Querido, amado, dulce príncipe.
Se me escapan algunas lágrimas al pensarte,
¿En tus pensamientos aún soy partícipe?
¿O ya lo nuestro no es un amor al arte?
Quién me diría que tus ojos serían,
Mi dulce, suave, y lento camino a una perdición,
Dónde, quizás, no te encontraría,
Aunque te buscara con emoción.
Suelo llorar leyendo,
En nuestro amor, el perdón, y el silencio,
En un jardinero espacial,
En un príncipe acompañado en una torre,
Y una princesa que no paraba de soñar(te).
Se me escapan los suspiros,
Al buscar una pista entre tus cartas,
Al saber que no eres mío,
Qué entre mis dedos te escapas.
Quién me iba a decir,
Joder, quién me iba a decir que no sabría como soportar tanto amor,
Quién me iba a decir que no sabría decirte que no,
Que extrañaría (tanto, tanto) tus risas ahogadas,
Tus camisas apretadas,
Tus cafés en las mañanas,
Y una que otra llamada.
Quién me iba a decir que no lloraría contigo,
Sino por ti,
En las tardes, en las noches, en las madrugadas donde tú,
Tú, tú, tú,
Pensé que llegarías a figurar en mi almohada,
Figuras entre mis letras,
Me confundes, me desvelas,
Te veo tan claro,
Pero no, no te veo.
Te siento tan lejos,
Tan, tan lejos.
Quién me iba a decir que dedicarte un cielo,
Un cielo rosa, morado, azul,
Iba a ser una tortura cada vez que mirase de nuevo,
Dónde pensaba que estabas tú.
¿Cómo no maravillarme, príncipe, dulce príncipe,
Entre tus palabras, entre tus miradas, entre tus risas ahogadas?
¿Cómo no pensarte, querido, amor mío,
Entre mis noches, entre esas largos epílogos,
Si ya no estás conmigo?
Que nudo tan fuerte,
Tan doloroso,
El no poder verte,
El no poder enviarte un poema,
El pensar en perderte.
Te amo, bien lo sabes,
En esta vida, en las pasadas, en las futuras,
Donde aún no nos vemos, donde aún sé a qué sabes.
Porque, oh, mi dulce príncipe,
Nuestro amor es (o era, ya no lo sé) tan grande,
Tan extraño,
Tanto amor,
Que no lo era,
Qué era más que eso,
Que tenía más colores que en la primavera,
Y podía quemar más que el frío del invierno.
Dulce, querido, amado mío,
Hay tanto de ti entre la filosofía que me pertenece a mí,
Hoy mis dedos sienten la necesidad de escribir por ti,
Por la necesidad de ti,
Por las ansias de llamarte,
De gritarte,
“¡¿Por qué, príncipe, por qué?!”
De las ansias de perderme,
En tu filosofía,
En cómo sé que tus labios se movían,
Al pronunciar mi nombre,
En como memoricé como te veías,
Al llamarnos en las noches,
En esos veinte minutos de llanto, con pequeños segundos de risa,
En cómo mis dedos temblaban al tocarte una canción,
En cómo me encontraba cubierta,
De una extraña emoción,
De lágrimas de ilusión,
De deseos de una pasión,
De encontrarte, maldición.
Oh, dulce, querido, amado príncipe,
Aún te busco entre esos cielos,
Donde una vez, en descripciones a ellos,
Para sentirnos allí,
Fuimos partícipes.
BẠN ĐANG ĐỌC
Tres poemas a un príncipe.
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