El comienzo

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El comienzo

Mi traje estaba pulcramente prolijo en mi cuerpo, abrazando mi piel, la colonia masculina emanaba de mi sangre fría como ráfagas.

Senté mi trasero en el sillón negro de cuero, la habitación estaba oscura con una luz roja apenas alumbrando el sitio. A mi derecha otro hombre se sentaba cómodamente, como si estuviera en su lugar de confort.

Apreté mi mandíbula.

Matar, matar, matar. Gritó mi mente pidiéndolo a gritos.

Me recordé que no estaba acá por eso, que mi trabajo no era ese. Pero si interferían con mi objetivo, tal vez los asesinaría en un abrir y cerrar de ojos.

Estudie la cantidad de hombres sentados alrededor de la vitrina de vidrio frente a nosotros. Una pared que dividía la habitación entre los malos y los inocentes.

Trague saliva por lo que se avecinaba.

Estas cosas me enfermaban pero ¿quién era yo para decir algo? sólo era un hijo de puta más en la habitación .

El hombre a mi izquierda, un francés, que se encontraba sentado, y detrás de él, un hombre  que salvaría su vida si algo salía mal.

El hombre francés grito órdenes a su protector y acto seguido, prendió un habano esperando el espectáculo.

Recosté mi cuerpo en el asiento y conté las cámaras de seguridad que luego debería disparar en menos de un minuto. Sencillo pensé. No había la suficiente seguridad para acabar conmigo y con mi equipo. Llegaría con la chica, la dejaría en un auto y luego la llevaría a su dueño.

Recibir dinero, retirarme.

Chasquee los dedos causando que una muchacha se apresurara con pasos rápidos a servirme una bebida.

Jesús, quince años tenía, pensé cuando mis ojos estudiaron a la mujercita de pelo castaño . Sus manos temblaban mientras vertía el licor en el vaso.

No mire mucho tiempo en su dirección porque eso es lo que haría uno de estos enfermos pederastas. Los había estudiado durante tres meses para actuar como uno de ellos a la perfección.

La ventaja de todo esto era que no necesitaba matarlos yo mismo, mi único punto era la chica. Nash, estaba infiltrado. Tres sillones más allá de mi, en un traje idéntico al mío, haciendo de seguridad. El se encargaría de cerrar la habitación con llave mientras mataba a cada hijo de puta en la habitación. Todos los que estaba aquí, ya sea por primera vez o los que venían a comprar como si fuera una compra de supermercado, habían firmado su sentencia de muerte. Deberían estar contentos, porque sería una muerte rápida y sin dolor.

Podía sentir mis armas blancas punzando en mi pie, ingle y espalda baja. Armas que me había encargado de afilar y que te rebanarían como una rodaja de pan en menos tiempo del que tardas en tomar una inhalación.

Las luces se apagaron y sabía lo que se aproximaba. El ambiente era tranquilo, silencioso. Mi piel empezó a hormiguear con anticipación, mantuve mi respiración tranquila, pero mi pecho comenzó a martillar fuertemente preparándose. La adrenalina ya estaba presente en mi sistema, mi garganta protestaba por gruñir y soltar el sonido de apreciación mientras mataba a cada hijo de puta.

La voz de una mujer sonó por toda la habitación, palabras mecánicas fueron dichas. De reojo vi como el hombre a mi derecha sonreía mientras articulaba de memoria con su boca lo que los altavoces decían.

" Bienvenido, usted está a punto de realizar su apuesta. Se requiere silencio y concentración, una vez comprado no puede dar marcha atrás. Que disfrute"

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