Capítulo 1.

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Mi nombre es _____ (tn) _____ (ta) y tengo 11 años. Mi cabello es medianamente largo de un color negro brilloso, mis ojos marrones son muy expresivos a mi parecer y una piel blanca como la luna. Mi rostro se encuentra lleno de pecas que se multiplican cada vez que un rayo de sol posa sobre mi cara.

He recibido mi carta para Hogwarts. Ustedes se preguntarán qué es, les explico. Es una escuela de magia e hechicería donde asistimos los jóvenes magos para desarrollar nuestras habilidades mágicas.

Vengo de una familia de sangre pura, mis padres pertenecen a Hufflepuff. Son las personas más honestas, justas y trabajadoras que jamás conocerán. En cambio yo, he intentado copiar sus buenos accionares pero de todas formas, mi carácter es más fuerte que mis buenas intenciones.

—Hija. El desayuno ya está listo. ¿Llevás todas tus cosas? —mi madre pasó por la puerta haciéndome señas de que bajara las escaleras.

—Si má, está todo. —me senté en la punta de la mesa y tomé un sorbo del té.

Mis padres estaban algo inquietos, se notaba en sus miradas que deseaban preguntarme algo.

—¿Seguís teniendo la misma idea en mente? —se atrevió a decir mi padre.

—¿Qué saldré sorteada en Slytherin? Sí. Pero recuerden, no todas las personas de esa casa son malas. Simplemente cuidan lo que es suyo, como yo.

Mi padre asintió mientras leía el periódico, sabía que estaba en lo cierto. Cuando acabé mi desayuno me dirigí a cepillarme los dientes, era hora de partir. Mis padres me acompañaron hasta la estación Kings Cross y seguí sus indicaciones para llegar al andén solicitado, el andén 9 3/4. Debo decir que atravesar una pared me revolvió un poco el estómago, el hecho de sentirla a unos centímetros de mí, me dio escalofríos.

—Porfavor escríbenos. Y _____, quedes en la casa que quedes, cuéntanos. Te apoyamos en lo que sea. —mis padres me dieron un fuerte abrazo acompañado de un beso en la frente.

Subí al tren en busca de un lugar vacío, lo cierto es que no soy una persona muy conversadora. A pesar de eso, no quería dar una mala impresión.

—Bueno, creo que entraré aquí. —me acomodé en el asiento junto a la ventana y logré dedicarle un saludo a mis padres antes de partir.

Apenas pude inhalar y exhalar un par de veces que alguien interrumpió mi calma. Era un niño de mi estatura, cabello rubio platinado peinado hacia atrás y una sonrisa algo infantil pero contagiosa. Él no estaba sólo, lo acompañaban otros dos más grandes.

—Ya no quedaban lugares vacíos. —dijo extendiendo su mano. —Hola. Mi nombre es Draco Malfoy y ellos son Crabbe y Goyle.

—Hola. Soy _____. —me corrí aún más así uno de sus amigos podía sentarse a mi lado.

—Se nota que no eres de conversar demasiado. ¿Ya sabes a qué casa irás? Nosotros a Slytherin, ya viene de familia.

—Mis padres son Hufflepuff. —enseguida se le notó una decepción en la mirada. —Pero, soy la oveja negra de la familia. Te aseguro que les haré compañía en Slytherin. —sus ojos volvieron a posarse sobre mí.

—Esto va a ser interesante. —lanzó una pequeña risa y los otros dos lo acompañaron en la acción.

Durante el viaje nos hicimos preguntas acerca de cómo recibimos nuestras cartas, a dónde solíamos ir en vacaciones, cuáles eran nuestras actividades favoritas etc. Debo admitir que Malfoy parece un buen chico y no me vendría nada mal bajar del tren con una amistad nueva.

—Al parecer ya llegamos. —una leve frenada hizo que mis cabellos se posaran sobre mi rostro.

—Yo creo que sí. —di un pequeño soplido.

Bajamos con nuestras manos vacías ya que el equipaje sería transportado automáticamente hacia el castillo. Nos dio la bienvenida un hombre muy alto, Hagrid. ¿Que cómo lo conozco? Mis padres se encargaron de informarme de algunas cosas, les gusta el hecho de que esté preparada.

—Hagan grupos de a cuatro para subir a los botes, iremos por aquí hacia el castillo. —Draco me hizo seña para que lo siguiera y nos subimos a un bote junto a Crabbe y Goyle.

Debo admitir que una sensación de felicidad me invadió el cuerpo, estaba todo oscuro y a lo lejos se veía el comienzo de algo completamente nuevo para todos. Al girar para observar el agua, noté que Draco estaba agarrándose fuertemente del asiento.

—Ah bueno, Draco Malfoy ¿tienes miedo? —alcé una ceja.

—Sí. No sé nadar. —lo noté verdaderamente preocupado.

—Ven, será nuestro secreto de amigos. —lo incité a que entrelazara mi brazo con el de él. Durante el resto del viaje nos mantuvimos de esta manera y él pudo disfrutar del trayecto.

yuanfen, draco malfoy y túPříběhy, které tě pohltí. Začni objevovat