DAYLIGHT Ⓓ (#2) [COMPLETA]

By insidethecloser

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SPOILER: No puedes leer está novela sin haber leído su parte anterior. (PRIMER BORRADOR) Ⓓ Parte 2 de la Bi... More

MOONLIGHT en FISICO.
PREFACIO
Capítulo 1.
Capítulo 2.
Capítulo 3.
Capítulo 4.
Capítulo 5.
Capítulo 6.
Capítulo 7.
Capítulo 8.
Capítulo 9.
Capítulo 10.
Capítulo 11.
Capítulo 12.
Capítulo 13.
Capítulo 14
Capítulo 15.
Capítulo 16.
Capítulo 17.
Capítulo 18. (+18)
Capítulo 19.
Capítulo 20.
Capítulo 21.
Capítulo 22.
Capítulo 23.
Capítulo 24.
Capítulo 25
Capítulo 26.
Capítulo 27.
Capítulo 28.
Capítulo 29.
Capítulo 31.
Capítulo 32.
Capítulo 33.
Capítulo 34.
Capítulo 35.
Capítulo 36.
Capítulo 37.
Capítulo 38.
Capítulo 39.
Capítulo 40.
Capítulo 41.
Capítulo 42.
Capítulo 43.
Capítulo 44.
Capítulo 45.
Capítulo 46.
Capítulo 47.
Capítulo 48.
Capítulo 49.
Capítulo 50.
Capítulo 51.
Capítulo 52.
EPÍLOGO.

Capítulo 30.

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By insidethecloser

DYLAN JONES.

Shhhh.

Desde que me salí de la universidad, todo ha sido muy confuso. Es como un bucle en el que no sé cuál es el siguiente paso. Pero estuve en una constante búsqueda de qué era lo que yo quería porque, mientras estaba en la facultad y miraba esas materias me sentía vacío. Era como un robot que seguía porque se lo obliga o, de lo contrario, sería tirado a la basura. Las materias eran interesantes, sin embargo, no me apasionaban ni un poco.

Dejé de comer y perdí un par de kilos pues siempre estuve en el intento de igualarme con mis compañeros. Muchos de ellos fueron muy buenos conmigo, pues me ayudaron a entender algunos términos, e hice buena amistad con algunos como Lucía, Marcos o José, pero con ninguno de ellos fue una relación de amistad como la que construí con los chicos del equipo de fútbol.

Por mucho tiempo me sentí mal por estar haciendo algo que me gustaba. Sentía que si contaba que me escapaba en las noches, ellos (mamá, papá, Nina, Alan... ) pensarían que perdía el tiempo cuando bien podría haber estado estudiando. Conocí a Pato que era un grandioso jugador, con él y unos cuantos muchachos salíamos a jugar en las madrugadas. Pato me ayudó a acomodarme a la vida en la ciudad, me mostró los mejores lugares y las calles por las que no debía pasar si no quería terminar con un par de cuchilladas en el estomago.

Lo bueno de volver a hacer ejercicio, fue recuperar el cuerpo que tenía antes del disparo. Pero, de todas formas, siempre me veía mamadísimo. Una ricura andante.

Fue Pato quien me mostró el mejor lugar para hacer un picnic con Alan. Pato lo preparó mientras yo fui a recoger a Alan. Era un pequeño parque en el que mirábamos a un lago. La verdad, es que el encuentro fue de improvisto, porque ese día quería contarle una cosa muy importante a Alan.

—¿Te gusta? —le pregunté—. Te traje un Sándwich porque es lo único que me sale bien.

—¿Y unas cajitas de jugo? —Sorbió una por el pitillo.

—¿No crees que es muy auténtico? —Le pasé uno de mis brazos por el hombro y lo acerqué más a mi cuerpo. Él se apoyó en mí.

—Es lo más cliché.

—Pero te gusta. —Le toqué la nariz.

—No, me parece la cosa más horrorosa que alguien haya hecho por mí.

—Eres el peor, Alan. No sé cómo fue que un rey de mi clase haya terminado con semejante bárbaro. Seguro eres un brujo y me hiciste algo. Deberían meterte al calabozo. —Me sentía de muy buen humor ese día. Con un poco de esfuerzo había conseguido algo que quería y eso me ponía al cien de alegría. Tomé mi caja y me la alcé—. ¿Qué me hiciste?

—Unas súper mamadas.

Me atraganté con el juguito.

—¿Y después que eres tímido? —Sólo le dio risa. Luego, me besó. Alan sabía hacerlo muy bien, me gustaba la forma en la que mi corazón late por él. Daría la vida por mi novio y es extraño que yo (siendo el chico más increíble de este mundo) sintiera que, cuando Alan no estaba, no tenía nada.

Supongo que eso pasa con el amor, ¿no? No entiende de lo prohibido. Por eso yo juré mostrar nuestras fotos toda la vida y contarle al mundo lo felices que fuimos juntos. También creo que fue por la misma razón por la que yo acepté a alejarme de Alan cuando Santiago me amenazó.

Supe desde un principio que Alan corría peligro al lado de Santiago. Me había hecho el tonto al no preguntar por sus manchas, me hice un tonto al verlo temblar cuando Santiago se le acercaba para hablar, me hice el tonto todo el tiempo; pero cuando lo vi acorralado en el hotel, no me pude resistir a dejarle en claro a Santiago que no se atreviera a hacerle daño a Alan porque lo podría denunciar.

Tal vez desde ahí desencadenó su rabia. Recuerdo que era de noche cuando yo llegaba a mi casa, mis padres no estaban y Santiago se presentó. Me amenazó con que, si volvía a meterme con Alan, entonces él me iba a matar o al chico del que me había enamorado. Me apuntó con el arma en la cabeza. Temí por mi vida y, después, por la de Alan. Nunca me imaginé que ese arma estaba destinada a darme un disparo en la cabeza de todos modos.

Recuerdo ir a la policía y poner una demanda. Recuerdo ir a ver a Alan y entonces lo vi corriendo detrás de un enmascarado. No me imaginé que fuera Santiago. Esa noche lo encarcelaron, pero nunca le encontraron el arma porque nunca fue suya. Siempre estuvo trabajando para Luis, quien le pagó para amenazarme.

—¿Cuándo vas a estar libre para viajar a nuestro pueblo?

—Estoy a finales de exámenes, después del sábado podemos viajar. —Mi padre estaba muy emocionado por conocer a Alan. Lo había visto un par de veces, pero quería hablar con él. "De hombre a hombre", dijo—. Ya quiero volver, extraño a mi abue. Estoy ansioso por presentarte como mi esposo.

—Marisa es un amor. —La abue de Alan fue increíble. Hablé con ella varias veces por teléfono y, aunque a veces es un poco entrometida en nuestro matrimonio, me gusta porque es graciosa—. Yo quiero que conozcas a mi padre.

—Sí, eso me preocupa.

—¿Por qué?

—Porque no quiero que sea como tu madre. La vez que nos reunimos no fue grosera, pero me dijo cosas que me resultaron muy curiosas. —Nos tumbamos y miramos hacia el cielo—. Como que tu padre la estuvo engañando.

—¿Y eso qué? Ella también está viendo a alguien más. —Alan se mostró un poco sorprendido. Era comprensible, mi mamá siempre exageraba las cosas para ella quedar bien—. No es nada del otro mundo que ellos salgan con nuevas personas pues ya están divorciados.

—Pues sí, pero eso no fue lo único.

—¿Qué fue entonces?

—Que tu eras igual que tu padre. Que cambias de pareja como cambiar de calzón.

—¿Y le creíste?

—Es que uno nunca sabe con los reyes. —Me estaba molestando.

—Yo nunca te engañaría —dije con seguridad.

—Es tu madre, te conoce de toda la vida, por algo lo ha de haber dicho.

—No sé que insinúas, Alan, pero me parece una falta de respeto que desconfíes de mí. —¿Cómo podía creerle a mi madre? Ella lo único que quería era separarnos a toda costa. Me enojó que Alan no se hubiera dado cuenta.

—Eso dices porque recién me conoces y todo es color de rosa. —Sonrió de manera irónica. Alan siempre era tan pesimista. ¿Desde cuándo comenzó a ver al dolor como algo romántico?

—¿Así que piensas que soy yo el que la va a cagar? —A cada una de las parejas que tuve las respeté y a Alan, que lo quería mil veces más, también lo iba a hacer. Yo no estaba para jugar ahí—. ¿Por qué tú no?

—¿Quién va a querer meterse conmigo? —Otra vez su maldito pesimismo.

—Tal vez viene Santiago y te vas con él.

—¿Qué estás loco? —Se levantó ofendido. Me arrepentí de haber soltado eso—. Dime qué lo has dicho en broma.

—Es en broma. Nunca te desearía eso devuelta. Perdóname. —Lo abracé y él mostró un puchero que se me hizo muy tierno—. Tú comenzaste a llamarme puta, yo solo seguí el juego.

—Vale, mi culpa también.

—No sé por qué lo preguntas siquiera. ¿Te he dado motivos para desconfiar?

—Pues cuando te escapabas en medio de la noche, pensé que estábamos en una relación de a tres sin que me avisarán.

—Piensas lo peor, siempre. —Nos besamos otra vez. El viento comenzó a tomar fuerza. Sabía que pronto comenzaría a llover, tenía que avisarle mi logró pues dentro de un rato tendríamos que ir a despedirnos de mamá al aeropuerto—. ¿Ya hablaste con Camila de lo que estás haciendo?

—Sí, ya le dije que no podría continuar con ello.

—No quiero que esa mujer ponga sus manos encima de mi bebé.

—Después dices que yo soy el que desconfía.

Nos levantamos a recoger las cosas, Alan recibió una llamada y yo también. Me llamaba la abue de Alan, primero pensé que ella se habría equivocado de número o que quería hablar con Alan. Pero no, quería hablar conmigo.

—¿Cómo estás, querido?

—Bien, justo ahorita Alan está ocupado.

—Ah, bueno, mejor. No quiero hablar con él, quiero hablar contigo. Pero no quiero que Alan escuche. —Me pareció un poco misterioso eso, pero hice caso y me alejé más. Alan acabó de hablar y se puso a recoger las cosas—. Mira, he escuchado que dejaste la universidad.

—Sí, hace unas semanas nomás.

—¿Tienes pensado seguir estudiando o cuál es tu siguiente paso?

—Quisiera estudiar, pero mis padres no pueden pagar nada. Además están un poco molestos por haber dejado la carrera.

—Bien, Dylan, podríamos hablar de esto cuando vengan. Pues voy a ayudarte a entrar a la universidad, del dinero no te preocupes. La única condición es que no le digas nada a Alan de esto, por favor. Por ahora y por teléfono no puedo decir mucho, pero ya hablaremos cuando vengan. —Colgó.

—¿Quién era?

—Un amigo del equipo.

No le conté tampoco el logro que había conseguido. 

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