Don't be late

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- Finalmente somos libres.

El reloj sonaba como un eco en medio de un denso silencio como la niebla. Donde las emociones se sientan a todo vapor.

- Bienvenido a casa. Solo somos tú y yo -dijo la japonesa con un tono melancólico-. Solos. El mundo es nuestro. -agregó abrazándose así misma.

De la nada, el cielo comenzó a rugir por la llovizna que caía sobre la casa. El tic tac cada vez sonaba menos por cada gota que caía en el techo.

- No, no lo es.

Noodle levantó la mirada, confundida.

- Entra al auto.
- Esto no está terminado. - setenció.

Noodle lo miraba, intentando leer su mente pues no entendía lo que pasaba. Parecía como si se hablara así mismo, ya que se hallaba sentado en un rincón, abrazando a sus rodillas hasta el pecho.

- ¿Qué?

Stuart miró al techo, perdido entre sus pensamientos. Le dolía. Dolía mucho.
Sin embargo, le causaba tanta ira...

- A pesar de que el niño está muerto, sigo viendo rojo, -murmuró- solo soy un caparazón de su forma que su inocencia derramó.
- Vivió un buena vida y te la dió.
- Oh, ¿Eso es cierto? Sabes que no es verdad.

Ella solamente lo miraba frunciendo el ceño. Mientras que Stuart hacía lo mismo.

- Míralo bañado en sangre y flores. Ahora mírame a los ojos - se levantó el peliazul encarando a la chica-, él todavía tiene el poder después de años y lágrimas confrontando sus miedos...

Volvió a mirar el suelo, tomando sus mechones azules frustrado. Dolido. Temeroso.

- Está muerto en su registro, para que el mundo escuche y todos pensarán "Eso fue un suicidio". Pero Noodle, lo sé, fuiste tú por dentro.
- Lo salvé, lo sostuve hasta el momento en que murió -dijo la chica molesta.
- Lo estrangulaste fuera de tu propia maldita mente -respondió mientras se acercaba poco a poco a ella-, le prometiste el mundo a él, una maldita mentira.
- ¿Qué quieres de mi?
- Oh, mira afuera, tú misma.
- No te ayudaré a derribarlo. -dijo con indiferencia.
- Bueno...

Dejó de caminar quedando a pocos centímetros de ella.

- Lo haré yo solo -gritó. Se dió la vuelta para ir enseguida a la puerta. Quería estar lejos de ella, de él, de todo.

Noodle, no dejaría ir a su amigo de nuevo ya estaba lo suficientemente herido como para dejarlo ir otra vez.
Por lo que lo tomó del brazo diciéndole seriamente.

- No lo necesitas.
- Oh, sé que lo necesito -quitó el peliazul su brazo con brusquedad. El pecho le dolía como si le clavaran una estaca.
- Él se fue hace años, sé que puedes vencerlo.
- ¿Y tú qué sabes? -volteó a mirar a aquellos ojos verdes- Sin mirarnos en el espejo, somos uno en el mismo. Tengo miedo de estar cerca de él. Pronunciando su nombre con espíritus derrotados pero me dejas matarlo. Eres peor que Murdoc -gritó enfurecido, de nuevo acercándose a ella de manera amenazante.
- Te dije que terminaras. Te dije que todo fue mejor. -dijo con temor.
- Entonces te tengo que culpar por todo este dolor en mi pecho. -la tomó con brusquedad del cuello de la camisa levantándola hasta su altura.

Los ojos de Noodle se cristalizaron por las lágrimas que estaban a punto de salir, más no lo permitió.

- ¡No!
- Si no vas, -la soltó- lo haré para vengar el alma que maté.
- Estás llenando tu corazón de odio. Todo igual como el niño que acabas de dejar boca abajo en el pavimento.

¡No! ¡No! ¡No! ¡NO!

- Es hora de que haga una declaración. Una pena que la ciudad nos haya arruinado, podríamos haber engañado a Hollywood apenas el dos de nosotros. - cerró los puños hasta dejar blancos sus nudillos. Sentía el nudo en la garganta- Pero... Murdoc nos ha engañado.
- Estás perdido.

Uno, dos, tres, cuatro...

- ¿Para esto es realmente el amor? -volteó dejándose caer de rodillas.- ¿Esto es lo que obtengo por ser tuyo? El niño frente a mi con sangre y sangre...

Cinco, seis, siete ocho...

- Años desperdiciados por todo lo que odio. Todos sabrán el destino de Murdoc, ese espectáculo está por comenzar. No llegues tarde.

You're Lost Donde viven las historias. Descúbrelo ahora