A unas horas de viaje hacia el sur desde el último vestigio de civilización humana, cruzando el valle y siguiendo el cauce de los ríos Hidris y Arge sobre un prado que se extiende hasta los límites del continente se encuentra escondida entre unos árboles una humilde cabaña de madera construida a mano.
Por la posición del sol se notaba que lo alcanzaba ya la hora del mediodía y en buen tiempo, el hombre regresaba a su cabaña con una sonrisa unas liebres que había cazado temprano cuando a unos metros de la entrada escucho un grito desgarrador, en reacción automática dejo caer todo y corrió desenfundando el cuchillo.
Al entrar a la cabaña con los nervios ardiendo y el corazón palpitando encontró a su mujer comenzando la labor de parto. El momento paso y ambos rieron, ella se recostó y el volvió a buscar las liebres y los bártulos de cacería.
Almorzaron un buen estofado de liebre y entonces ella se volvió a recostar y él que no dejaba de observarla con sus ojos llenos de aprehensión comenzó a preparase.
¿A dónde vas? – pregunto ella con un rostro de incertidumbre.
Iré a buscar a la matrona para que nos ayude querida, temo por tu vida y la del bebe, este lugar no es el mejor para dar a luz y no puedes viajar en ese estado – dijo cálidamente, aunque en sus ojos la severidad era absoluta.
No, no puedes irte tan lejos, y menos a buscar a una bruja, ¡si te ven con ella te mataran!
Acerco una mesita al lado de la cama con una fuente con agua y toallas, en otra le dejo algo de comida y agua que beber.
Se donde esta, la he rastreado por todo este tiempo, el viaje no es largo, solo me llevara seis horas.
Sin mediar palabras el hombre salió de la cabaña, subió a su caballo y se encamino al norte a toda velocidad, cruzo un precario puente hacia el margen exterior del Hidris y continuo sin mirar atrás ni detenerse, si todo salía bien para el anochecer ya estaría de regreso.
El hombre cabalgaba ligero, solo llevaba su espada y algunas provisiones, el viaje en si mismo era corto, pero peligroso y las horas se le extendían infinitamente culpa de la angustia que sentía por dejar a su mujer sola en esta situación, pero lo hacia por ella y el bebe. Conforme avanzaba por el llano entre la montaña y el rio, noto que una tormenta se dirigía camino contrario, hacia el sur, rezo para regresar antes que ella.
Al cabo de aproximadamente tres horas, y siguiendo la ladera de las montañas encontró los humedales, era la zona donde sabia que la matrona se ocultaba, la investigación que durante meses había estado llevando a cabo en los alrededores y pueblos cercanos lo llevaban hasta allí, pero nunca había cruzado el límite de la zona.
Desmonto el caballo y ambos avanzaron a pie, despacio, la tierra era blanda y el barro y los charcos de agua abundaban, el cuidado al andar debía ser preciso para no hundirse, o peor aún, ahogarse. En el cielo la tormenta estaba aun presente pero no parecía dignarse a hacer nada mas que ocultar el sol, lo que le daba un aspecto lúgubre al lugar.
Anduvieron largo rato buscando rastros de pisadas o indicios de vida, pero el terreno irregular y la vegetación alta hacían que la labor fuera imposible, árboles secos, vegetación alta, roedores y criaturas reptantes lo rodeaban allí donde se dirigía. El hombre comenzaba a pensar que no encontraría nada y que todo había sido en vano, pero siguió avanzando y adentrándose en el asqueroso terreno mientras la tarde observaba como se le agotaban las horas y el miedo hacia nido en su corazón.
A la tarde la siguió el anochecer y el viento de la tormenta trajo consigo una niebla espesa que aumento la hediondez del sitio hasta un punto nauseabundo, no dejaba de pensar en su amada y en lo mal que había obrado, con pesadumbres decidió emprender el regreso, pero la niebla había tornado el húmedo y desolado terreno en un laberinto extraño, donde los sonidos y las imágenes se desdibujaban en espectrales invocaciones del inframundo.
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Las Crónicas Del Destino
Fantasíaprimera parte del primer capítulo sobre una novela que aborda el viaje de la humanidad para encontrar su camino en el mundo mientras tratan de discernir si sus actos les pertenecen o forman parte de un plan superior.
