Sus palabras resonaron en cada parte de mi cuerpo, estaba enfadado. Y me gustaba, me mordí el labio. Me miro enfadado por un minuto más, y luego a su rostro se asomó una sonrisa juguetona.
―Eres terrible Sophie Chassier... ―dijo riéndose.
Quise correr la mirada de él, e hizo más fuerza para obligarme a mirarlo tomando mi barbilla.
―Te dije que me miraras por favor, no me corras la vista. Te lo suplico ―dijo, casi en una súplica desesperada.
―No puedo... no… no puedo mirarte ―le dije, cerrando los ojos. Para aclarar mis pensamientos.
―Abre los ojos, por favor ―dijo, no me podía resistir a lo que me pedía ―. ¿Por qué no me puedes mirar? ¿Soy feo para ti? ¿Cuál es tu motivo por no poder mirarme?
―Frederick, ¿tú no te das cuenta de lo que provocas en mí? Y no, no eres feo. Eres hermoso, ¿sabes? Muy hermoso, me encantas, me vuelves loca. Pero me es muy difícil mirarte directo a los ojos. Por dos motivos, porque siento que tus ojos me juzgan, que me dicen a gritos que me conocen, tú alma me grita que me conoce, y segundo porque sé que eres imposible, y no puedo tocarte más que esto ―dije pasando mi mano sobre su camisa, sus brazos, y luego lo abrasé ―es frustrante no poder tocarte más que eso, me gustas mucho. Desde el momento en que bajaste de tu coche en mi casa, desde ese día, que ya estoy loca por ti. No puedo no mirarte, pero me tientas a hacer cosas, que... no puedo ―le dije, estaba frustrada, muy frustrada por eso. Quise pegarle a algo, pero me contuve.
― ¿Te piensas que para mí es fácil, Sophie?―dijo y suspiró ―. Me es muy difícil saber que a ti te puedo tocar menos de lo que tú me tocas a mí, saber que no puedo estar pegado a ti, o a una distancia escasa. Saber que no te puedo tocar, que no te puedo hacer mía, que no te puedo amar como quisiera, ni tocarte como quisiera... no puedo hacer nada contigo. Y no puedo ni siquiera avanzar, y quiero. Pero no puedo, hay algo en mí que me obliga a controlarme, y no quiero, no quiero controlarme. Quiero descontrolarme contigo, aquí, ahora, aquí mismo en este asiento de coche, pero tampoco quiero que sea así, Sophie, me gusta que todo sea perfecto y tierno. Y... es frustrante no poder hacer nada de lo que quiero. Más que... abrazarte ―dijo, y suspiró ―. Y tus ojos me dicen lo mismo, que te conozco. Sé que nos conocemos, nena. De otras vidas. Seguro, por algo, te encontré. Por algo, esperé a por ti. ¿Qué cosas quieres hacer que no puedes?―preguntó curioso.
―Por ahora, dos cosas. No puedo ni darte besos en la mejilla cuando te veo, porque es indicio de algo, y los rumores corren muy rápido como para arriesgar tu trabajo, además tú te pones tenso como una roca. Y... ―dije, mirándolo, cautelosamente, el seguía tomando mi rostro para que lo mirase, levante mi mano y con el dedo índice―, no puedo tocar esto ―dije, siguiendo el contorno de sus labios.
Y ahí, no me contuve. Empecé a llorar.
―No, no llores, mi cielo. Por favor ―dijo, sin soltar mi rostro.
Empezó besando mis lágrimas, y mis ojos.
―No llores, quiero que seas feliz. Feliz conmigo, sin importarnos nada ―dijo, y me sonrió ―. Por favor ―insistió― y me pongo tensó cuando besas con mis mejillas porque me agarras desprevenido. No estoy acostumbrado a eso.
No pude más que asentir, era muy tierno, y cuando me suplicaba su rostro parecía tan niño. Suspiré.
―Está bien ―dije, intentando calmarme ―. Seré feliz contigo. No lloraré ―dije, y sentí el nudo en la garganta. Mierda.
―Sophie... ―dijo él.
― ¿Si, Frederick?―pregunte curiosa.
― ¿Puedo hacer algo?―dijo, y rozó mi mejilla con sus dedos, provocando que se me pusiera la piel de gallina, sonreí.
YOU ARE READING
Hasta mi muerte.
Romance"Se suponía que tenía mi vida planeada, que ellos la habían planeado. Amadeo sería mi esposo, y yo su mujer para respetarlo, muy en contra de mis instintos. pero, por ser una persona posesiva, se equivoco. Conocí al hombre de mis sueños, a mí alma g...
