PIE IZQUIERDO
Me cepillaba el cabello, cuya largura llegaba hasta los codos, y lo recogí en un moño bajo. Prefería no mostrarlo aún. Vestida con el uniforme del instituto, solté un bufido: Ashhh, ¿cómo podían ajustar tanto esta falda? Parecía que buscaban que las alumnas pareciéramos pinturas en exhibición... Gran analogía, Ilein. O más bien, que sacaran su modo "perra sensual".
Me colgué la mochila al hombro. Las paredes de mi habitación eran azul marino, igual que la mayor parte de la casa. Fue mi petición que tuviera este color, aunque debía comprar cosas para adornarlas: cuadros, portarretratos... algunas fotos para las visitas. Tras cruzar la puerta, la cerré fuerte sin querer y me encaminé al instituto. Era la regla estricta establecida por mi tía Amos: «Camina para ir y regresar; debes controlarte cuando conduces».
Sí, la respetaba... a mi manera. No se me daba muy bien eso de obedecer; era una especie de rebelde culta. La carretera hacia el instituto era una ruta tranquila y solitaria, rodeada de vegetación.
—Sé que vamos al mismo instituto —dijo una voz masculina a mis espaldas, sacándome de mis pensamientos.
Vaya, qué sorpresa.
—Lo adivinaste por el uniforme, ¿verdad? —respondí sin girarme de inmediato. Por favor, confío en que eres inteligente, voz detrás de mí.
Me giré para verlo. Estaba detenido sobre su moto blanca, habiendo levantado la visera del casco. Tenía los ojos de un azul claro muy vivo y una sonrisa amable, sin ningún tipo de mala intención. Le dio un par de palmaditas al casco adicional que llevaba amarrado. Sí, te veo, chico.
—Tengo otro casco, sube. Es un tramo largo a pie —ofreció de forma completamente desinteresada y hospitalaria. —Llegaré caminando, gracias —fui amable al responder y proseguí mi camino.
¡Aunque en el fondo sí quería obedecer, sííííí!
—Bueno, el ofrecimiento sigue en pie para cuando te canses de caminar. ¡Nos vemos en clase! —dijo con energía antes de acelerar.
El no conocer a nadie y no tener vecinos cercanos era un alivio. Lo disfrutaba de manera sana, sin necesidad de montar fiestas ruidosas. A estas horas, mi padre estaría levantándose apresurado por alistarse en poco tiempo. El trabajo lo hacía desvelarse, aunque él jamás rechazaba una jornada extra. Extrañaba la versión buena de sus recuerdos, pero a veces, al pensar en mi pasado, una sombra difusa me llenaba de amargura. Mi tía Amos no comprendía que no iba a lograr que me vistiera como una "señorita": nada de vestidos, faldas ni maquillajes para parecer deseable.
Llegué al edificio y encontré los pasillos desiertos. Miré la hora en el celular.
—Maldición, es tarde —murmuré apresurando el paso.
Recorrí tres largos pasillos hasta dar con la quinta puerta. No había ningún conserje a quien preguntar. Toqué dos veces. Al abrirse, me recibió una profesora joven. Le mostré mi hoja de inscripción. El labial morado le quedaba muy bien.
—Estudiante nueva. Soy la maestra Monson —dijo con voz dulce, indicándome que pasara.
Me adentré en el aula y tomé asiento en la última silla libre.
—Nueva estudiante: Ilein Farcas —anunció.
¡Demonios, odio que hagan esto! Saqué un cuaderno y un bolígrafo negro para ponerme a hacer garabatos.
—Ilein, soy Alex —murmuró una voz cordial a mi izquierda.
Volteé discretamente: ¡era el rubio de la moto! Noté tres lunares seguidos dibujados verticalmente en el lado izquierdo de su cuello. Me dedicó una sonrisa franca y de camaradería, con una calidez transparente que me hizo relajar los hombros.
KAMU SEDANG MEMBACA
So Stay
Aksi«Se supone que todo sale bien cuando está planeado... pero todo se está yendo a la mierda. Pues bien, ahora pongo de mi parte como un jugador en esta vida, o quizás solo como alguien que busca un poco de diversión. Cuando prestas atención a las seña...
