Tu madre tenía razón.
Tu madre tenía razón.
Tu madre tenía razón.
Las palabras martillaban mi cabeza. Las voces de mi cabeza no paraban de repetirlas mientras pensaba en mi ruptura con Alex.
'Has sido una idiota. Una ridícula y completa idiota'.
La rabia contenida me estaba invadiendo y amenazaba con salir en cualquier momento. Seguí corriendo en dirección a casa.
Necesitaba esto después del mes de mierda que tuve. Alex me dejó, perdí el trabajo en Frikki's, perdí el concierto de Adele. Nada iba bien.
Corrí otro tramo hasta visualizar los primeros bloques de edificios de mi zona. Vivía en una zona privilegiada de Nueva York. No podía quejarme en este aspecto. Además, tras la ruptura con Alex, él se había marchado dejándome claro que el apartamento ahora era mío, y de esta manera, también los gastos.
Llegué sudorosa y jadeando a la puerta de mi edificio. Saqué el juego de llaves del bolsillo izquierdo de mi chándal y abrí el portal. Ya dentro, procedí a llamar al ascensor cuando mi móvil vibró. No le presté atención.
Mientras esperaba al ascensor, mi mente entró en una especie de viaje astral. Las imágenes de los primeros días en este edificio con Alex aparecieron. Recordé la primera vez que entramos en este portal. Yo llevaba un vestido de lunares azul celeste. Estábamos muy emocionados. Esta sería nuestra primera casa de unas cuantas más. Recuerdo lo feliz y asustado que se veía Alex. La asesora inmobiliaria trató de solventar sus miedos diciéndole que le iba a encantar la casa.
El ascensor hizo su aparición y yo me metí sin dejar de pensar en todo. Pulsé, casi automáticamente, el número dieciséis sin mirar. El ascensor comenzó a elevarse llenándome aún más de recuerdos. Me acordé de los besos que Alex y yo nos robábamos mientras nos íbamos a nuestras respectivas clases, de las veces que él me ayudaba a terminar de vestirme por las prisas, de los cafés y las risas. De todo.
El ascensor se detuvo en mi planta y se abrieron las puertas. Salí con el halo de tristeza que me invadía desde hacía días. Todo era silencioso. Todos eran recuerdos que debía borrar de mi memoria porque lamentablemente ya no se darían.
Metí la lleve en la cerradura y abrí la puerta de mi apartamento.
Vacío.
Silencio.
Soledad.
Tristeza.
Todas estas palabras inundaban cada metro cuatro de estancia. Todo estaba tal y como lo había dejado antes de salir a correr por el Central Park. Dejé el juego de llaves sobre la cómoda y me acerqué al baño. Necesitaba una ducha fría.
Media hora después, con el mando a distancia en una mano y con una buena porción de pizza en la otra, intentaba dar con una buena serie que me ayudara de olvidarme un poco de mi mierda de vida. Opté por F.R.I.E.N.D.S, aquella serie que una vez me enamoró cuando apenas era una cría de tres años. Traté de revivir la magia que había cada vez que mi madre la ponía.
Una hora después, había acabado mi cena y estaba acurrucada en el sofá con un paquete de clinex llorando como una magdalena. Ver ciertas escenas de la serie me hicieron acordarme de Alex. La espina aún dolía —y mucho—, porque era relativamente reciente.
Alex y yo llevábamos un mes separados. Habíamos roto un sábado y se había marchado este mismo día con la otra. Como estaba cabreada, empaqueté toda su ropa y las metí en cajas de cartón. Esperaba a que viniera a recogerlas el día siguiente, pero esto no pasó. En vez de eso, dos días después, mandó a su amigo George a recogerlas. Recuerdo que me enfadé muchísimo cuando le vi.
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El Jefe (The Boss)
Non-FictionUna soltera y reservada joven que acaba de terminar sus estudios de posgrado, se ve intentando enmendar su vida tras la ruptura con su pareja. Su mejor amiga le contacta una cita a ciegas que cambiará el rumbo de su vida... ⚠️QUEDA TOTAL Y ABSOLUTAM...
