La grandilocuente discusión al otro lado de la puerta sacudió el polvo de los antiguos volúmenes almacenados diligentemente en la biblioteca. Las voces aumentaron cuando unos pies aparecieron en la barra de luz debajo de la puerta.
─ ¡Deténgase! ¡No tiene permiso de entrar allí! – La primera voz tenía el silbido hueco de un anciano. Contrastaba fuertemente con los tonos vibrantes de la joven que empujó la puerta para abrirla.
─ Tengo permiso para ir a cualquier parte. – Dijo la mujer, agitando un permiso en la cara del anciano. – No me dijeron que nada estaba fuera de los límites. Además, ¿No puedes sentir algo aquí? Lo sentí desde el pasillo, este lugar tiene un ambiente extraño. – La mujer apartó un mechón rizado de cabello rojo y señaló una gruesa puerta de madera al otro lado de la biblioteca. Múltiples cerraduras trenzaban la puerta, cada una adornada con amuletos y encantamientos. – Sea lo que sea, viene de allí. No podemos quedarnos sentados y esperar a que suceda algo.
─ ¡Señorita Beryl! – Farfulló el anciano.
A juzgar por su ropa, estaba claramente bajo la impresión de que los sumos sacerdotes parecían magos de cuentos, aunque pensó que no podía quitarse la barba ondulante.
Le tomó un tiempo pronunciar una oración debido a la voz de "mago susurrante" que empleó.
Beryl no se impresionó.
─ Ni un solo intruso ha entrado en esta bóveda en más de dos mil años – Continuó el anciano con pesada respiración – Su reputación le precede señorita Beryl. No dudamos de sus habilidades o de intuición, pero observe.
El sacerdote extendió la mano y acarició uno de los amuletos. Una pequeña nube de humo apareció en el punto de contacto y rápidamente retiró la mano.
─ Cuanto más malvada es la persona que toca estos hechizos, más fuerte es la reacción. – Explicó mientras se chupaba los dedos – Así que puede imaginar lo que sucedería si un demonio se metiera con una de estas cerraduras. Quizás sus miedos no tienen fundamento. Solo por esta ocasión. – Agregó apresuradamente.
─ ¿Miedos sin fundamento? Realmente no lo entiendes. ¿Verdad? Los demonios con los que luché fueron cuidadosos y astutos, podrían deshacer estos hechizos con los ojos cerrados – Los ojos de Beryl se ensancharon cuando desató la diatriba.
El anciano estaba consternado.
─ ¿Se refiere a estos hechizos?
Pero la atención de Beryl estaba en otra parte. Inconscientemente se tocó la clavícula, trazando una vieja cicatriz, la herida palpitaba de calor, sensación que solo se producía cuando estaba cerca del objetivo de su búsqueda.
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De repente sus instintos entraron en acción y empujó al anciano a un lado. Casi al mismo tiempo, Beryl sacó un enorme rifle antitanque de su soporte en su espalda.
El sumo sacerdote palideció.
─ ¿Qué está haciendo? ¡Soy un sacerdote! ¡No puede usar la violencia contra un sacerdote!
─ ¡Si quiere vivir, cállese y escóndase! – Siseó
Beryl agarró el rifle con ambas manos y giró para cubrir la puerta. El anciano consideró sus opciones y salió afuera de la biblioteca lo más rápido que pudo.
─ ¡Estoy lista para ti! ¡Sal! – Beryl desató una descarga en el portal encantado con un rugido.
Pero las balas plateadas se alejaron de su objetivo, en el último momento sus trayectorias fueron modificadas por una fuerza misteriosa.
Los diminutos proyectiles cayeron inútilmente al suelo de piedra. Aunque Beryl había estado esperando algo así.
Disparó otros tres tiros a la puerta, esta vez incrustándose en la madera.
─ "Orrruuuuuunnnn" – Una voz extraña aulló desde detrás de la puerta, que se hincho como si tomara una bocanada de aire.
El movimiento hizo saltar los amuletos de sus amarres, la madera se hizo añicos. La cicatriz en la clavícula de Beryl se puso más caliente.
─ ¡Sal, demonio! ¡Sé que estás ahí! – Beryl disparó unas cuantas rondas en el agujero oscuro donde estaba la puerta.
El disparó del rifle resonó en las paredes de piedra de la biblioteca, Beryl hizo girar el cañón en busca de un objetivo. Su pecho palpitaba ansiosamente.
─ ¿Dónde estás? – La adrenalina la inundó, intensificando el calor en la clavícula.
Beryl sintió que su espíritu de lucha ardía, calentaba, quemaba con más fuerza. De repente, Beryl se lanzó hacia un lado de la habitación, rodando en una postura de combate.
Una flor gigante de fuego floreció donde había estado parada. Las llamas ondulantes se convirtieron en una columna de rojo vivo, uniendo el suelo y techo con energía sobrenatural. De alguna manera era más que fuego del infierno desde el mundo demoniaco, obra de la magia. Beryl sonrió, fue exactamente el movimiento que habría hecho si fuera un demonio en busca de una táctica inicial.
─ "Orrruuuuuunnnn" – El hedor abrasador de la descomposición acompañó el aullido demoníaco.
La atmosfera se condensó, era espesa como algo que aplasta el alma y busca grabar la desesperación en las mentes humanas. Beryl se obligó a ignorar el miedo creciente y esperó un golpe de suerte.
─ ¡Ahí estas! – Apuntó su rifle y disparó dos rondas más.
Las balas plateadas cruzaron la oscuridad y atravesaron la forma demoniaca negra que había visto por el rabillo del ojo.
─ "Orrruuu-" – El rugido se interrumpió de repente, reemplazado por el estruendo de las losas temblorosas.
La biblioteca se agitó violentamente, Beryl se tambaleó en su lugar con incertidumbre, las vibraciones exageras hacían difícil pensar con coherencia, un grito inesperado escapó de sus labios. No tenía lugar donde correr, apretó la mandíbula y cayó sobre una rodilla.
El estruendo sacudió una lluvia de polvo de las vigas, pero se las arregló para ver una figura oscura que se deslizaba entre los escombros.
Estaba lo suficientemente cerca para golpear con los ojos cerrados. Beryl apuntó con su rifle y esperó el momento adecuado.
─ "Orrruuuuuunnnn" – El aullido atravesó el aire una vez más cuando una masa alquitranada emergió de la nube de polvo.
─ Hoy no, jefe – Beryl lanzó una descarga a la bestia.
Un grito inhumano resonó de dolor. La sombra era más grande que un hombre cualquiera, rodando con furia malévola.
Beryl ajustó su postura y notó que había disparado a las alas del demonio. La criatura la miró secamente y soltó una risa desagradable. Su espalda burbujeó con carne húmeda, que se convirtió en alas de reemplazo, se había regenerado instantáneamente, y entonces, Beryl se dio cuenta de que estaba sola.
El demonio se había hundido en las profundidades de la tierra; los violentos temblores deben haber sido la excavación de un túnel.
La mujer agotada se apoyó en su rifle, no podía hacer nada más que quedarse boquiabierta con torpeza.
Beryl dejó que su rifle cayera al suelo y examinó los alrededores, no solo la biblioteca había sido completamente destruida, sino también todo el templo. No podía ver una sola alma viviente, el sumo sacerdote era de pies veloces o estaba muerto debajo de los escombros.
─ Parece que te escapaste de nuevo – Murmuró.
Las viejas cicatrices ya no le quemaban ni le dolían, pero el fracaso provocó que le doliera el corazón. Incitando que comenzara a llorar, pero no era el final, era solo el principio.