Lo Siento, Francés #3

By Aleja_AMB

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A veces los sueños se vuelven reales. Publicado: 12/09/2021 Hora: 11:37 NO PERMITO COPIA, PLAGIO U DISTRIBUCI... More

Prólogo
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Adelantos
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By Aleja_AMB

Dos meses después.

Camino a toda velocidad por los pasillos buscando la oficina del doctor. Siento el corazón salirse de mi pecho y mi cuerpo volverse nada al entrar y verlo sentado en su silla revisando papeles.

Levanta si vista alzando una ceja, camino rápidamente a él que se levanta y me interrumpe antes de mencionar palabra.

—Si, lo hizo, pero no es la primera vez Matthew. Han sido tres veces con esta, pero no hay avances, no dejes que tus expectativas te vuelvan a derrumbar— asiento, él se pone a mi lado entregándome los papeles que agarro y leo rápidamente.

—¿Cuándo fue?

—Esta madrugada cuando la enfermera entró estaba así, no tenía ninguna señal de conciencia.

—¿Podemos intentarlo, podemos hacerlo?— mi voz sale en un susurro mirando el expediente de Liza. Miró nuevamente al doctor que parece dudoso— volvió a abrir sus ojos, eso es una esperanza. Necesito aferrarme a eso.

–Matthew, eres como un hijo para mí y te conozco desde joven solo por eso voy hacerlo.

El quita el expediente de mis manos mientras me invita a salir y tomar camino a la habitación donde se encuentra ella.

Arreglo una y otra vez mi traje tratando de eliminar todo mal aspecto. Para ponerles en contexto: esta llamada cuando desperté recibí una llamada del doctor que ha atendido a Liza en estos tres años diciéndome que ella abrió sus ojos.

No es la primera vez que lo hace. La primera vez lo hizo hace dos años, la última fue hace seis meses y está, la tercera. En ninguna de ella ha mostrado algún signo de conciencia, ha movido aunque sea un dedo o alguna seña con sus ojos.

No quiero que esta sea una vez más de esas.

Entró a la habitación donde hay una enfermera a su lado alumbrando sus ojos a ver si hace algún movimiento pero no logra nada. Ella se acerca a nosotros pero yo solo puedo ver su rostro pálido y sus ojos abiertos sin ningún movimiento.

—¿Nada?

—No, no hay ninguna señal— la miró, ella me da una sonrisa de boca cerrada entregando una tableta con una hoja encima al doctor y este la revisa dándome una mirada.

No digo nada, simplemente me acerco a la cama donde ella está acostada, me siento y tomo su mano para besarla con cuidado.

—¿Vas a seguir jugando conmigo?— doy una sonrisa— por lo menos ten la decencia de hacerlo consciente.

—Te voy a dejar a solas con ella, cualquier cosa me avisas— el doctor se va.

Asiento tomando un mechón de su cabello y poniéndolo detrás de su oreja. Ya no tiene aparatos respiratorios, solo agujas en las venas; trago grueso acercando mi rostro al suyo y pegando mis labios con los suyos.

—¿Dime? ¿Algún día vas a despertar y decirme "Te odio Matthew, no voy a perdonarte"?— me río de mí mismo apretando su mano con fuerza— o quizás decirme "intentemoslo Matthew, podría perdonarte".

Pongo una mueca acariciando su mano.

—Me convence más la última ¿sabes? Me merezco la primera, pero por favor solo quiero escuchar la última.

Tocan la puerta y poco después veo la cabeza de Sandra asomarse, asiento y poco después entra Sebastián quien se acerca a pasos lentos a la cama. 

—¿Nada?— pregunta y niego. Da una larga exhalación, Sandra se sienta en la cama al lado de Liza y Sebastián a mi lado— hey Liza— saluda y me mira– hey Matthew– palmeo su espalda negando.

...

–¿Por qué has venido antes?— Marcela cierra la puerta y arrancó de inmediato sacudiendo la cabeza.

—Estaba por ahí...– murmuró distraído, ella simplemente asiente y no dice nada más.

—Ha vuelto a pasar ¿Cierto?– le doy una mirada de reojo– vi a Sebastián llegar esta mañana.

—Ha vuelto a pasar.

—Esta vez será diferente hermano, ya lo verás– Marcela me da una gran sonrisa que le devuelvo aunque es un poco forzada y no digo nada más.

–¿Dónde te llevo?

—A casa de Sandra, quede en cuidar a Cloe para que ella vaya al hospital.

...

Sebastián deja la ráfaga de papeles en mi escritorio y lo miro dudoso.

–¿Qué es esto?

—Son todos los contratos que he cerrado, la compañía va a la perfección— asiento— ¿no vas a revisarlo?

—No, confío en ti— murmuró volviendo la vista al computador.

Sebastián mueve sus dedos sobre la mesa sin nada que hacer, le doy varias miradas esperando a que pare el molesto ruido pero no lo hace.

—¿Puedes parar?— él me mira alzando las manos.

—Lo siento.

—¿Qué sucede?— le preguntó al verlo tan apagado, me da una sonrisa de lado y estira sus brazos sobre la silla.

—Me he dejado de Isabel— esa respuesta me sorprende. Miro con curiosidad como su barbilla empieza a temblar y sus ojos se cristalizan.

—Te escucho.

—No sé qué paso, estábamos bien, todo iba bien, no se que pasó ¡Joder! Nos amamos pero hay algo que murió entre nosotros– se levanta dando vueltas por toda la sala– ya no nos comunicamos como antes, no hay pasión, no hay cariños, no hay nada. Nuestra relación se basa en vernos la cara de culo cada día y cuidar al pequeño Damián.

Asiento comprendiendo algo de lo que dice. 

—Estábamos intentándolo, yendo a terapia para mejorar nuestra relación y poder ser como antes o incluso mejor. Entonces llega alguien y ¡Pum! Me molesto porque soy hombre y se las intenciones de ese hombre con mi esposa ¡Peeero no! Isabel se molesta conmigo porque él solo es "amigo". 

》Me duele mucho Matthew, me duele mucho que ella sea así conmigo porque la amo y quiero arreglarlo, quiero intentarlo pero ella parece querer todo lo contrario— lágrimas escapan de sus ojos.

Me quedo viéndolo y pensando en lo inestables que somos las personas cuando nos enamoramos, entregamos todo y en menos de nada podrían destruirnos solo con una opción o palabra. 

Un ejemplo de eso es Sebastián.

Se pasea por la oficina contradiciendose en oraciones, diciendo lo mucho que la ama pero ella ya no parece hacerlo, dice que siente que lo odia y que lo suyo está muerto aunque él no quiera. 

El pecho me arde y oprime al pensar que yo también me siento de alguna manera destruido al igual que él, circunstancias distintas, pero en sin destruido. Las mujeres que amamos no están y es simplemente horrible ese sentimiento de pensar que ya no podrás arreglar nada y que todo llegó a su final.

Inconscientemente me levanto de mí silla y me acerco abrazándolo, apoya su cara en mi hombro y solloza. Antes puede llegar a pensar que llorar es de débiles, que llorar no es de hombres pero todo lo contrario. Todos tenemos derecho a demostrar cómo nos sentimos, que no somos de piedra, tememos sentimiento y que derramar lágrimas no nos hace menos hombres.

—Te entiendo– le susurro.

—La amo pero ella no a mi. Se acabó todo Matthew, se acabó.

—No lo creo Sebastián, pero de ser así estoy seguro de que algo mejor vendrá para cada uno de ustedes.

...

Miró con inquietud cómo el doctor vuelve a hacerle la revisión a Liza por tercera vez. He insistido tanto que de no ser porque soy socio del lugar ya me hubiera echado hace mucho. Me acerco a él un poco y me da una mirada de advertencia que ignoró y me pongo delante de él mirando todo lo que hace.

—Esta mañana estuvo Sandra aquí— asiento— en la tarde vino Sebastián.

—Lo sé.

–Antes del anochecer trajeron a Cloe y Marcela, los cuatros estuvieron aquí e incluso una videollamada a sus padres.

—¿Y?

—Tefi estuvo aquí, no pude dejarla entrar sin tu autorización, se enojó mucho y dijo que las bolas se me iban a amanecer pegadas al trasero a la mañana siguiente — le doy una sonrisa burlona. Esa mujer está loca.

Aún recuerdo perfectamente cómo enloqueció a Ignacio a tal pudo detenerlo arrastrando a sus pies, tenía entendido de que tenía un compromiso o algo así, el hecho es que le fue infiel a el pobre chico con mi amigo y dejó a su prometido o él la dejo, no le di mucha importancia.

Ahora ella e Ignacio son "amigos" y él siempre va a Catana a verla. Además cada que me ve pareciera que quisiera matarme sin razón alguna ¿o si? Bueno aquí lo importante es el relato que me está dando el doctor.

—¿Entonces?

—Tengo miedo de amanecer con mis bolas así, pero soy un profesional y debo tener tu autorización para dejarla entrar.

—Está bien, puede venir cuando quiera. Era amiga de Liza— él asiente y se endereza.

—Está estable, sus signos están normales pero...

—...No hay signos de estar consciente— término por el y asiente.

—Lo siento.

—Está bien— murmuró arreglando el sofá con la cobija encima.

—Que descanses.

—Igualmente— es lo mismo, durante todo este tiempo me he quedado aquí y los únicos días en mi casa son los domingos. No me apetece estar solo en ese lugar, es más voy a venderla, me trae malos recuerdos.

Me acerco nuevamente a la cama, me odio por esto. Se supone que era yo quien debería estar en su lugar, quien debió sufrir y no ella, no mi bonita. Es injusto, ella merece ser feliz <<así no sea conmigo>> pero lo merece.

Todo lo que sufrió, todo lo que pasó es para que ella estuviera cumpliendo sus sueños, estuvieran alcanzado la nube con todas sus metas pero algo falló... Llegué yo a su vida, empeñado en tenerla y la dañe.

La hice pedazos.

—Eliza te amo, te amo como no tienes una maldita idea, joder— suspiró— solo necesito que te levantes de esa cama, me mires directo a los ojos y me digas algo, que me odias... lo que sea pero por favor regresa, regresa a mi lado y nunca más te vayas.

Con fuerza apreté su mano, di un beso en su frente y me di la vuelta regresando a mi sofá donde me cubro y suelto un suspiro cansado. Ha sido un día agotador.

La miró una vez más, apoyó mi cabeza en la almohada y busco una posición más cómoda de donde pueda seguir observándola hasta dormirme por completo. 

Parte por parte llegamos a la mejor parte.

Feliz noche.

Con amor, Ale❤

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