Esa mañana, la brisa traía el frescor del lejano aire salino. Desde el balcón del hotel en que me encontraba podía ver el muelle por completo.
La misma brisa movía a los pequeños barcos, se podía decir que los hacia danzar sobre el agua. Pero ahí estaba tan grande como majestuoso, que llevaría su embarcación a Europa y junto a ella, yo.
La bocina resonó y sus chimeneas comenzaron a encenderse, la imagen que contemplaba frente a mis ojos era perfecta para una foto, aunque perdería la nitidez de sus colores. Inhale la última pizca de aire matutino que me causó un cosquilleo por la emoción que sentía de volver a casa. Me pregunté si mi familia me estaría esperando tan emocionados, como yo estaba por volver a verlos. Cinco años en la ciudad de Nueva York ya había sido demasiado para mí. Cuando me entere que uno de los transatlánticos partía a Europa, me apresure a comprar mi boleto. Y me regale la última vista de América antes de partir y no volver jamás, me hospede en el más modesto hotel con vista al mar, que para mi sorpresa se presenciaba el muelle.
Otro pitido más de la bocina me sacó así misma de mis pensamientos, cerré mi valija, corroboré que no hubiera dejado nada en la habitación, tranqué la puerta dejándole al recepcionista la llave. Adiós América, ya era hora de regresar a casa. Descendí a toda prisa por las escaleras, corrí al muelle esquivando personas por todas partes, la adrenalina que corría por mi cuerpo era impresionante incluso, me sorprendí a mí misma con lo rápido que corría llevando un vestido largo y cargando mi pesado equipaje.
De sopetón me choque con un joven y ambos caímos al suelo.
- Fíjate por donde vas - me espetó sin mirarme, mientras juntaba su carpeta con papeles del suelo.
- Lo siento - me disculpe. Se volvió hacía mí con brusquedad, de repente sus mejillas se tiñeron de un rojo rosa - Lo siento, no sabía que eras...
- ¿Una chica? - complete.
- Sí - me tendió su mano - permíteme ayudarte.
- La próxima vez procura fijarte bien a quién le hablas - le espeté. Abrió la boca para decir algo, pero la cerró enseguida. Ignorándole pase por al lado de él y me dirigí al imponente barco. Parecía diez veces más grande de como se veía desde el hotel.
Había una fila extensa para ascender a el, me sorprendí al ver cuantas personas volvían a Europa. Me coloque en la fila detrás de un hombre alto y espere. Observe mientras todo el muelle, coches lujosos de los cuales bajaban mujeres finas y caballeros elegantes, se estacionaban entre la multitud que llenaba el lugar, por otro lado, pasajeros de segunda clase saludaban a sus familias desde el barco. La tripulación subía a toda prisa los bienes de los pasajeros de primera clase. Niños jugando atraparse, amantes en despedidas interminables y al otro lado un grupo de jóvenes celebrando felizmente, riendo y gritando que se iban de América. Ojalá pudiera unirme a su repentina alegría, ''No es apropiado para una dama'' diría mi madre si estuviese aquí.
La fila se fue arrimando a la nave, en cuestión de unos minutos tenía siete personas delante de mí. Inesperadamente me recorrió un escalofrío, sentí como el pecho se me encogía junto con una angustia que me invadía. Me quede perpleja, no entendía el porqué de ese cambio brusco de emoción. Sólo sé que quería llorar.
- Señorita ¿Sube? - me quede mirando atónita al oficial - ¿Se encuentra bien? - preguntó. Deslizo sutilmente el boleto de mis dedos. Cerré los ojos para contener esas lágrimas que querían salir. Pero cuando abrí los ojos estaba llena de agua, a mi alrededor una neblina oscura similar al humo cubría parte del mismo y al mar. ¿Cuándo abordé el barco? ¿Por qué no lo recuerdo? Me entró un terrible pánico, miré hacia todas partes, no había nadie, absolutamente nadie, la niebla tampoco ayudaba mucho.
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un cambio en el destino
Historical FictionMarie es una joven artista que desea volver a su tierra natal con la emoción de no regresar nunca más a América. Pero todo cambia de improvisto cuando en un abrir y cerrar de ojos se encuentra abordo del transatlántico RMS Lusitania. Averiguar cóm...
