DESCONOCIDOS

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El día era cálido, el cielo estaba despejado y el sol lucía en todo su esplendor. Al parecer el verano llegaría pronto y con el un nuevo comienzo. Emma estaba sumamente emocionada por su primer día de clases; se alistó como de costumbre, desayunó con sus padres, tomó su mochila y fue directo a la universidad.
Su hermano solía llevarla, pero esta vez quiso tomar el autobús.

Cada vez que ella viajaba en autobús le gustaba admirar el paisaje por la ventana; quedaba absorta en sus pensamientos mientras escuchaba música en su celular. La gente subía y bajaba en cada parada, ella solo los veía pasar y se preguntaba cuál era el destino de cada una de ellas.

Soñadora y risueña, mientras estaba en su trayecto, imaginaba escenas que nunca pasarían pero que sin duda alguna no le molestaría que en algún momento sucediera.

Mientras el autobús avanzaba, una parada se acercaba llena de extraños; este se detuvo y el chofer procedió a cobrar los boletos de cada uno.

Emma volteó y sus ojos percibieron una mirada cautivadora; quien la portaba tenía un rostro sereno e imperturbable, demostraba seguridad y altivez. Media talvez 1.73, su cabello negro y lacio lucía sedoso. Ropa deportiva, tenis negros, mochila verde y una maleta beige, todo indicaba que era atlético. Tomo su boleto y prosiguió a sentarse. Ella lo vio pasar con aires de grandeza, sin duda alguna había quedado impactada por aquel chico de buen parecer. 

Bajo del carro, siguió su camino, llegó a la universidad y tomó sus clases.
Solía sentarse junto a su mejor amiga Olivia. Olivia era una chica inteligente y bella, amigable pero con un carácter circunspecto. Emma y Olivia compartían sus secretos y bromas, habían cosechado una gran hermandad con lazos fuertes.

Pasaron los días, vivía su vida con normalidad, iba y venía de la escuela a su casa. Hacía su tarea y estudiaba arduamente. Al llegar las vacaciones cumplió con su servicio social junto a Olivia pero algo sucedía; no podía olvidar aquél chico de mirada penetrante, habían pasado cerca de 2 meses pero su rostro quedó impregnado en su memoria.
–¿Emma sucede algo? —pregunto Olivia
–No es nada, es sólo que... ¿A que se referirán cuando dicen amor a primera vista?
–Mmm, no sabría decirte. Que ven a alguien e inmediatamente se enamoran, supongo.
–No mi estimada alumna —respondio un profesor que resulta ser todo un personaje. Alto y de cabello largo; ojos medianos y serios, el cual eran enmarcados con unos lentes; su complexión no era robusta ni delgada, más bien musculosa. Tenía un gran carisma pero al mismo tiempo con un fuerte carácter. Generaba confianza entre sus alumnos.
–Entonces... —Contesto Emma, habida de una respuesta concreta.
–Se refiere más bien al gusto. Antes de enamorarte, la persona tiene que gustarte. A veces no suele pasar en un primer instante.
– Sinceramente sigo sin entender.
–Imagina que vas caminando por la calle, y entonces ves a alguien... Y solo de verlo te gusta físicamente, puede generar en ti cierta atracción o incertidumbre. Ese es el amor a primera vista.
–Entonces existe el amor a primera vista —Menciono Olivia un poco entusiasmada por la plática
–Si y no. El amor no se va a dar con solo ver a la persona, el amor se construye y va naciendo, conociendo sus gustos, metas, miedos y emociones, pero... Como acabo de decirlo, puede gustarte alguien con solo verla.
–Tambien dijo que no solía pasar en un primer instante.
–Asi es... Es como cuando tienes un amigo con el que llevas una amistad de muchos años, pero con el paso del tiempo te das cuenta de que te gusta.
–Vaya... Parece ser algo complicado.
–No lo es, siempre y cuando sepas hasta donde quieres llegar. Pero bueno... Se supone que estaban haciendo tarea, no se que hacen platicando.
–Lo mismo me pregunto Profe Push, usted vino a interrumpir nuestras actividades.

El profesor se dirigió a su escritorio no sin antes desordenar los archivos que había acomodado su alumna por aquella respuesta insolente.

Emma quedó perpleja ante los comentarios de su querido profesor; pudo descubrir que es lo que sentía estos últimos 2 meses pero aún así no tenía idea de como extenuarlo.

–Emma ¿A qué va esa pregunta que hiciste?
–Sabes hace tiempo me pasó. Solo lo ví y me gustó. Pero fue una vez.
– ¿En dónde?
–En el autobús, pero no sé nada de él. Se subió, pero no lo he vuelto a ver.
–Tal vez ahora que regresemos a clases lo encuentres nuevamente.
–Eso espero...

El tiempo pasó, las vacaciones acabaron y Emma estaba emocionada pues tenía la incógnita de si lo vería nuevamente o no.
Nunca antes había despertado tanto temprano, se bañó, se arregló, desayuno tan rápido que su madre quedó impresionada; pero es que no había tiempo que perder.

Tomó el autobús, eligió su asiento; como era su costumbre a lado de la ventana, se puso sus audífonos y espero pacientemente la siguiente parada.
La gente subió, el carro se estaba llenando y no veía señales de él. Su esperanza se había acabado; hasta que una persona se paró a lado de su asiento vacío y se sentó, cuando vio de reojo se dió cuenta que era aquella persona cuyos ojos la habían deslumbrado. 

Bus love Where stories live. Discover now