie de humo violeta de su improvisado laboratorio campestre.

—¡Corre, corre! —grita de repente.

Corremos en dirección opuesta al peñón, hasta llegar a una zona completamente guarecida desde la que podemos observar con seguridad. Al cabo de unos pocos segundos de silencio, una explosión muy violenta hace que todo se estremezca. El volumen del sonido es tan alto que, a pesar de que sabía que ocurriría, doy un salto cuando la oigo. La roca, en vez de romperse, sale volando hacia arriba. Empieza a subir y a subir y a subir... Como si fuese un cohete espacial.

El caballero se queda con cara de bobo, completamente pasmado con la boca abierta mirando hacia arriba, en dirección a la mole rocosa. La vemos mientras se aleja de nuestra posición más y más, a la vez que continúa subiendo. A los pocos segundos, su velocidad de ascenso se reduce, hasta que por fin comienza a bajar, muy lejos de nosotros. No sé a qué distancia puede estar, pero ahora mismo su tamaño en mi vista es el equivalente al de un garbanzo en mi mano.

La roca desciende a lo lejos mientras se aleja todavía más, hasta que la perdemos de vista cuando llega al suelo. ¡Menudo desastre!

El caballero sigue embobado mirando en dirección a la zona de aterrizaje de la roca y observando su chapuza. Después de unos pocos segundos con la boca todavía abierta, sonríe y me mira.

—¡Es esa la receta! —dice mientras empieza a moverse hacia la entrada de la gruta con paso acelerado.

—¡Oye! Controla las cantidades, ya has visto el resultado de antes. —Tengo que avisarle, es capaz de derrumbar la montaña entera. Con nosotros aquí arriba, por supuesto.

—¡Claro! Ahora usaré menos cantidad que antes.

El aprendiz de cantero se coloca en la gruta y escala por una de sus paredes laterales. Comienza a realizar todo el ritual de la receta. De repente, desciende deprisa. Es la señal, hora de correr de nuevo.

—¡Vamos! —grita con una sonrisa resplandeciente en la cara. Para mí que esto le está gustando.

Salimos pitando y nos alejamos de la entrada. Nos vamos hacia un lateral para que si alguna roca rodase fuera de la trayectoria prevista, no nos arrolle. Una nueva explosión me sorprende. La sucede ruido de rocas golpeándose entre sí. Varias piedras de enorme tamaño han caído desmontando toda la entrada hasta que ésta queda completamente bloqueada. El caballero, con los brazos en jarras sobre la cintura, se queda observando con gesto orgulloso su obra durante varios segundos.

—A otro menester, lepidóptero —comenta tras su regocijo. Se sacude las manos y comienza a andar.

Creo que acaba de decir "a otra cosa mariposa". Le sigo y abandonamos la zona.

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