El Juego Prohibido

By GalicianC

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Iris DeSantis es el mito que recorre el bajo mundo. Ella es la personificación de la guerra, el poder y el do... More

Playlist para ambientar
Pirámide de las organizaciones | Personajes
PRÓLOGO
|1| Las Damas de la Mafia
|2| Diavolo
|3| El padrino
|4| Los enviados de la guerra
|5| Caja de Pandora
|6| El club de las tentaciones
|7| La primera noche [+18]
|8| Persiguiendo lo prohibido [+18]
|9| La ciudad del pecado
|10| Linaje DeSantis
|11| Principessa
|12| Un capricho [+18]
|13| Acaba conmigo [+18]
|14| La mascarada
|15| Obsesión Peligrosa
|16| Tormentos del pasado
|17| Te odio [+18]
|18| Galantería perversa [+18]
|19| Perséfone
|20| Ramé [+18]
|21| El corredor [+18]
|22| ¿Aliado o amante? [+18]
|23| Ruleta rusa
|24| Reinserción
|25| Cándidos
|26| Diosa de la guerra
|27| Dama
|28| Noche escarlata [+18]
|30| Las Catacumbas
|31| Sentidos del placer [+18]
|32| Bienvenidos al infierno. Perdón, a la gala anual
|33| Cuando bailan las mentiras con las tentaciones
|34| Mentiras robadas [+18]
|35| Juegos retorcidos
|36| Calvario
|37| Lealtades retorcidas
|38| Vindicta
|39| Nulevaga zona
|40| Casus belli
|41| Herederos
|42| Oportunista
|43| Presa
|44| Depredador

|29| Subasta de las diosas

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By GalicianC

Narrador omnipresente

Iris nunca salió del pentágono, sino que se dirigió a la oficina de Vicenzo Amuso. Tenía que aclarar una cosa.

—Entonces ellos irán al club de Santino... —El don de los Amuso se inclina sobre un mapa que ocupa la parte superior de la mesa. Su dedo índice ha dejado de moverse cuando escucha a alguien tocar la puerta y entrar. No mira a la persona. Alessandro Morelli está firme a su lado, con los brazos cruzados sobre su ancho pecho.

—Señor Amuso, disculpe venir de imprevisto, pero es urgente. Por favor.

—Señorita DeSantis estoy ocupado, puede venir luego—dice señalando la puerta sin dignarse a mirarla.

—Es sobre su hijo Hades—. Apenas esas cinco palabras salieron, Vicenzo volteo a ver a la recién llegada y dio la orden a todos de salir de su oficina quedando solos.

Vicenzo señala los asientos de cueros que hay en la pequeña sala de su oficina. —Empezará usted.

—Quiero saber qué pasó con Hades en el tiempo que estuvo con los Rossi más específicamente qué pasó entre él y Alekai Vólkov.

—¿Se puede saber el porqué de tu curiosidad?, creí que no te agrada mi hijo.

Vicenzo tenía una posición muy neutral respecto a la primogénita DeSantis siempre y cuando ella no estuviera en medio de su camino. Dejó pasar el desliz que tuvo su hijo con ella, pero ha estado notando algo distinto en Hades desde que se relaciona con ella.

—Es algo personal, pero necesito saberlo.

—¿Por qué debería de ayudarte? No nos conocemos, solo eres la mujer con la que ha estado pasando tiempo mi hijo, bueno a excepción de las mujeres que van a su penthouse cada noche después del juicio que hizo por ti —inquirió calmado.

Vicenzo solo dijo eso para ver como reaccionaba Iris, su rostro no demostró ninguna emoción, su cuerpo estaba recto, pero vio un fallo. Apenas mencionó las otras mujeres de compañía de Hades Iris apretó uno de sus puños provocando que se marcaran lunas crecientes en su palma y sus nudillos se pusieron ligeramente blancos. Cuando notó la mirada de Vicenzo en su mano la relajó.

—Cuántas cosas han pasado desde esa noche—suspiró, encantado—. Me alegra saber que luego de eso ustedes se distanciaron otra vez. Habría sido aburrido tener que hacer una charla sobre las distracciones con mi hijo.

Iris solo lo miró con furia en sus ojos, ¿está insinuando algo?

Ella sabía que no era del todo agradable para él. De hecho, cualquier persona que a los ojos de Vicenzo no fuera de ayuda para su hijo o que siquiera lo distraiga no era de su agrado. Vicenzo siempre ha velado por su hijo y es fiel creyente que las personas que no aportaran algo debían largarse de su vida y tenía ese pensamiento de Iris.

—No tengo por qué darle explicaciones de MI hijo a una mujer que por lo mucho durará una semana más entre las sábanas de él.

—Usted no sabe nada, no tiene derecho a opinar. Por más hijo que sea de usted es su vida y no tiene por qué entrometerse —respondió Iris con suma calma. — Y para su información fui yo quien terminó con todo luego del juicio, no él.

Vicenzo emitió una risa tan tranquila que daba miedo. — Hay cosas que deben saberse para evitar un fatal final. Esta es una de ellas, tú tienes claro las cosas, pero Hades no— opinó sin más y mostró una sonrisa amplia—. También hay cosas que es mejor mantenerlas ocultas, por el bien de los nuestros. Algún día lo aprenderás y te acordarás de mí, en especial si sigues indagando sobre aquello que te martilla la cabeza.

—¿Qué?—Los latidos de Iris retumbaban en sus oídos y en el pecho.

La mente de Iris maquinaba todas las posibles respuestas que Vicenzo le podría dar, pero no podía llegar a ninguna coherente. Las palabras del Don Amuso sonaban como amenaza o ¿una advertencia? La sonrisa de Vicenzo no desapareció de su rostro y él no se inmutó.

—Quieres saber si Alekai y Hades fueron aliados—dijo con el mismo tono afable y falso que habría usado en las tantas veces que ha tratado de embaucar a más de uno—. Dime, ¿eso es lo que quieres saber?

—Los Rossi siempre estuvieron relacionados con el tráfico de personas en Las Vegas, pero el que daba las órdenes era Alekai aunque de vez en cuando recibía ayuda. ¿Hades ayudaba a Alekai en eso? ¿Él organizaba las subastas?

Su respuesta dejó pasmada a Iris:

—En su tiempo con los Rossi empezó a organizarlas desde septiembre. De hecho, él junto a Alekai organizaron la subasta más conmemorativa en el imperio Rossi, "la subasta de las diosas". ¿Se te hace conocido ese nombre? Justo el día en que Alekai compró a tres mujeres italianas y a una española sobre el nombre de cuatro diosas, Perséfone, Afrodita, Circe y Ápate. Son parecidas a ti, a Dalila Rinaldi, a Galilea Orsini y a Lydia Vera.

Cuando mencionó la subasta de las diosas tocó una fibra sensible del pasado de Iris.

¿Cómo sabía todo eso? Iris y sus amigas habían sido muy cuidadosas para que nadie se enterara de lo que vivieron hace cinco años, era su mayor secreto y parece que Vicenzo lo sabía.

—Imagino que te debes de preguntar, ¿cómo sé eso? Antes de explicarte y darte el mensaje, empecemos con el pie derecho como me pidió tu abuelo Caín. —Vicenzo le ofreció la mano a Iris, ella estaba confundida ¿a qué estaba jugando Vicenzo y por qué mencionó a su abuelo? —Vicenzo Amuso, viejo amigo y antiguo pupilo de Caín DeSantis.

Iris quedó estupefacta, pero mucho más desconcertada, nunca pensó que Vicenzo fue pupilo de Caín. Ella solo miraba la mano varonil enmarcada por el Rolex.

—¿Disculpe?—logró decir saliendo de la confusión repentina.

—¿Sorprendida?, fui pupilo de Caín y lo sigo siendo. Que él se haya retirado del ojo público no significa que haya abandonado el juego, solo actúa en las sombras y tiene a varios que siguen sus órdenes. Lo que estoy haciendo es solo para saldar mi deuda con él, no me agradas del todo, pero Caín no puede decirte esto en persona y me lo pidió a mí.

Vicenzo se levanta del sofá y se ubica enfrente de Iris.

—Caín fue el que te ayudó a escapar de tu cautiverio con Alekai apenas se enteró, no creerás que todo fue coincidencia. También averiguó que Hades estuvo organizando esa subasta con Alekai, pero nunca pudo averiguar bajo qué términos lo hizo... no sabemos si fue por amenaza, por gusto, no tenemos idea y Hades nunca habla de eso. Fuiste vendida con tus amigas en septiembre y vaya coincidencia Hades empezó a organizar las subastas en septiembre de ese mismo año.

Las fechas cuadran entre sí, ella estuvo en el tráfico humano de los Rossi en septiembre hace unos cinco años y Hades estuvo organizando las subastas en ese entonces. No, ella se negaba a creer que Hades tuvo algo que ver con su secuestro. Tenía que mantener la mente serena y luego tomar decisiones.

—No le creo.

Un gesto de falsa confusión arrugó su frente como si hubiera oído algo extraño y desconocido para él. Sus facciones se volvieron macabras y junto a la sonrisa retorcida y amplia que mantenía, Iris supo que no mentía.

—Ese no es mi problema, señorita DeSantis. Ya cumplí con decirle lo que me pidió Caín, ya usted decide si dejar en el pasado lo que pertenece ahí o seguir con su venganza.

Iris solo se levantó para salir de la oficina de Vicenzo, pero antes dijo: —Dile a mi abuelo que gracias.

—Será un placer y recuerda, no distraigas a Hades.

La gran puerta de madera se cerró y la mente de Iris estaba llena de cosas. Había venido a hablar con Vicenzo para tener una respuesta y terminó con más preguntas.

Sentía como si la hubieran traicionado o que habían jugado con ella.

¿Hades organizó la "subasta de las diosas" por voluntad?

¿Él sabía quienes vendían esa noche?

¿Hades ya sabía quien era la Dama Roja y por eso organizó la subasta? ¿Quería vengarse?

No podía creer que Hades pudo llegar a ser uno de los culpables de su secuestro, de aquellas noches donde Alekai manchaba su velo de inocencia y ella solo se dejaba hacer y deshacer con tal de proteger a sus amigos y a su familia.

⌘

Villa DeSantis, Palermo.

Después de hundirse en la bañera casi una hora, Iris se encontraba en una silla de respaldo bajo frente a Galilea y Dalila, deleitándose con música de fondo. Aunque no faltaba mucho la comida que iban a tener con Lydia, les trajeron pasabocas para picar.

—La verdad siempre pensé que ella ocultaba algo—dijo Galilea rompiendo el silencio.

—Creo que ninguna se esperaba eso de ella...

—Señoritas, ya está la comida en el jardín — notificó una de las mujeres que ayudaba en la villa. Dalila se apoyó contra el marco de la ventana y preguntó:

—Si es cierto que los Vólkov supieron todo sobre la misión en Montecarlo, si la tensión sigue con los Amuso y el hecho que los hayamos amenazado para que nos ayuden en el Código Fiore, si Lydia sigue causando problemas y los ataques de la "rosa blanca" continúan, ¿va a haber una guerra?

La fresa que Galilea se estaba llevando a la boca se detuvo.

—No hagas esas preguntas Dalila. Estarás llamando la mala suerte, ya quiero que Lydia sea exiliada y así librarnos de uno de nuestros muchos problemas.

—Sé que la quieres lejos, todos en la familia también—, inquirió Iris—. Pero debemos mantenerla cerca. Si ella se va de Palermo será más difícil mantenerla vigilada y que haga lo que se le venga en gana, no podemos darnos ese lujo.

—Mantén a tus enemigos cerca, recuerda Galilea. Paciencia.

—Paciencia es lo que no tengo con Lydia—, responde Galilea.

Iris se retorció en el asiento y levantó la mirada a sus amigas. Quería desviar la conversación, ya habían discutido múltiples veces sobre el tema de Lydia y ella no era merecedora de su tiempo.

—En el pentágono hablé con Vicenzo, me reveló cosas inesperadas... Mi abuelo Caín sabe de la "subasta de las diosas" y lo que sucedió después. Él fue el que nos ayudó a escapar.

Dalila y Galilea dejaron de argumentar para prestarle atención a su amiga.

—Ya decía yo que fue muy fácil.

—No fue fácil, Dalila —le dijo Galilea—. Pero es cierto, era extraño que no fuera tan difícil como pensábamos y encima que no nos hayan perseguido en todos estos años. Mucha coincidencia para ser algo normal.

—También me habló de que Hades fue posiblemente uno de los que organizó esa subasta, pero que no están seguros si fue por voluntad u obligación.

Dalila tomó del hombro a Iris e hizo que se volviera hacia ella.

—Eso no es cosa nuestra, si él llegó a ser un responsable sabemos cuál será su destino.

—No tendré piedad con él si fue un culpable, lo destruiré.

—¿A quién vas a destruir?—preguntó Lydia irrumpiendo en la habitación y la conversación.

—No es de tu incumbencia—respondió secamente Galilea.

Ella la miró de arriba abajo. No llevaba ningún anillo en los dedos, ya no poseía el anillo con el símbolo del clan DeSantis ni el de las Damas de la Mafia. Lydia notó la mirada crítica de Galilea y el cómo Dalila fingía como si no estuviera presente, no era bienvenida.

—Creí que ibas a esperar al almuerzo—dijo Iris yendo al tocador de su cuarto para ponerse el collar de rubí junto a los anillos que simbolizan distintas cosas, el anillo familiar de los DeSantis, el anillo de las Damas de la Mafia y los anillos de Hades. Nunca se los devolvió y cuando se ve con Adriano siempre se los quita para que no los vea, pero siempre usa el collar. Fue un regalo muy bello.

Lydia observaba como Iris trataba de abrocharse el collar ella sola y se ofreció solo para ver si realmente era el collar que Hades guardaba con tanto recelo. —No podía con la espera, me dijeron que era importante y aquí estoy —informó Lydia.

Iris le pasó el collar a la recién llegada y se levantó el largo cabello, pero Lydia solo miraba el collar que tantas veces le pidió a Hades y sintió rabia hacia su amiga. ¿Qué tenía Iris que ella no?

—Lydia, si no me vas a poner el collar yo misma lo hago—dice bruscamente Iris.

A pesar de que el collar fue dado por el posible responsable de su secuestro lo atesoraba con emoción sin saber por qué.

Lydia salió de su trance y rodeó el cuello de Iris con la cadena mientras la miraba con enojo a través de su reflejo en el espejo del tocador. Cuando lo iba a abrochar en su mente pasó una imagen de ella tratando de estrangular a Iris con ese collar.

—Venga ya, me lo pongo yo—dijo Iris harta de esperar. A este paso no iban a comer antes de que llegaran Hades y Leandro para ir a España. Iris quitó el collar de rubí de las manos de Lydia y esta última observó los anillos de Hades en los finos dedos de su amiga avivando nuevamente el odio.

—Joder, habla ya Lydia ¿a qué viniste? Si solo es para molestarnos la puerta está ahí—le habló Galilea.

—No te recordaba tan arisca con tu amiga.

—Y yo no te recordaba tan traicionera—inquirió Dalila.

—Pues disculpa señorita Perfecta—dijo Lydia elevando la voz.

—Lydia—interrumpió Iris—. Porque estés mal no significa que debas de tratarnos como la mierda. Entiendo como te sientes, lo hago. Hubo un tiempo en que pensaba que mi vida no me pertenecía, luego de que nos secuestraron creía que ya no lo era.

Las palabras de Iris fueron un detonante para Lydia, estaba sensible con toda la situación, el odio que empezaba a sentir por aquellas que considero amigas, sus celos y que sacaran a conversación el secuestro de hace cinco años no fue de ayuda para calmarse.

—¡Porque estabas dispuesta ante Alekai por protegernos cuando nunca te lo pedimos! Solo porque las cosas parecían imposibles.

—Si...

Lydia interrumpió. —Todas nosotras nos sentíamos mal y tu esfuerzo no sirvió de nada, porque a nosotras, tus supuestas amigas, tratamos de salvarte y terminamos con tu mismo destino.

—¡Tú crees que yo quise eso! Yo dejé que Alekai hiciera lo que se le antojaba conmigo para evitar que les hicieran lo mismo que a mí.

—No te hagas Iris. Solo querías quedar como la heroína, siempre quieres todo el crédito al igual que Dalila y Galilea

—Lo hice porque son mis amigas, mis hermanas. Dalila y Galilea hicieron todo lo que pudieron al igual que yo para que no sufrieras lo que nosotras, no queríamos que fueras torturada o abusada. Lo hicimos por ti, no por un estúpido reconocimiento.

—Pues ese esfuerzo no sirvió de nada. Su sufrimiento por lo que hicieron con ustedes solo nublaba su compasión, querían que yo estuviera en su misma desdicha.

—Nuestra compasión era por ti—grita Dalila.

Galilea interrumpió cuando las acusó. —¿Crees que nosotras queríamos que te hicieran todo eso sabiendo lo que se sentía?, ¡nosotras te protegimos! Estás cegada por el rencor y solo hablas a través de la herida.

— ¡¿Crees que ninguna de nosotras ha sufrido con lo que sucedió hace cinco años?! Tú estas en una cárcel invisible, pero te sientes igual que hace cinco años, llena de rencor por nosotras. ¿Nunca se te ha ocurrido alguna vez que tu cárcel es de tu propia creación? Las paredes se formaron en el minuto que decidiste traicionarnos cuando hemos dado todo por ti. Es el resultado de tus mentiras y engaños.

—Ahí está—respondió Lydia acercándose a Iris, Dalila y Galilea que se hicieron una al lado de la otra. —La ira que sabía que me guardabas, todas ustedes.

—¿Cuánto has esperado para que desquitáramos nuestra rabia contra ti y que nos sintiéramos culpables como tú deberías hacerlo?—elevó la voz Galilea.—No nos puedes manipular, ¿querías que nos sintiéramos culpables? Pues no es así.

—Hemos guardado este secreto por años. Nos hemos protegido todo este tiempo. Hemos sido amigas buenas y leales y ¿qué has sido tú?

—¡Fue un tiempo solamente! Cometí un error, —se defendió Lydia ante las acusaciones de Iris. Sabía que se refería a la situación de Hades.

—Fue una decisión.

—Todos tenemos decisiones —añadió Dalila.

—No todas las tenemos, yo ya no las tengo.—dice Lydia con la voz quebradiza.—Tu sí y siempre tendrás al igual que Dalila y Galilea porque son los prodigios de la organización. Y para personas como ustedes, ¿qué son los problemas de la repudiada? ¿O de alguien que solía ser su amiga?

Lydia da la vuelta queriendo salir de la presión que sentía en ese cuarto. Tenía demasiada rabia en su interior, traer el tema del secuestro no tenía mucha relación con su situación actual, pero era corroída por el odio y el resentimiento. En el fondo sabía que esas tres mujeres en la habitación la protegieron en el secuestro y que hicieron hasta lo imposible para evitarle los traumas.

—¡Lydia!—grita imponente Iris haciéndose espacio entre sus dos amigas para hacerle frente a aquella mujer que llegó a considerar como una hermana. Lydia solo paró dándose cuenta de lo que acababa de hacer. —Nunca me des la espalda. No solo fui tu amiga, soy más que eso. Yo soy tu superior, tu jefa —dijo con voz severa—. Me debes respeto a mí, a Dalila y a Galilea.

Lydia se voltea y ve los ojos furiosos de sus antiguas amigas. —¿Hay algo que necesite, señorita DeSantis? —dice seria y con los ojos cristalinos.

—Tienes razón, Iris. Es preferible mantener cerca a nuestros enemigos—le susurra Galilea, pero Lydia la escucha—Es mejor mantenerla a nuestro alcance.

—¿A qué se refiere?—pregunta rabiosa Lydia.

—Te quedarás en Palermo, no saldrás de la ciudad a menos que tengas un equipo de seguridad. Tu expulsión fue revocada.

—¡No pueden hacer eso!

—Ya es un poco tarde para eso—responde Dalila. Lydia solo les da la espalda y azota la puerta.

Algunos hombres de seguridad entran e Iris da las órdenes de no perder a Lydia de vista.

—Vigílenla mientras nosotras vamos a estar en España, no sale sin el permiso explícito del Don o el Consigliere, por favor.

—De acuerdo señorita DeSantis. También venía a decirle que el joven Hades Amuso y su amigo Leandro están aquí para partir a España, las están esperando en las camionetas que las llevarán al aeropuerto.

—Gracias por avisar, vamos enseguida.

Cuando Iris, Dalila y Galilea quedaron solas derramaron lágrimas silenciosas al ver cómo perdieron a su amiga.

—Ella se lo buscó—habla Galilea limpiando una lágrima—. No vale la pena que suelte lágrimas por una traidora.

—Olvidemos todo esto, ella tomó sus decisiones. Ahora hay que enfocarse en el presente.

—España aquí vamos —dice Dalila tratando de darle ánimos a sus dos amigas.

Todas ellas se arreglaron y organizaron un pequeño plan para sacar la mayor cantidad de información sobre la "subasta de las diosas" a Hades. En menos de veinte minutos hacen un par de llamadas, se arreglan y bajan a las camionetas para dirigirse al aeropuerto donde un jet privado con destino a Mallorca, España, las esperaba.

⌘

Mallorca, España.

El objetivo del viaje era conseguir el código Fiore para descifrar la memoria que le fue robada a la Bratva y tener acceso a información sobre el atentado en Atenas donde la madre de Iris y Hermes perdió la vida.

Todos los integrantes de la misión "código Fiore" estaban en dos vehículos camino al hotel. Galilea, Dalila y Leandro iban en uno, y Hades e Iris en otro. Todo fue obra de las Damas de la Mafia, Iris tenía que acercarse a Hades y tratar de averiguar si realmente tuvo algo que ver con la "subasta de las diosas".

—Vamos —, le ordenó Hades a Iris cuando se detienen cerca de la entrada principal del lujoso hotel.

Bajan del coche y Hades se encarga del equipaje hasta que un mozo acude corriendo, con gesto de sorpresa, sin duda no esperaba que llegaran tan tarde al lugar. Hubo ciertos percances, pero nada del otro mundo. Hades le lanza las llaves del coche al mozo.

—A nombre de Hades Amuso—dice.

El encargado asiente sin poder reprimir su alegría cuando sube al McLaren y arranca. Hades ubica las pequeñas maletas en un carro y se dirigen al vestíbulo donde ya están Galilea, Dalila y Leandro con cara de preocupación.

—Hermano, ha ocurrido un problema... Alguien canceló la reserva de la habitación de Iris y cambiaron la tuya por una cama matrimonial.

Iris observa a sus amigas que le guiñan el ojo, no fue un problema el percance de habitaciones, sino que hace parte del plan que armaron las tres mujeres con el objetivo de que Iris pueda acercarse a Hades y sacar la mayor cantidad de información posible.

—Tienes que estar jodiendo, Leandro—le dice Hades irritado.

Hades se acerca a la recepcionista. La mujer se le queda mirando. Naturalmente, Hades la intimida. Se ruboriza y tartamudea, quien lo diría Hades también llama la atención de las mujeres mayores. Iris solo pone los ojos en blanco. Hasta le tiemblan las manos a la pobre señora...

—Disculpe, señora. Ocurrió un problema con la reservación a nombre de los DeSantis, necesitamos otra habitación—, le notifica Iris. Tiene que fingir candidez a los cándidos, en este caso a Hades. —Quiero un cambio.

—Señorita, no hay ningún problema con su reservación. Están las tres habitaciones cada una para una persona y una suite matrimonial.

—Quiero cambiarla...

—¿Tanto me odias que no quieres estar en una habitación conmigo?, o ¿acaso temes a lo que te pueda causar?—le pregunta Hades a Iris tentándola. Luego se dirige a la mujer de la recepción—. La reservación está bien así, me podría dar las llaves.

Le entregan las llaves a Hades. —¿Necesita que le ayuden... con las maletas, señor?—pregunta la recepcionista con un rubor por su rostro.

—No, ya las llevaré junto a la señorita DeSantis.

—Están en la suite Olympus, señor, piso catorce. Las otras habitaciones se encuentran en el piso once y ya se les dio indicaciones a sus acompañantes. Nuestro botones les puede ayudar con el equipaje.

—Le repito, no hace falta—dice Hades cortante—. ¿En qué parte están los ascensores?

La recepcionista aún sonrojada les indica en qué lugar debían ir para luego acercarse a sus amigos.

—Recuerden que mañana tenemos que terminar de organizar el plan—avisa Iris a sus dos amigas y Leandro.

—Iris quiero descansar y si no te apuras no te abro la puerta—dice impaciente Hades.

—Se puede quedar en mi habitación—responde Leandro solo para irritar a su amigo.

—No.

Hades arrastra a Iris hacia el ascensor mientras le echa un vistazo al hotel, un vestíbulo gigantesco, majestuoso con muchos lujos, obras de arte, varios sofás, pero pocos residentes.

La suite Olympus consistía en tres grandes partes, un dormitorio con cama matrimonial, un salón comedor con un elegante piano de cola. Un salón principal con un candelabro de cristal y una chimenea. Una suite gigantesca.

—Bueno, la noche es joven y me apetece una copa, ¿quieres algo?—murmura Hades mientras termina de ponerle los seguros a la puerta.

Deja las maletas sobre la otomana del dormitorio que está a los pies de la gran cama King con dosel mientras Iris prende la chimenea para mantener el calor en la noche.

—Una margarita, por favor—pide Iris recordando cuando le dijo a Adriano que le iba a preparar unas margaritas y terminaron apuntándose el uno al otro.

Al cabo de unos minutos Hades aparece en el salón donde se encuentra el piano y la chimenea, deja la copa de Iris en la cola del piano mientras la observa mover sus dedos a través de las teclas inundando la habitación con una melodía suave y melancólica.

—Menudo día el que tuvimos hoy, ¿cierto?

Iris lo ignora dejándose llevar por la música durante un buen tiempo.

Harto de ser ignorado Hades agarra las manos de Iris. —Sabes se te da bien el ignorarme, pero al menos recibe la jodida margarita que te hice —habla serio para luego dejar a Iris sola en el salón y desaparecer por la puerta del dormitorio.

—Gracias— susurra Iris cuando lo pierde de vista.

Ella se queda tocando el instrumento hasta que se le viene a la mente la cena pendiente con Leandro, ¿por qué no adelantar su cena de amigos y así evitar comer con Hades?

—Hades, me das el número de Leandro —le dice entrando a la habitación y encontrarse a Hades sin camisa y recostado en el dosel de la cama.

—Y ahora si te dignas a hablarme.

—Por favor, me lo das o voy hasta la habitación de él.

—¿Se puede saber tu repentino interés en ser amiga de Leandro?

—No es nada del otro mundo, te lo pido amablemente.

—Bueno, te lo voy a dar, pero primero me gustaría beberme el brandy y luego, si aún lo necesitas te lo doy o te puedo convencer de hacer algo mejor que perder el tiempo con mi amigo.

Al ver que Hades no tiene voluntad de darle el número de Leandro, trata de pensar una forma de conseguirlo. Ella deja la margarita en una cómoda y se acerca al espejo para mirarse y analizar su apariencia.

—Hades, ¿crees que me veo gorda?—apenas esas palabras salieron de la boca de Iris Hades se mostró enojado al creer que Iris pensaba esas cosas de ella.

En la mente de Iris se decía cuan estúpido era su plan para conseguir el número de Leandro, pero fue lo que se le ocurrió.

—Debe ser la ropa que me hace ver así—dice empieza a desabotonar su blusa revelando la lencería que llevaba debajo mientras se mordía el labio de forma sutil y miraba como Hades tragaba grueso y se levantaba de la cama.

—Ay Iris, ¿en serio te preocupas por eso?—Hades se acerca a ella con esa mirada salvaje. —lo único grande aquí... es esto—le dice agarrando a Iris de las caderas para que sienta su entrepierna.

Iris da una vuelta para encontrarse con los ojos de Hades con un aura de deseo y algo más. Ella finge que va a besarlo y cuando ve que él cierra los ojos mete la mano al bolsillo del pantalón de Hades y corre al baño a encerrarse.

—Mierda, vuelve aquí Iris—dice golpeando la puerta del baño.

Iris agradece que el celular no tiene clave y busca el número de Leandro y se lo manda por mensaje. Apenas termina se abotona la blusa y sale del baño encontrando a Hades en el borde de la cama con su ceño fruncido.

—Gracias, guapo—agradece apoyando su mano en el hombro de Hades y le devuelve el celular.—Me voy a cenar.

Iris sale de la suite y llama a Leandro preguntando si le apetece cenar con ella.

Había pasado más de una hora desde que Leandro e Iris llevaban hablando. Cenaron en un ambiente agradable conociéndose un poco y descubriendo que tenían cosas en común. Compartieron varias rondas de copas e Iris se sintió en confianza con Leandro hasta el punto de hablarle de Adriano, lo más seguro era que Leandro le contara eso a Hades, pero no le daba importancia. Tal vez así Hades la dejaría en paz.

El teléfono de los dos estaba en silencio, pero los mensajes de Hades no paraban de llegar preguntando donde se encontraban. Estos dejaron de aparecer después de media hora dejándolos disfrutar la velada de amigos.

La cena duró casi tres horas y a las once de la noche Iris llegó a la suite Olympus creyendo que se encontraría a un Hades dormido, pero no.

—¡Atenea Iris DeSantis Onassis!

«¡Mierda!» Iris no quería discutir con Hades y viene él a llamarla por su nombre completo.

Iris apretó sus labios y se sostuvo de la pared, tenía sueño y aunque no estuviera demasiado borracha, las copas que tomó con Leandro ya la anestesiaron, se sentía relajada y sabía que si él la tentaba ella soltaría más información de la que debería.

Las luces se prenden y ahí estaba él bebiendo armañac mientras tenía una mirada asesina en su rostro viendo a Iris entrar a la suite como si nada.

Era un diablo puro del infierno, que vestía una bata de baño negra solo para completar toda la oscuridad, una mirada que te advertía y te hacía pensar tu próximo movimiento.

Iris le sonríe tímidamente, mirando hacia arriba a su alta estatura. —Hola, Hades. Buenas noches, Hades—dice adentrándose a la habitación dejando a Hades solo en la sala-comedor de la suite.

—¿Qué tal la cena?—preguntó Hades. Su aparente amabilidad provocó que Iris detuviera su paso y voltee a mirarlo.

Los pasos del tinieblo italiano son confiados y seguros mientras sus puños se mantienen cerrados, pero al acercarse a Iris empieza a dibujar círculos en su espalda.

Cualquiera que lo viera pensaría que son una pareja demostrando cariño, pero así no era Hades Amuso. Las cosas no funcionan así con él, ¿verdad? Siempre ha sido una persona indiferente. Él no es el típico chico entrañable que las chicas sueñan, ese no es su estilo. La posesión le queda mejor y él es uno de los maestros del juego prohibido.

Las personas del consejo sabían del percance que tuvo Hades con Iris. Vicenzo sabía que Hades estaba cayendo por aquella diosa de ojos esmeralda y todos aquellos que estaban al tanto de su situación podían pensar en el significado detrás de los pequeños círculos en su espalda. Poco a poco, el demonio italiano caía en el hechizo escarlata.

La verdad es que, no podría importarles menos la opinión de las personas en el Pentágono. Ellos querían seguir, pero Iris no estaba segura si Hades lo valía.

Todos sus sentidos estaban llenos de Hades. Su altura. Sus músculos que bien podrían estar hechos del material más rígido. La forma segura y sin esfuerzo en que la ha abrazado en sus encuentros pasionales.

Su fuerza y pasión en los encuentros siempre la ha dejado impactada. Hay algo en la forma en que la posee, en la forma en la que la reclama, en la que la carga, que es todo... un hombre dominante.

Y su aroma. Su maldito, limpio y adictivo aroma. Un aroma que despide lujo y misterio.

Con la cabeza escondida en el hueco de su cuello, Iris no puede resistir el impulso de inhalarlo y salvaguardar su aroma en su memoria. Parecía obsesionada.

Una puerta hace clic, luego se cierra. Iris levanta la cabeza. Suelta un suspiro cuando se da cuenta de que están en la habitación y no supo cuándo ni cómo llegaron ahí. El alcohol en su sistema y el jodido aroma de Hades la llevaban a una especie de limbo donde no tiene noción del tiempo o el espacio.

Iris parece un poco llevada hasta que vuelve su atención a Hades, que la ha estado observando atentamente. Sus cejas arqueadas mostraban una gran concentración como si tratara de descifrar el enigma que era ella.

Iris le parecía extraño que Hades fuera en excesivo amable, no se quejó, nada. Tan solo le preguntó cómo le fue y eso la descolocó. El breve momento de amabilidad y humanidad desaparece y la cara de póker aparece. Inicio la nueva partida.

Iris busca como salir de la habitación, ya no quiere estar con Hades, pero él está bloqueando la única salida.

Intenta alejarse de su cuerpo, pero su agarre letal se tensa alrededor de su cintura.

—Ey. Déjame ir, me dejarás marcas —Empuja su pecho.

—Entonces quédate quieta—le responde Hades.

—¡Déjame ir, Hades! No quiero.

—¿Por qué? No pusiste tanta resistencia al compartir habitación conmigo.

La arrogancia de este hombre era enorme.

—Eso quisieras, stronzo.

[Stronzo=Estúpido]

—Entonces, ¿por qué no te fuiste con alguna de tus amigas, mmm? ¿Para qué aceptaste venir para el "Código Fiore"?—Sus ojos grisáceos brillan en diversión y eso molesta a Iris.

Él la molesta. Lo odia.

Y aparentemente, la arrogancia también hace parte de Iris y sumándole que es vengativa como el infierno, le da una sonrisa burlona.

—¿Qué crees? Vine por mis amigas y por mi nuevo amigo Leandro, quería cenar con él y que mejor que aprovechar la noche española. ¿Pensabas que me iba a quedar aquí contigo por voluntad?

Sus ojos se oscurecen, pero sonríe de una manera escalofriante, enviando una corriente al cuerpo de Iris.

—Repite eso.

La tensión ardiente en el ambiente aumenta e Iris traga saliva.

—Adelante, principessa. Te reto a que vuelvas a decir eso.

No debería, pero ver el enojo en Hades la divierte. Considerando que el aura asesina que se arremolinaba a su alrededor, debería de callarse, pero así no era Iris.

—Fui a cenar con Leandro, ¿eso es lo que querías saber?

Sucede tan rápido que apenas se da cuenta de lo que hace Hades.

Él la tira sobre la cama y se arrastra encima de ella. Esto no es a lo que acostumbra Iris, ella siempre ha sido alguien dominante, pero el deseo que tiene por el físico de Hades la provoca hasta el punto de dejarlo.

Su respiración se vuelve entrecortada cuando nota la mirada enloquecida en sus ojos, una llama infernal en el centro de ellos. Es como si alguien encendiera un botón

Ella es la que lo encendió sin saber qué esperar después.

Iris se relaja debajo de su cuerpo. Sus hombros se tensan contra la tela de su bata negra y respira pesadamente como si hubiera hecho ejercicio.

Aprieta sus muslos juntos sin querer que vea el efecto abrumador que tiene sobre ella.

Porque en ese momento cuando todo es amenazante y aterrador, Iris no ve peligro.

Debería ser así.

En cambio, detrás de ese peligro hay otra cosa, Iris es ambiciosa y está ansiosa de poder descubrir los misterios detrás de la cara de póker para mirar detrás de ella.

La fama precedía a Hades e Iris pensaba que iba a encontrar aquel sádico que todos dicen conocer, incluso con todas las advertencias quiere descubrirlo. Quiere descubrirlo y aprovechar la debilidad que tiene Hades por ella para destruirlo desde su interior y hacerle pagar por hacer parte de su tormento que inició en la "subasta de las diosas".

Qué mejor manera de asegurar la caída de un imperio si atacas desde el interior.

Su mano alcanza su rostro trazando un recorrido sensual por sus facciones.

Hades anhela a la diosa debajo de él, quiere llevarla al límite y demostrar que están hechos el uno para el otro, el demonio italiano y la Dama Roja. La anhela. Quiero desatarla.

Si está condenada él quiere estarlo también, ¿en qué lo convierte? En un acosador, ambicioso, ególatra, amante, peón, rey...

—Parece que no entendiste cuando dije que no ibas a estar con Leandro, no sirvió de nada. —Su voz es demasiado tranquila mientras atrapa sus labios entre su índice y pulgar—. Te lo dije, principessa. Ya eres mía, así que deja de actuar de otra manera.

—No soy tuya.

—Eres mía, aunque lo niegues. Es un hecho, no una opción. No me importa una mierda si abrazas, besas o me niegues, en el fondo sabes que es así. —Susurra—. No puedes seguir así, me cansé.

—¿O qué?

Hades suelta una sonrisa sarcástica.

—No quieres saber eso.

—¿Por qué no? No eres lo suficientemente valiente.

—Sé mía y te convertirás en la reina de mi juego.

—Parece que te gusta ser rechazado, por tercera vez no. —Hades se acerca a Iris y pasea su lengua por sus labios. —No te equivoques, este no es tu juego, es el mío y si continúas con tus propuestas y te niegas a aceptar mi rechazo terminarás siendo el peón que puedo desechar cuando quiera.

Hades está furioso. No. Está enfurecido. Hades es el tipo que esconde su ira bajo capas de calma.

Decir que Iris no estaba inquieta sería una mentira, pero ella logra ver más allá de esa mirada asesina, ve la obsesión que tiene con ella. La forma en que parece tan físicamente decidido a poseerle. Ve la chispa.

El deseo infernal.

—No puedo creer que incluso en estas situaciones eres celoso, levántate.

Al ver que Hades no se mueve Iris lleva su mano a un punto de presión en el costado y provoca que Hades se retuerza de dolor y así poder escapar de sus brazos.

Hades se levanta de la cama luego de que el dolor parara y el nudo de la bata negra se deshizo con sus movimientos dejando a la vista un musculoso cuerpo con algunos tatuajes.

La forma en como Iris reaccionaba ante él estaba empezando a asustarla, pero más cómo él reaccionaba a ella. Ella quería enfocarse en otra persona, en Adriano, pero Hades se lo ponía difícil.

Era como si todos sus sentidos estuvieran divididos en dos, entre lo correcto y el deseo, entre Adriano y Hades. Estaban llenos de ellos dos.

Hades se acerca a su presa mientras aprieta su mandíbula, Iris está estática mirando las tormentas grises en sus ojos. Son turbulentos, hermosos y francamente terroríficos. Ahora, sabe por qué las tormentas llevan el nombre de personas. Hades es el claro ejemplo.

—¿Cuál vas a ser? —dice suavemente—. ¿Mi Reina o mi peón?

—Ninguna.

—Ninguna, ¿eh?

—No seré otra más en la lista, me niego Hades. Soy un ser humano con necesidades humanas y ser un juguete no está ahí.

Sus comisuras se elevan en una sonrisa.

—Necesidades humanas. Buena elección de palabras, podemos trabajar en eso.

Iris trata de apartarlo empujándolo por los hombros.

—Eso no es lo que quiero decir.

—Ya veremos... — Termina de hablar y sus labios reclaman los de Iris.

Cuando ella abre los labios para quejarse, Hades gruñe sobre su boca y la devora. Sus besos son avasalladores, pero de todos los que se han dado, este es primitivo y está fuera de control. Hades pasa los dedos por el largo cabello, suelta los mechones y asalta su boca.

El beso es salvaje y avasallador. Como si no hubiera besado a Iris desde hace mucho tiempo. Como si justo estuviera descubriendo nuevamente sus labios.

Los dos están en la fase donde sus pensamientos solo están dirigidos hacia la persona que besan y sus labios tentadores. Labios firmes pero suaves.

Labios y besos salvajes.

Iris estrella el cuerpo de Hades contra la pared. Las manos masculinas se amoldan a las suaves curvas. Sus manos encuentran refugio a sus costados y gruñe en su boca.

Iris se separa, respirando con dificultad, y jadea contra la esquina de la boca de Hades. Había esperado que él dejara ir su ira con el beso, pero es peor. Él tiene una bestia viviendo en su interior y ni siquiera se molesta en enmascararla.

—No tendrás más que eso, Hades —le dice con voz firme—. Me tocas sin mi permiso y juro que te mato y te corto en pedacitos y te doy de comer a tu padre. Cuidado.

Él levanta las manos y con esa advertencia disminuyó su libido, pero seguía ansiando a la mujer dominante que se acomodaba en la cama para dormir.

Hades la creía capaz de cumplir su advertencia y por eso mismo no cerró sus ojos durante una hora. Estaban tan cerca, pero tan lejos al mismo tiempo.

Iris tampoco cerró sus ojos, se negaba a dormir y el silencio la mataba. El alcohol continuaba en su sistema y eso la impulsó para abarcar la conversación.

[escuchen una de estas dos canciones: 1/ Home - Catie Turner. 2/ Falling Apart - Michael Black]

—"La subasta de las diosas", ¿sabes de qué hablo?—la voz de Iris se quebró. No hablaba de ese tema con nadie a excepción de sus amigas y tener que mostrar ese lado sensible de ella para obtener información la hacía recordar todo lo que vivió al lado de Alekai Vólkov, su obsesión por ella hasta el punto de convertirla su esposa, volverla su esclava, humillarla, ¿qué no le hizo el desdichado Alekai a la joven Iris de diecisiete años? Era un monstruo.

—Estoy dormido, pero si he escuchado de ella.

La mente de Iris recopilaba los momentos que vivió y Hades al no escuchar a Iris voltea a verla y ve cómo tiene su mirada perdida y sus ojos cristalizados.

—Vicenzo me dijo algo curioso sobre tu estadía con los Rossi... ¿Es cierto que organizabas las subastas?—le dijo mirándolo con mirada salvaje.

—¿Le crees a Vicenzo? Un hombre que por años le he sido indiferente y haría lo que sea por joderme.

Él no quería recordar sus momentos con los Rossi, repudia esa etapa de su vida y nunca hablaba de ella. Mientras Iris hablaba él solo la miraba.

—Por favor, dímelo. Necesito saberlo, tú tienes información que necesito.

—¿Qué mierda te dijo mi padre?

—Me habló de uno de los culpables de la noche donde mi pesadilla empezó—le dice Iris. —Quiero matar a los responsables, quiero verlos rogar por la muerte. Quiero acabar con cada nombre en la lista negra. No me importa quienes sean quiero acabar con ellos.

—¿Con quiénes?

—Con Alekai y cada una de las personas que fueron responsables de mi secuestro.

—Dime sus nombres y les enseñaré la muerte.

—¿Estás dispuesto a matarte por mí?—le pregunta Iris con una sonrisa calmada que genera terror.

Esa pregunta desconcertó a Hades, ¿en serio ella le creía las palabras a Vicenzo? ¿Pensaba que él tuvo algo que ver? Hades estaba un poco confundido, pero iba juntando las piezas llegando a la conclusión de que Iris fue víctima del tráfico humano de los Rossi y eso le provocaba malestar y ganas de revivir a Xavier Rossi para torturarlo y volver a matarlo.

—Tú organizaste la "subasta de las diosas", ¡tú me vendiste!—grita Iris y se monta encima Hades para agarrarlo del cuello. En ese momento solo quiere matarlo.

—¿Qué? —dice entrecortado por la falta de aire.—¡Te mintió! —habla cuando se deshace del agarre de iris volteando las posiciones y agarrándola de las muñecas para que no escape.—Yo nunca estuve de acuerdo con el tráfico humano, ¿crees que yo necesito vender personas para lograr cosas?

—Eres idéntico a Alekai, una persona infeliz que solo disfruta ver a las personas miserables—inquiere Iris con rabia filtrándose en sus palabras.—Lograste tu reputación por él y Xavier Rossi, sin ellos tú eres nadie. ¡Nadie!

—¡No me compares con él! Y todo lo que he logrado ha sido por mérito propio, no por ser el perro faldero de alguien.

—Suéltame, ahora.

—Cálmate primero y escúchame. No creas en ninguna de las mierdas que Vicenzo te metió en la cabeza.

—No creo en nadie más que en mi familia, mis dos amigas y yo. No creo en Vicenzo ni en ti, pero si me doy cuenta de que realmente tuviste algo que ver... destruiré todo lo que te hace feliz, con lo que te motiva, acabaré con todo lo que conoces.

Si supiera que Iris empezaba a ser aquello que motivaba a Hades, pero no es algo que deba saber.

—¿También a Leandro? Parece que disfrutaste tu salida con él.

—Es increíble, no dejas tus celos ni en estos momentos.

—No estuve involucrado en esa subasta. ¿Tan difícil es creerme?

—¿Tan difícil es aceptar las consecuencias? Tal vez aprendí a amar mis cicatrices, pero nunca olvidaré quien las causó.

—Me importa una mierda en quien confíes, pero ten por seguro que yo no la organicé. Píntame como tu villano. Píntame como tu monstruo. Porque incluso si puedo ser tu pesadilla más oscura, tu sueño más odiado. Todavía perseguiría tus pensamientos, como tú has perseguido los míos.

Esas palabras calaron en Iris, las lágrimas estaban a punto de salir. «No debí tomar, el jodido alcohol me pone sensible y hablar de mi recuerdo más doloroso aún más», pensaba Iris.

Ella suelta el agarre de Hades y trata de evadir su mirada para que no vea su vulnerabilidad. Se sentía idiota al llorar. Las lágrimas amenazan con brotar de sus ojos, pero no las deja. Porque después de todo, las lágrimas significan que ganaron y ella no está lista para perder.

—Lo odio, odio a Alekai. Lo quiero muerto—susurra Iris.—No quiero volver con él, por favor no dejes que me lleve.—le suplica Iris a Hades cuando voltea a verlo.

Aquel hombre sin sentimientos sintió la desesperación y el dolor en las palabras de Iris. No tenía claro lo que vivió ella, pero sabía que tuvo que ser algo muy fuerte para que la mención de su secuestro la pusiera así.

Hades se acerca a Iris y observa como su labio tiembla ligeramente y pone su mano en su nuca como si quisiera quitarse algo.

Ella sacude la cabeza tratando de aguantar el llanto y dirige su mirada al suelo, ¿qué sucedió con la mujer dominante de hace unos minutos?

Verla tan vulnerable hacía que Hades sintiera un nudo en su garganta y que sus ansias de cazar a Alekai aumentara, lo quería matar antes y ahora tenía muchos más motivos para destruirlo.

—No, no puedo volver a él... No quiero tener que estar lo que me queda de vida con temor a que vuelva y me encuentre. Por favor, no...

—Ey, Iris respira conmigo. No va a atraparte, no va a poner un pie en Palermo sin antes dispararle veinte tiros. No se va a acercar, nadie lo permitiría. Tu padre lo mataría.

—Son contadas las personas que saben de eso... entre esas está tu padre, el cual con gusto dejaría que me maten—, dice soltando una risa por la ironía—. Mi abuelo Caín sabe que me secuestraron, pero no puede hacer nada. Eso deja a mis amigas las cuales están igual o peor que yo, nadie más aparte de esas personas sabe...

—No tienes que decirme nada si no quieres.

—Déjame terminar—con cada palabra la voz de Iris se quiebra y contiene los sollozos—. Solo tú sabes. Sé que me odias. Sé que peleamos todo el tiempo. Sé que somos destructivos. Sé que apenas es el inicio de la tormenta. Sé que cuando nuestros demonios empiezan a bailar el mundo entero colapsa a nuestros pies, destruimos todo a nuestro paso. Pero te lo suplico, no dejes que me atrape, si Alekai me atrapa nuevamente, prométeme que me buscarás. Promete que dejarás los conflictos y me buscaras por todo el jodido mundo si es necesario, eres la única persona que tiene en su poder volver a destruirme o salvarme, por más odio que me tengas búscame.

Cuando Iris termina de decir eso lágrimas silenciosas salen, y el temblor en su labio no se detiene por lo que se muerde fuerte y un pequeño hilo de sangre sale y Hades lo limpia con su pulgar.

La noche en Mallorca comparte la tristeza de Iris y la preocupación de Hades, el cielo llora con la mujer y el viento descontrolado se mueve como la rabia que siente el hombre.

Un sollozo sale de Iris cuando cae de rodillas. Sus manos van a agarrar la raíz de su cabello y solo deja que las lágrimas caigan. Sentía como si estuviera sangrando al lado de un depredador, después de tanto tiempo era vulnerable ante alguien.

—Iris... —suspira tratando de buscar las palabras correctas—. No me pidas algo obvio, puede que te odio o al menos un poco, pero te juro que nunca caerás en las garras de Alekai, no mientras yo viva, yo... —el orgullo jugó con Hades, contuvo el impulso.

—¡Ya no puedo hacer esto!—grita Iris al sentirse tan vulnerable.—Jodida Lydia que trajo el tema a flote y me hace sentir culpable, la odio, la odio con todo mi ser.

—¿No puedes ver?— dice Hades tratando de aligerar el ambiente.

Iris aprieta sus manos en puño y ve la sangre oscura gotear de sus nudillos luego de golpear la pared, pero no siente nada. No siente el dolor, el ansia de lastimar, el amor. Nada. Pasos vienen hacia adelante haciéndola mirar hacia arriba.

—Suficiente—. Su voz es fuerte y grave.—Te levantarás.

Sus manos van por su cintura y la levanta, dejándola de pie.

—Mantén la cabeza en alto—. Inclina la barbilla de Iris hacia arriba con dos dedos. —Tu espalda recta—. Empuja en su espalda media para enderezarla. —Te secarás las lágrimas, limpiarás tu sangre y mostrarás a todos quién eres—. La mira profundamente a los ojos. —Máscara de hielo y mirada orgullosa.— la agarra de los hombros. —Eres fuerte. Eres poderosa. Eres una reina. Una diosa—. Sostiene su rostro firme con ambas manos. —Y una diosa nunca muestra debilidad. —Termina de decirle a Iris y coloca en sus dedos los anillos que habían caído al suelo.—Cuando la diosa dictamina órdenes, los demonios corren y los ángeles acatan. Tú crees que no eres capaz cuando las personas temen de tu potencial, no dudes.

Por impulso y por el alcohol Iris abraza a Hades sin siquiera pensar.

—Alekai es mi condena, mi castigo aquí en la tierra. Prefiero morir antes de volver con él. Si por algún motivo no eres capaz de salvarme de Alekai, si no hay forma de salir de su cautiverio... mátame apenas tengas la oportunidad, es más simple que me mates a que también te capturé a ti por tratar de sacarme de su infierno.

—Nada de eso va a pasar, tenlo por seguro—le asegura Hades e Iris lo aprietas contra ella con las pocas fuerzas que le quedan debido al sueño, sus lágrimas y el alcohol.—No me gustan las mentiras y te lo digo de una vez, no sé si pueda cumplir lo último que me acabas de pedir.

—Confío en ti, Hades. No me hagas arrepentir—. Las palabras de Iris son suaves como el viento que se filtra por las ventanas y que acaricia su piel.

—No voy a permitir que te hieran, no otra vez. No te van a matar, tu corazón seguirá latiendo, no parara. De ningún modo, sobre mi cadáver tu corazón dejará de latir antes que el mío. No soy un jodido romántico, no podré regalarte chocolates o flores, sino que te voy a regalar la cabeza de cada persona que te hizo daño. Lo juro, Iris. Iré hasta el fin del mundo contigo si es necesario.

Hades no escucha nada más de parte de Iris y siente el agarre flojo. Cuando la observa ve que se ha quedado dormida.

¡Gracias por leer!

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Los quiero.

¿Qué tal les pareció el capítulo?

Si tienen alguna duda, me pueden preguntar. Con gusto les respondo.

Si hay errores de gramática/ortografía/contexto, me los hacen saber, por favor.

Amé a Hades en este capítulo y lloré con la confesión de Iris...

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