primera metaphora

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Era nuestro primer último día de clase. 

Como cada curso, todos los alumnos de segundo de bachiller entrábamos en el gimnasio ese día entre risas y nerviosismo. 

Allí, estaban profesores y miembros de la dirección dispuestos a contarnos que íbamos a trabajar muy duro, que nos pusiéramos las pilas y que nos lo tomáramos en serio porque a final de año teníamos la selectividad. Ese examen para el que nos preparaban toda nuestra escolaridad y que, según ellos, determinaba el resto de nuestras vidas. Ese primer día, nos creímos todo lo que salió de sus bocas, sabíamos en nuestro interior que era inevitable afrontarlo. 

Sin embargo, nadie sospechaba que todo iba a ser una inocente mentira.

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