Eros miraba a los humanos prepararse para San Valentín: algunos compraban tarjetas, otros chocolates, otros hacían manualidades para esas personas especiales. También se reía de la imagen que tenían de él: un querubín alado con arco y pañal. Era increíble que le pusieran un pañal.
—Por Zeus, ¡esto es tan ridículo! —reía mientras miraba una de las imágenes que, en teoría, le representaban.
—Uy, te ves tierno en esa imagen—habló meloso Anteros, uno de sus hermanos, apareciendo de improviso.
— ¡Anteros por favor! —replicó un irritado Eros
—Lo siento, pero no puedes negar que es muy divertido que se nos represente de esa manera y que, aunque nos confundan contigo, los humanos son muy imaginativos.
—En eso tienes razón. —afirmó Eros y preguntó — ¿Por qué estás aquí? Se supone que deberías estar preparándote junto a los demás para San Valentín, faltan solo dos semanas.
—Ya lo sé —enfatizó—, relájate solo vine a verte y saber qué haces en un lugar como este.
—Vigilo a mi próxima "presa" —dijo Eros recalcando la última palabra.
— ¡Oh! Ya tienes a alguien en el punto de mira —Sonrió.
—Algo así. ¿Ves a ese chico de ahí? —Indicó el dios con un gesto. El hombre en cuestión, que se bajaba en ese momento de un deportivo rojo, era alto, atlético, de cabello castaño y sedoso, ojos grandes y oscuros, piel tostada, y rostro delgado y algo severo—. Su nombre es Marcos y es un hueso duro de roer, ha dejado de creer en el amor; sin embargo, este año tendrá una sorpresa de mi parte. Algo que no olvidará.
—Es muy guapo. ¿Estás seguro de que no lo quieres para ti? —preguntó Anteros con asombro.
—No, solo quiero llevar algo de amor a su vida otra vez —declaró el Erote con tristeza—, antes era alegre, sociable, cariñoso... ya sabes, el típico enamorado; ahora en cambio, es un hombre amargado, gruñón y malhumorado, que solo vive sus días encerrándose en su trabajo.
—Es un caso difícil. ¿Qué le tienes preparado?
—Algo que le alegrará —expresó un sonriente Eros.
—A veces eres de temer con tus planes.
—Ya verás, Anteros, mi plan no tiene fallos —replicó confiado—. El problema está con cómo ejecutarlo.
—Encontrarás la manera, Eros —rio su hermano.
Al terminar la conversación, los dos Erotes se separaron y siguiendo cada uno su camino. Eros estaba feliz, si todo salía bien, Marcos también lo sería para siempre.
La furia recorría el cuerpo de Marcos. No podía creer que su ex novio fuera tan descarado como para aparecer en su puerta después de dos años, fingiendo que nada había ocurrido. Su día en la oficina no había sido agradable y llegar a su apartamento para encontrarse a Eduardo en la puerta, fue la gota que colmó el vaso.Ver al pequeño y pálido hombre, le produjo sentimientos nada agradables.
— ¿Qué mierda estás haciendo aquí?
—Marcos, yo...
— ¡Lárgate! No estoy de humor para soportarte.
— ¡Marcos! No me trates así...
— ¿Qué no te trate así? ¿No lo mereces? ¿Qué pretendes al venir aquí, Eduardo? preguntó Marcos aún más furioso— ¿Acaso pensaste que correría a tus brazos y fingiría que nada había pasado?
—No, yo solo... vine a pedirte perdón...
Marcos tomó a Eduardo de la solapa y lo empotró con fuerza contra la dura puerta de su apartamento.
—Mira, idiota, no quiero tus excusas, no quiero verte, no eres nadie para mí; si vuelves a aparecer por este lugar, tendrás que irte en ambulancia. ¿Entendiste?
Los pequeños y verdes ojos de Eduardo se abrieron como platos, en ellos el miedo era palpable
—Yo... yo no... Ma... Marcos, por favor, no digas eso...
— ¿Naciste así de imbécil o necesitas un trasplante de cerebro? ¿Qué parte de lo que dije aún no comprendes?
—Marcos, me he arrepentido cada día desde hace dos años, yo...
—Pobre de ti, siempre haciéndote la víctima —ironizó Marcos—. No eres más que un fracaso, una vulgar puta que solo busca dinero.
— ¡No me ofendas de esa manera! No soy una puta, sí te engañé, no lo niego, y si busqué la compañía de alguien, fue porque nunca estabas para mí... —recriminó Eduardo.
Marcos soltó a Eduardo y comenzó a alejarse. Su día estaba arruinado, lo mejor que podía hacer era emborracharse y regodearse en su miseria. Notó que Eduardo lo seguía; pero, ignorándolo, siguió su camino.
—¡Marcos, espera! —gritó con desesperación.
—¡No me jodas y vete de una puta vez! —vociferó el aludido sin girarse.
—Nunca me perdonarás, ¿cierto?
En ese momento, Marcos se detuvo, aún dándole la espalda a Eduardo y dijo enojado:
—En realidad eres un estúpido, vienes aquí como víctima y esperas algo que no tendrás. No quiero escuchar nada más de lo que tengas que decir.
—Jamás debí haberte engañado, lo siento... lo siento tanto, perdóname, ¡por favor! imploró Eduardo con lágrimas en los ojos—. Nunca quise hacerte daño...
—¿Terminaste de graznar? —interpeló Marcos girándose y mirándolo a los ojos.
Eduardo abrió la boca queriendo responder, pero las palabras no salieron y se quedó en silencio.
—Como pensaba, sigues igual de retrasado.
Marcos se giró dirigiéndose a su auto, respiró hondo, se subió y se fue al bar de siempre a emborracharse y olvidar.
Al día siguiente, Marcos amaneció con una resaca dantesca. El teléfono no paraba de sonar, provocando que su cabeza doliera demasiado. Hacía mucho que no bebía hasta la inconsciencia, y ni siquiera recordaba cómo había llegado a su casa. Intentó levantarse, pero le fue imposible, la luz entraba a raudales por los ventanales, se maldijo por no cerrar las cortinas. Parecía que su cuerpo pesaba una tonelada. Cerró los ojos e intentó recordar la noche pasada.
—Por fin te despiertas —observó una voz conocida a su lado.
Abrió los ojos al instante, se llevó la mano a la cara de forma instintiva. «¡Mierda! ¿Qué hice anoche?», pensó, giró la cabeza en dirección a aquella voz, para su consternación, Eduardo estaba a su lado y sonreía.
—¿Qué haces aquí? —interrogó Marcos arrastrando las palabras
—Amor, pasamos la noche juntos, me perdonaste, ¿recuerdas? —respondió con tranquilidad.
Marcos estaba en shock con la mente en blanco, no recordaba haber pasado la noche con Eduardo, estaba procesando la información cuando el teléfono volvió a sonar, puso una de sus manos en la frente cuando el dolor de cabeza le atravesó.
—¡Fuera de aquí! —espetó Marcos casi gritando
—Pero Marcos...
—Nada de peros, sal de mi casa ¡ahora! —demandó con frialdad.
Se levantó de la desordenada cama tan rápido como pudo, cubriéndose con la oscura sábana.
—Toma tus porquerías y vete, no quiero que vuelvas, ni siquiera pienses que esto—dijo haciendo un gesto con la mano indicándolos a ambos—,significa algo.
—Amor, anoche me dijiste...
—No importa lo que dije —interrumpió—, de todas formas, no recuerdo nada y si te dije algo, fue porque estaba tan ebrio, que me conformé con cualquier cosa. Así que no empieces con imbecilidades porque no las voy a tolerar. Iré a bañarme y cuando regrese no quiero verte, ni a nada que te pertenezca.
Salió del amplio dormitorio al baño, se miró al espejo, estaba hecho un desastre, la cabeza le palpitaba, tenía el cabello pegado a la frente, labios estaban resecos, el rostro enrojecido, los ojos le ardían y estaban hinchados, buscó analgésicos en el botiquín, al encontrarlos se tomó dos con un poco de agua. Se metió en la ducha dejando que el agua tibia se deslizara por su cuerpo, permitiéndole relajarse. Imágenes borrosas llegaban a su mente: murmullos, voces, todo era confuso. ¿Cómo había acabado en la cama con el imbécil de su ex? Ni él mismo conocía esa respuesta. Solo esperaba que el insistente hombre se hubiera ido.
Al terminar de ducharse, puso una toalla en su cintura y fue de vuelta a su habitación. Por suerte Eduardo no estaba. Ahora que se sentía más despierto, sabía a la perfección que no estaba en condiciones de ir a trabajar. Su padre se molestaría por que no se hubiera presentado, pero no podía y no quería ir en ese estado.
Miró alrededor de la habitación viendo el gran desastre que había, en ese momento el teléfono volvió a sonar. Al responder, su irritado padre comenzó a gritarle.
—¡¿Cómo puedes ser tan irresponsable hombre?! —Marcos separó el aparato de su oído, al escuchar el grito—. Sabías que la reunión era importante.
—Espera papá, ¿de qué hablas? ¿Qué reunión?
—Estas bromeando, ¿verdad? —refunfuñó su padre al otro lado de la línea—. La reunión con la Corporación Languis.
—Mierda, lo olvidé por completo, lo siento papá —se disculpó Marcos en shock.
— ¿Es lo único que vas a decir? ¿Que lo olvidaste? Tienes veintiocho años Marcos, ya no eres un bebé, no puedes olvidar tus obligaciones y menos una reunión con una de las empresas más importantes del país —chilló su padre—. No tienes excusa alguna que te justifique. Te quiero aquí en la oficina ahora. ¿Entendido?
—En treinta minutos estoy ahí —aseguró y colgó el teléfono.
Fue a su cuarto y comenzó a vestirse con rapidez. «Como pude olvidar algo tan importante», pensaba mientras buscaba su ropa en el armario. El haber visto a Eduardo y, dormir con él, lo había hecho olvidarlo todo, se culpaba por su irresponsabilidad.
«Mi padre tiene toda la razón para estar furioso», se dijo, «sin duda, la he cagado». Al terminar de vestirse, fue al baño y se afeitó, ahora tenía mejor semblante. Después fue a la cocina, se preparó un café cargado, lo tomó y se fue.
Eros vigilaba a Marcos de cerca, esperando el mejor momento para ejecutar el plan. Debía hacerle recordar aquello que sintió con su primer amor: ese sentimiento, puro, sincero y sin medida; para eso debía encontrar a alguien que le hiciera sentir así.
El problema era que con la vuelta del ex novio, sería aún más difícil que Marcos cayera con facilidad; pero con perseverancia, lo haría feliz.
En ese momento, Hímero, otro de sus hermanos, se presentó para darle una buena noticia.
—Hermano —saludó a Eros.
—¿Cómo te fue? —preguntó ansioso.
—Bien, la cuota de parejas para este año está casi lista.
—¡Es maravilloso! Solo me falta ese chico y estará listo.
—Sí que es atractivo ¿quién es? —consultó Hímero, mirando al chico con lujuria.
—Tranquilo, ya está reservado.
— ¡Maldición! Quiero uno igual para mí —se quejó Hímero.
—Ya encontrarás a alguien con quien jugar. Además, solo estoy esperando el momento adecuado para entrar en acción y ejecutar mi plan —comentó Eros sonriendo.
—Eres de temer cuando sonríes así.
—Anteros me dijo lo mismo. ¿Tan terrible soy?
—No te hagas el inocente, tus planes nunca fallan y lo sabes —objetó Hímero alejándose—. Tengo que irme, nos vemos.
Eros sonrió y se despidió de su hermano. Tenía razón, rara vez fallaba y estaba seguro de que esta vez no sería la excepción.
Eros continuó observando hasta que Marcos salió de su apartamento y comenzó a planear cómo hacer para que conociera a su alma gemela.
—¿Qué rayos le ocurre a mi padre? —preguntó un enojado Marcos a su asistente, Erick—. Regañarme de esa manera frente a todos, es tan... frustrante.
—El señor Hidalgo solo está preocupado por ti Marcos.
—No tiene de qué preocuparse, soy un adulto, sé lo que hago. No necesito niñeras.
—A veces no te comportas como uno precisamente —enfatizó el asistente.
—No me vengas con estupideces como esa, por favor —reprochó Marcos entrando en su iluminada oficina.
—Lo que digas, hombre.
—Erick, no quiero que nadie me moleste durante el día, estaré fuera. Llámame solo en caso de suma urgencia. Quiero salir de aquí y perderme.
—¿Estás seguro?
—Sí, usaré el número móvil que solo tú conoces. No quiero que nadie me moleste. ¿Has entendido? —amenazó Marcos.
—No necesitas decirlo dos veces —respondió el asistente—. ¿Qué debo decirle a tu padre?
—Invéntate cualquier tontería, poco le importará lo que yo haga por lo enojado que está conmigo. Necesito marcharme de aquí —Salió de la oficina con Erick tras él.
—Espera, ¡no puedes hacer eso!
Marcos siguió sin prestarle atención, le hizo un gesto de despedida con la mano y siguió caminando hacia el ascensor para ir al estacionamiento. Seguía confundido por lo que había ocurrido con Eduardo, el hijo de puta se había aprovechado, pero no conseguiría lo que buscaba.
«¡Maldición! ¿Por qué tenía que aparecer ahora?», pensaba, cerró los ojos e intentó recordar algo de la noche pasada, pero no tuvo éxito. Bajó del ascensor y fue directo a su vehículo sin percatarse de que alguien le esperaba.
—Hola amor.
Marcos levantó la vista atónito, Eduardo le esperaba apoyado en una de las puertas de su auto.
—¿Qué haces aquí basura? —preguntó enfurecido
—Solo vine a verte —agregó Eduardo con voz temblorosa—. Necesitamos hablar.
—¡Sal de aquí pedazo de mierda! —bramó Marcos apretando la mandíbula—. Tienes cinco segundos para largarte o no respondo.
—Espera un... —Eduardo no vio el puño acercarse a su mandíbula, el dolor le atravesó y se estrelló contra el coche.
—Te dije que no quería volver a verte imbécil —vociferó Marcos preparándose para dar otro golpe—. ¡Y te atreves a presentarte frente a mí otra vez!
— ¡Marcos detente! —gritó alguien—. ¡Déjalo, no te hagas esto!
Marcos miró hacia donde provenía esa voz y vio a Erick corriendo hacia ellos. Eduardo estaba en el piso con la mano en la cara, que ya estaba hinchándose.
—No te entrometas, no tienes derecho.
— ¿Qué no tengo derecho? Vi a mi amigo transformarse de un hombre alegre a uno amargado —afirmó Erick—- Y tú —habló dirigiéndose a Eduardo—, sal de aquí antes que llame a seguridad. Olvida que Marcos existe, porque la próxima vez no estaré para detenerlo.
Eduardo gimió por el dolor que sentía mientras se levantaba del suelo. Marcos subió a su auto, y se alejó del lugar con sus pensamientos confusos y sabiendo que aún no había dejado de amar a ese hombre que tanto le había dañado.
Al llegar a su apartamento, Marcos seguía alterado por la situación en el estacionamiento de la empresa, necesitaba relajarse y decidió salir de la capital. Fue a la sala, puso música y encendió su ordenador con la esperanza que encontrar un lugar cercano a donde ir por algunas semanas. Lamentablemente la mayoría de los hoteles estaban llenos por la cercanía de San Valentín y él odiaba esa fecha, porque fue ese día cuando descubrió el engaño de Eduardo, perdiendo toda esperanza. De pronto apareció publicidad de un lugar que se adecuaba a sus necesidades, tranquilo, alejado, acogedor, sencillo, y en la zona costera del país, perfecto para desaparecer del mundo que lo rodeaba. Hizo la reserva y comenzó a preparar sus cosas para partir al día siguiente.
Eros, usando su magia, había logrado manipular el ordenador de Marcos justo en el momento ideal para que encontrara ese lugar que buscaba, sería en ese sitio donde encontraría a su alma gemela y, aunque sabía que odia San Valentín, llegaría a amarlo otra o vez o su nombre dejaría de ser Eros, y él no quería eso, adoraba su nombre. El travieso Erote sonrió con satisfacción y se alejó del lugar.
Marcos se había levantado temprano, duchado y preparado su café como todos los días, revisó todo lo referente a su trabajo en la empresa y decidió llamar a Erick para informarle.
—Dejé listo todo lo relacionado con Languis, y lo referente al proyecto Estival.
—Entendido. ¿Cuándo le dirás a tu padre que te vas?
—Eso no es de tu incumbencia —alegó Marcos de forma cortante—. Solo limítate a obedecer mis instrucciones y no molestes con idioteces.
—Está bien, no es para que te enojes —replicó Erick.
—Solo cállate —ordenó Marcos—. Llámame en caso de suma urgencia. ¿He sido claro?
—Sí.
Cortó la llamada, fue a su cuarto, tomó la maleta, revisó mentalmente sus cosas y se dirigió a la salida.
Una vez en la carretera, se sintió aliviado al alejarse de todos y todo, en especial de Eduardo, odiaba admitirlo, pero verlo otra vez, había puesto su mundo del revés, todo iba bien hasta que él volvió a aparecer en su vida una vez más, con intenciones de quedarse, y como era inevitable, recordó el fatídico día en que todo terminó.
Dos años antes
Marcos llegó de un viaje de negocios de dos semanas justo el día de San Valentín para sorprender a Eduardo, sacó las llaves del apartamento y abrió, dejo sus cosas en la oscura sala, que conocía a la perfección, y se dirigió al dormitorio, al acercarse sintió ruidos, abrió la puerta y quedó en shock a ver a su hombre engañándolo.
—¿Pero qué mierda significa esto? —preguntó con un grito.
La pareja en la desordenada cama se sobresaltó al oírlo.
— ¡Ma... Marcos! No... no te esperaba hoy —balbuceó Eduardo sorprendido—. Se supone que llegabas mañana.
—Sí, pero quería sorprenderte —manifestó enojado—. Qué hermosa manera de esperarme tienes, hijo de puta—. Luego le ordenó al otro hombre—: Sal de mi cama pedazo de mierda.
El amante de Eduardo no reaccionaba a nada, solo tomó su ropa y comenzó a salir de la habitación, no sin antes recibir un golpe de parte de Marcos que le hizo sangrar por la nariz.
—¡Tú, bastardo! —bramó Marcos iracundo—. ¿Es así como dices que me extrañas? ¡Vaya forma de demostrarlo! ¿Te acuestas con el primero que se te cruza?
—No Marcos, no lo entiendes, yo te extrañaba demasiado y me sentía solo —argumentó Eduardo sin levantar la mirada—. Una cosa llevó a la otra, siempre me dejas solo cuando viajas y nunca quieres llevarme contigo.
—Qué excusa más estúpida. ¿No tienes otra mejor? —replicó temblando de furia—. Recoge tus mierdas y sal de mi casa, no quiero volver a verte.
—Marcos, por favor —dijo Eduardo suplicando mientras se vestía—, déjame que te explique, yo te amo...
— ¿Me amas? ¿Tú me amas? Ja–ja–ja. Qué manera tienes de demostrarlo mi amor —ironizó Marcos—. Te acuestas con otro porque me amas. ¿Es broma o qué?
—Escúchame, por favor, me equivoqué, lo admito y lo siento mucho, pero por favor no me eches —rogó Eduardo llorando.
Marcos rodó la mirada ante ese comentario, no podía estar más furioso, todo en él gritaba de dolor, sus planes se habían hecho añicos y lo peor de todo es que su corazón estaba roto.
—¿Hablo en chino o se te derritió el cerebro? ¡Fuera de mi casa ahora, infeliz! despotricó dolido—. Cuando regrese no quiero verte ni a ti, ni a nada que te pertenezca.
Dicho eso dio media vuelta y salió cerrando con un portazo, lo único que veía en su vida era una completa decepción, no volvería a creer en nadie otra vez, solo estaría mejor y sin problemas.
El sonido del móvil hizo que Marcos saliera de su ensoñación, «este idiota», pensó, «le dije que no me llamara por estupideces». Decidió no responder, oficialmente estaba de vacaciones.
Durante las dos horas de viaje, notó cómo el paisaje iba cambiando a medida que se acercaba a su destino, al llegar, dispuso su GPS para encontrar el sitio que había alquilado, lo que provocó que dejase de mirar el camino por un momento. Solo cuando sintió un golpe, reaccionó y levantó la mirada.
Eros se sentía culpable por lo que había hecho, pero era necesario, aunque su acción fue un poco extrema.
— ¡Eros! —exclamó Hímero alterado—. ¡¿Cómo se te ocurre empujarlo contra ese auto?!
—Era necesario, debían conocerse hoy —se disculpó.
— ¿Ese era tu famoso... plan?
—Eh... no, pero ayuda —Eros miró a su hermano con inocencia.
—No te hagas el ingenuo —espetó Hímero.
—No molestes, nadie está herido y eso es lo importante, además Marcos conocerá al amor de su vida.
—No tienes escrúpulos.
—A veces lo olvido.
Marcos quedó estupefacto, había alguien en su capó, se bajó con rapidez del auto a ver si la persona estaba herida, «esto me pasa por no mirar donde debo», pensó, «mierda, mi primer día de vacaciones y estoy en problemas».
—Oh Dios. ¿Te encuentras bien? —interpeló angustiado.
El otro hombre se levantó con lentitud dando un leve gemido.
—Umm... —farfulló poniendo su mano en la cabeza y levantándose con lentitud—. Sí, estoy bien, fue culpa mía, perdí el control de la bicicleta.
—No es culpa tuya, es mía, yo dejé de mirar el camino por un momento y me descuidé, menos mal que iba despacio —inquirió Marcos—. Déjame llevarte a urgencias, necesitas que te revisen, pero debes indicarme el camino. Acabo de llegar y no conozco este lugar.
El hombre miró a Marcos y este quedó prendado de unos hermosos ojos almendrados y grises y su corazón comenzó a latir a mil por hora. Al mirar al desconocido con atención, vio a un hombre hermoso, de piel ligeramente tostada, ondulado cabello negro y una sonrisa encantadora, de pronto una visión en la cama con él apareció en su mente. «¿Qué me pasa?», se preguntaba, «Dios, jamás me había ocurrido esto».
—No te preocupes, estoy bien, solo fue un pequeño golpe —le garantizó el desconocido—. Nada de qué preocuparse. Soy Fernando, mucho gusto.
—Marcos, y es un placer —respondió tomando la mano que le tendían—. Déjame compensarte de alguna forma, tu bicicleta sufrió un pequeño daño, permíteme pagar el arreglo.
—No es necesario —enfatizó Fernando sonriendo con timidez—. Invítame un café y todo arreglado.
—Claro, pero debes indicarme dónde, hoy es mi primer día de vacaciones aquí y ya comenzó mal, bueno no tan mal —replicó mirando con intensidad a Fernando y provocando que este se sonrojara.
Invitó a Fernando a subir a su auto, metió como pudo la bicicleta en el maletero y se pusieron en marcha. Marcos notó que las pocas tiendas que había estaban decoradas para San Valentín y no le pareció tan malo ahora, el pueblo era hermoso, pequeño y se respiraba tranquilidad, además el mar podía verse desde cualquier sitio, estaba feliz de estar ahí.
—¿De dónde eres Marcos?
—De la capital, necesitaba descansar y vine aquí a pasar mis vacaciones —contestó y luego agregó—: Y fue al intentar ubicar el lugar que alquilé, cuando me distraje y ocurrió nuestro accidente.
—Digamos que fue culpa de ambos, tú por distraerte y yo por no concentrarme en el camino.
Marcos se sentía fascinado por su acompañante, su voz era suave, sus lindos ojos lo habían hechizado y qué decir de su físico, era impresionante, aunque no era musculoso, su piel morena le daba el toque perfecto a sus ojos, Fernando era un poco más bajo que él pero no importaba. Quería conocerlo, cosa que le sorprendía.
—¿Crees en el amor a primera vista Fernando? —curioseó avergonzado.
—No creía en el hasta que te vi —manifestó sonrojado.
El corazón de Marcos se detuvo y se sonrojó como nunca lo había hecho, ese chico acababa de hacerle un cumplido. Jamás pensó volver a sentirse de esa manera con otro hombre, no después de Eduardo. Estaba ansioso por conocerlo y entender porqué le atraía tanto, al menos tenía unas semanas para hacerlo.
—Entiendo a lo que te refieres —avaló Marcos con voz temblorosa—, me... me ocurre lo mismo que a ti.
Marcos detuvo el auto y lo miró con atención, Fernando se veía muy sensual sonrojado, por cómo se movía su pecho, notaba su respiración agitada, sentía una enorme necesidad de besarlo, la lujuria recorría su cuerpo de forma brutal, quería tomarlo y hacerle el amor hasta que olvidaran sus nombres.
—Yo... no sé qué me pasa, pero es...
Marcos se acercó a Fernando, tomó su boca con desesperación, y supo en ese momento que no dejaría ir a ese hombre jamás, sentía que era lo correcto, Fernando gimió en respuesta permitiéndole entrar, estaba tan desesperado como él, las lenguas danzaban devorándose, labios y dientes chocaban entre sí, quería que esa sensación durara eternamente, pero el aire de sus pulmones se estaba acabando y de forma renuente dejó ir a Fernando.
—¡Guau! —exclamó Fernando, esperó un momento y continuó— jamás me habían besado de esa manera tan increíble y menos alguien al que acabo de conocer.
Perdóname, jamás había actuado de esa manera, pero me provocas cosas que nunca pensé volver a sentir —confesó Marcos un poco apenado—. Pero no estoy arrepentido de lo que hice —recalcó.
—Yo tampoco había actuado así antes, ni tampoco me arrepiento de lo que hicimos —inquirió—. ¿Vamos por ese café de compensación?
—Por supuesto—aceptó Marcos animado.
Sabía que no era normal lo que le pasaba con Fernando, pero no podía evitarlo, lo atraía de una forma inexplicable y no quería separarse de él, tendría que remediarlo de alguna forma.
Eros estaba fascinado con la situación de Marcos, había usado una de sus flechas en el momento en que estos se miraron por primera vez, sabía muy bien que estaba en lo correcto. Hacía mucho tiempo que no veía a Marcos tan feliz y a la vez tan sorprendido, Fernando era el bálsamo que él necesitaba en su vida.
—Creo que ya no tienes nada que hacer aquí hermano —afirmó Anteros llegando junto a Eros.
—No puedo confiarme, pero ya han dado el primer paso y deben seguir progresando.
—Hímero me contó lo que hiciste para que se conocieran.
—Solo le di un empujoncito, nuestro hermano exagera, no le ocurrió nada, al fin y al cabo se conocieron.
— ¡Y vaya forma de conocerse! —exclamó Anteros—. ¿No encontraste otra forma más sutil para presentarlos?
—Fue algo improvisado —admitió encogiéndose de hombros— pero funcionó, que es lo importante.
—Sí, funcionó —reconoció Anteros—, pero pudo no haberlo hecho.
—Lo sé —Eros puso los ojos en blanco molesto—. Deja el tema ya, el asunto no pasó a mayores.
—Está bien, no te enfades —Anteros levantó las manos en señal de rendición.
—Es que me alteras con tus comentarios.
—Perdón, no volverá a ocurrir. Solo venía a decirte que Afrodita quiere verte.
— ¿Ahora?
—Sí, dijo que era necesario hablar contigo hoy.
Eros torció la boca, pero aún así siguió a su hermano al Monte Olimpo para hablar con la diosa, mientras los futuros amantes empezaban a conocerse en aquel hermoso lugar.
En pocos minutos llegaron a un pequeño restaurante típico del lugar, al entrar Marcos notó la sencilla decoración con toques marinos, además de que todas las miradas estaban puestas sobre ellos. Se sentaron en una mesa en el centro del comedor y pidieron dos cafés.
Ambos conversaban con tranquilidad en el, extrañamente, concurrido lugar, todos los comensales les miraban casi con disimulo, algunas de las personas allí presentes, los observaban con reprobación, pero ellos no parecían estar al tanto de eso, solo se miraban a los ojos, empezaban a conocerse y sentirse cómodos el uno con el otro y aunque la conversación era trivial, no dejaban de coquetear.
— ¿Y a qué te dedicas, Marcos?
—Soy el Gerente General de una empresa textil en la capital —explicó—. Estoy seguro que debes conocerla, es Bleu Miroir.
— ¡No puede ser! ¡¿Eres el gerente de Bleu Miroir?! —interrogó Fernando casi con un grito, atrayendo aún más miradas sobre ellos.
—Sí —Marcos se movió incómodo en la silla—. ¿Podrías bajar la voz por favor?
—Disculpa, no fue mi intención gritar —susurró Fernando sonrojado y avergonzado.
—No hay problema, es solo que esa reacción fue un poco exagerada y me sorprendió.
—Es que yo trabajé para Bleu Miroir una temporada, pero no te vi por ahí —le explicó a Marcos— por eso me sorprendí cuando lo dijiste.
—Esa sí que es una coincidencia —Sonrió Marcos —. Pero lo que en realidad me ha sorprendido es tu belleza.
Fernando enrojeció por completo ante el comentario de Marcos, al que le gustó su reacción, el avergonzado hombre le miró con deseo y un tinte de lujuria.
—Ahora dime, ¿a qué te dedicas? —preguntó Marcos para darle un respiro.
—Soy fotógrafo profesional, puedo trabajar en cualquier lugar, fue así como terminé trabajando para tu empresa.
—Eres un fotógrafo sexy —declaró Marcos guiñando un ojo y sonriendo—. Lástima que no te viera cuando trabajaste en la empresa.
Fernando acabó otra vez sonrojado y agradeció el cumplido, lo que provocó que a Marcos se le acelerara el corazón ante la bella imagen que grababa en su memoria.
La conversación siguió tan amena e interesante, que no se dieron cuenta que las horas habían pasado con rapidez y casi era mediodía, Marcos estaba renuente a alejarse de Fernando, pero debía ver el lugar que había alquilado, en la promoción se veía agradable y quería comprobar si era así, estuvo muy tentado a probarlo con su acompañante, pero se arrepintió en último minuto antes de hacer la propuesta.
—Vaya, contigo la hora ha pasado muy rápido, ya es mediodía y aún no conozco el sitio donde me quedaré —dijo Marcos al mirar su reloj—. ¿Podrías indicarme donde queda esta dirección por favor?
—Claro, puedo acompañarte si quieres.
—Eso sería maravilloso. ¿Nos vamos?
—Por supuesto.
Marcos tomó la mano de Fernando, provocando que todos en la cafetería hablaran sin miramientos. Todo con él parecía correcto, sus palmas encajaban a la perfección, su corazón vibraba y, por primera vez en años, se sentía inmensamente feliz, ese hombre lo hacía sentir así, no importaba que lo hubiera conocido algunas horas antes, tenía la sensación de conocerlo de toda la vida.
Al salir del restaurante, todos miraban por la ventana, ambos se subieron al auto de Marcos y emprendieron el camino hacia las cabañas. Cuando iban llegando el móvil de Marcos comenzó a sonar, sabía que era su asistente, y aunque estaba renuente a responder, lo hizo de la forma más cortés posible.
—Sí Erick, ¿en qué puedo ayudarte?
— ¿Marcos? ¿Eres tú? —preguntó incrédulo el asistente—. ¿Te encuentras bien?
—Sí Erick, estoy bien —aseguró Marcos, abrió la puerta del auto y luego dijo a Fernando—: Espera un momento por favor.
Fernando asintió y se quedó sentado en el auto.
—¿Qué mierda pasa contigo pedazo de idiota? —inquirió furioso moviéndose de un lado a otro—. ¿Para qué me llamas en mi primer día de vacaciones?
—Ah, sí eres tú —ironizó Erick—. Llamo para informarte de que Eduardo vino a la empresa hoy y montó un espectáculo a lo grande.
— ¡¿Qué?!—Marcos estaba estupefacto, los momentos agradables que había pasado hacía algunos minutos se esfumaron en un instante.
—Lo que oyes, se presentó aquí exigiendo verte y que no te negaras.
—Ese pedazo de basura —reprochó con ira—. ¿Cómo se atreve a exigir algo ese malnacido?
—No te preocupes, tu padre llamó a la policía en cuanto el escándalo comenzó, ellos se lo llevaron.
—Perfecto —aprobó Marcos y a continuación preguntó—: ¿Papá preguntó por mí?
—No, pero creo que sospecha que saliste de la ciudad.
—Ok, gracias.
Cortó la llamada y regresó al auto, Fernando lo recibió con una sonrisa.
—¿Todo bien?
—S... sí, en realidad no —admitió Marcos suspirando.
—¿Qué ocurrió?
—Problemas en el trabajo —respondió—. ¿Te llevo a tu casa?
—Está bien —aceptó Fernando sin preguntar más.
—Debes darme tu número.
—Pensé que nunca me lo pedirías.
Rápidamente intercambiaron su números y después Marcos condujo a la casa de Fernando, ahí quedaron para verse más tarde esa noche, al despedirse se dieron un beso con muchas promesas en él.
Horas más tarde, Marcos iba en busca de Fernando para su tan esperada cita, estaba muy nervioso, pero tenía el presentimiento de que esa sería la primera de muchas. Fernando le esperaba en la puerta, llevaba una camisa azul y unos jeans negros que se le ajustaban a la perfección. Marcos le tendió el brazo, guiando a su acompañante al auto.
Como Marcos no conocía el pueblo, decidió hacer algo en su cabaña, una cena romántica para dos, así podrían conocerse mejor.
—Aquí estamos —dijo Marcos con nerviosismo. Condujo a Fernando hacia la mesa—. Espero que todo sea de tu agrado.
Fernando observó la habitación, estaba decorada sencillamente para una cena romántica, velas, champagne, las ventanas abiertas permitían la entrada de la suave brisa del mar, rosas, todo parecía perfecto. Ambos se sentaron y comenzaron a cenar, hablaron de sus padres, de su vida, ex parejas, Marcos evitó nombrar a Eduardo y sus altercados con el los últimos días, solo quería conocer más a Fernando y entender la atracción que sentía por él.
—No entiendo qué es lo que me pasa contigo, pero quiero descubrirlo, me gustas de una forma en que nadie lo ha hecho antes —dijo Marcos después de cenar, estaba sentado junto a Fernando en la terraza mirando la clara noche.
—Yo tampoco lo entiendo, pero es emocionante y aterrador a la vez —admitió el otro con timidez.
Marcos tomó las manos de Fernando y las besó con ternura. Siguieron abrazados un par de horas más hablando de cosas triviales, después Marcos llevó a su acompañante a casa, y se despidieron con un apasionado beso.
Algunos días después, alguien golpeaba la puerta con fuerza logrando despertarlo, Marcos se levantó malhumorado.
—¿Quién se atreve a despertarme a estas horas? —interpeló con un gruñido abriendo la puerta y llevándose una gran sorpresa.
—Por fin te encontré amor —respondió Eduardo con emoción.
—¿Pero qué mierda estás haciendo aquí? —los días apacibles de Marcos se fueron en un instante, había querido escapar de ese hombre, pero él lo había encontrado. Una furia incontrolable se apoderó de él—. ¡Te dije que no quería volver a verte! ¿Eres tan retrasado que no entiendes lo que te digo?
—Pero... Marcos, tú y yo pasamos una noche increíble, incluso me perdonaste —increpó el hombre con lágrimas en los ojos.
—Yo jamás te he perdonado hijo de puta —Marcos temblaba de la ira, aun así se controlaba para no golpearlo—, y nunca lo haré.
Fernando llegaba justo en ese momento, y vio el intercambio entre ambos. Marcos parecía muy alterado por la presencia del otro hombre, los hombros rectos y los puños a los lados de su cuerpo le indicaban que intentaba controlarse, como fotógrafo, él era una persona observadora y la postura indicaba que estaba a punto de golpear al desconocido.
—¡Lárgate bastardo! Eres una peste que no quiero volver a ver. Y por favor no me vengas con eso de que te matarás si no te perdono o que les harás daño a las personas que amo, porque ni siquiera podrás tener un mísero pensamiento antes de que puedas hacer algo —el tono amenazante de Marcos no dejaba lugar a dudas.
Eduardo miró aterrorizado a Marcos, nunca lo había visto tan furioso, ni siquiera cuando lo golpeó en el estacionamiento. Esta nueva faceta era desconocida para él. Lo único que pudo hacer fue retroceder con lentitud y alejarse.
En ese preciso instante Fernando decidió acercarse para intentar calmar a su casi novio, no le gustó ver a Marcos de esa manera, pudo ver el dolor en sus ojos.
—¿Estás bien cielo?
Marcos sintió que el corazón se saldría de su pecho, al escuchar la forma cariñosa en que Fernando lo había llamado, se acercó y lo abrazó con fuerza, besando su frente. Él era todo lo que necesitó para calmarse. Eduardo aprovechó ese momento para marcharse y juró vengarse de Marcos.
—Ahora que estás aquí, todo está bien —afirmó guiando a Fernando al interior de la cabaña.
—Estás temblando, ¿Quién era ese hombre?
—Es mi ex novio, y es una larga historia, pero mereces saberla, no quiero que vuelva a aparecer otra vez y te lastime.
Fernando acarició el rostro de Marcos, que procedió a contarle toda su historia con Eduardo, y lo que había acontecido los últimos días antes de llegar al pueblo, Fernando lo escuchó con atención.
—¿Y cómo llegó aquí?
—No lo sé Fer, me sorprendió mucho el verlo aquí. Lo más probable es que haya contratado a alguien para que me siguiera o investigara.
—Deberías ir a la policía
—No es necesario, ese hombre no volverá a acercárseme, es un cobarde.
—¿Estás seguro Marcos?
—Sí, conozco a personas no tan santas que podrían ayudarme con él, por eso te digo que no es un peligro para mí—. Marcos parecía tan seguro que a Fernando no le quedó otra opción que creerle. Fue en ese instante en que el decidió que debía sorprender a Marcos para el día de San Valentín.
Eros se encontraba en el Olimpo cuando vio la escena desde una fuente mágica, no esperó que Eduardo se presentara, casi arruinando todo el plan. Por otro lado la intervención de Fernando llegó justo a tiempo, era lo que Marcos necesitaba.
—¿Qué ocurre hijo? —le interrumpió Afrodita.
—Hola madre, solo pensaba en el ex novio de Marcos, lo siguió hasta donde estaba y armó un escándalo.
—Para eso hay una solución fácil, debes buscarle a su pareja destinada —sugirió Afrodita sonriendo con picardía.
—Lo sé —respondió ensimismado—, primero quiero que Marcos sea feliz y estoy seguro que será así.
—Déjame a Eduardo a mí, yo le ayudaré a encontrar lo que tanto anhela.
—Gracias mamá —un sonriente Eros abrazó a la diosa y se fue con sus hermanos a preparar los últimos arreglos para San Valentín.
Marcos se despertó por la ráfaga de besos que sintió en sus labios, gimió cuando ese asalto terminó y decidió abrir los ojos, el hermoso rostro que le esperaba le sorprendió gratamente.
—Te ves lindo recién despertado, vine darte una sorpresa —dijo Fernando besándole tiernamente
—¿Traes mi desayuno? —preguntó sorprendido Marcos.
—Si insinúas que soy tu desayuno, aquí me tienes —agregó Fernando pícaro.
—Entonces te voy a devorar hasta el último trocito.
—Eso suena tentador, pero antes... —Fernando besó a Marcos con pasión—. Buenos días ¿quieres ser mi Valentín?
—Yo... me has sorprendido —respondió Marcos emocionado—. Sí, quiero. Te me adelantaste.
Marcos tomó a Fernando en sus brazos besándolo con pasión, ese hombre lo volvía loco, tenía su corazón y alma en sus manos. En unos pocos días Fernando se había convertido en todo para Marcos, le había devuelto la felicidad y lo más importante, le había hecho creer en el amor otra vez.
—Fernando yo... te amo —confesó—, no puedo ocultarlo más, te amo y quiero que lo sepas.
—Yo también te amo —contestó Fernando—. Sé que nos conocemos hace muy poco, pero sé lo que siento por ti, y no puedo seguir negándome estos sentimientos.
Marcos tomó la mano de su amante y lo invitó a recostarse junto a él, Fernando comenzó a quitarse la ropa poco a poco disfrutando del momento, le dio un pequeño espectáculo a Marcos de su formado cuerpo, este lo miraba con la boca abierta y en sus ojos el amor y la lujuria eran notables.
Las caricias de Fernando dejaban un camino de fuego en el cuerpo de Marcos, deseaba a ese hombre, lo recostó sobre la suave cama y comenzó a besarlo, los labios, el cuello, cuando llegó a su pecho se detuvo un momento, miró a su amante y le dijo:
—Me encantaría comerme todo tu cuerpo mirándote a los ojos, besarte apasionadamente, lamer tu pene centímetro a centímetro y beber de él, meter mi lengua y jugar con tu ano, sentir cómo vibras, cómo tu cuerpo gime, que me tomes del cabello, y me pidas más, y más mientras yo te como entero hasta que revientes de placer.
—¿Y qué esperas para hacerlo? —interpeló Fernando excitado.
Sin perder más tiempo con palabras, Marcos y Fernando hicieron el amor durante todo el día, era San Valentín y podían celebrarlo a su manera, ahora sabían que nada los separaría.
Después de mucho sufrir, Marcos era realmente feliz, hoy comenzaba una nueva vida y celebraría este día para siempre.
La felicidad de Eros era enorme, ahora podía descansar, ya estaba todo como debía, aunque la pareja tendría problemas al igual que todas, jamás se separarían, de eso estaba seguro. Aquel humano amargado había vuelto a sonreír y eso era lo mejor de todo, ahora era feliz y lo sería hasta el final de sus días.
Eros volvió al Monte Olimpo para celebrar su cumpleaños, no era coincidencia que se rindiera culto al amor ese día, ya que ese mismo día hacía mucho tiempo, un dios había nacido.
Registro Safecreative: 1509135153098