Ella no quería que volviera a casa.
Cuando llegaba la hora, su corazón se agitaba y la sonrisa se borraba de su rostro. Se ponía tan tensa que se le caían las cosas de las manos.
Tenía miedo, mucho miedo porque sabía lo que iba a pasar.
El llegaría como todos los días, entraría golpeando las cosas y gritando como un desaforado, le diría; -me podes decir dónde carajo estuviste todo el día ? Te llamé cien veces y no me atendiste, que te pasa, me queres decir que te pasa a vos ? guacha de mierda, ya estoy cansado de esta vida de porquería, yo me mato laburando entendés, y vos te pasas el día con las putas de tus amigas, esas que te llenan la cabeza con mil pelotudeces, seguro que te presentaron un macho esas hijas de mil puta y te pasaste toda la tarde con el, por eso no me atendias.
Por eso ella no quería que llegara la noche.
La hora de la cena, era el momento más difícil, era cuando tenía que soportar todas las injurias y los abusos.
Lo que para otros representaba una reunión alegre en familia, para Claudia significaba un tormento.
Después de ofenderla y humillarla delante de sus hijos, cuando el cansancio y la borrachera lo vencían, se iba a dormir. Recién entonces la dejaba en paz.
Ella deseaba que durmiera hasta el otro día, que no se despertara, porque hasta le daba asco que la tocara.
Muchas veces lo miraba dormir y pensaba-donde quedó el hombre gentil y romántico del que alguna vez me enamore-
Tenía 17 años cuando lo conoció, desde aquella vez solo habían pasado 10 años pero a ella le parecía un siglo. Los surcos en su aniñado rostro, lo confirmaban.
Se sentía culpable. Su mente perversa, le hizo creer que era la razón por la cual el se transformaba.
Yo no soy así...vos sacas lo peor de mí, le decía.
No lo hablaba con nadie porque le daba vergüenza.
De esta forma, el gozaba de la impunidad que le garantizaba su silencio.
Cuando los que la querían y sabían de su sufrimiento le aconsejaban que lo dejara, respondía; el no es así, se pone mal porque tiene problemas en el trabajo- Siempre, encontraba una excusa para justificarlo.
Un día, después de una gran golpiza, lo denunció por primera vez. No sirvió de nada, un amigo de la familia tenía sus contactos y arreglo las cosas para que no pasara nada.
Cuando una vez, cansada de tanto maltrato se escapó a la casa de unos parientes, el la fue a buscar.
Con lágrimas en los ojos le juro que no iba a volver a pasar, una y otra vez le decía; mamita volvé por favor, vas a ver que ahora va a ser todo diferente.
Ella no le creía, si volvía, lo hacía por los chicos.
La tranquilidad, duraba unos días y luego regresaban las prácticas violentas.
Un domingo a la mañana, una amiga la acompaño al hospital, en un empujón que le había propinado, se golpeó en la cabeza y se abrió una herida profunda, la sangre no paraba de brotar, ese día, se asusto mucho, los chicos lo vieron todo.
Esa vez, la policía lo vino a buscar, cuando se lo estaban llevando, le gritó en la cara; te voy a matar hija de puta, vos no me conoces, no sabes de lo que soy capaz !
Dos días después, vino a llevarse algunas cosas, le contó con cara de arrepentido que se iría a vivir unos días con un amigo, le pidió que aprovechara ese tiempo, para ver qué es lo que pensaba hacer, porque de esa forma no podían seguir.
Que hipócrita pensó Claudia, lo hace ver cómo que yo soy el problema, su respuesta inmediata fue;
-Yo me quiero separar, te voy a dejar Gabriel, no quiero estar un solo día más con vos...me voy y me llevo los chicos-
Nunca había visto esa mirada, nunca tuvo tanto miedo de que cumpliera con sus amenazas. Se abrazo a sus hijos y lloro, lloro un largo tiempo.
Los días siguientes, transcurrieron en calma.
Un mediodía, salio del colegio en el que trabajaba y lo vio apoyado en su coche. Con una seña le indico que se acercara. Ella pensó que querría hablar, que trataría como tantas otras veces de recomponer las cosas.
Casi no llego a ver cuándo estrajo de entre sus ropas un arma y le disparó, la venganza estaba consumada.
La tenía en sus brazos cuando le dijo; -si no sos mía, no sos de nadie-
Luego la soltó y cayo al piso, en el medio de un charco de sangre. Sus tristes ojos miraban al cielo y sus pequeñas manos blancas parecían implorar.
Entonces algunos corrieron para tratar de ayudar, pero ya era tarde. Lo denunció tantas veces pero nadie hizo nada.
Una mujer mayor, al verla tendida, se inclino sobre ella y con lágrimas en los ojos murmuró; pobrecita, parece un ángel con las alas rotas.
YOU ARE READING
Un ángel con las alas rotas.
Short StoryUn domingo a la mañana, una amiga te acompaño al hospital, en un empujón que te había dado, te golpeaste la cabeza y te abriste una herida profunda, la sangre no paraba de brotar, ese día te asustaste mucho, los chicos lo vieron todo. Ella lo había...
