Se que no es la manera más común y adecuada para comenzar una carta, pero quisiera, haciendo uso de mi sencilla educación formal, decirte hola antes que nada, para luego continuar. A continuación de tal sencillo e inverosímil verso, y tratando de no perder la cordialidad, quisiera decirte varias cosas, que me agobian sin cesar. Quiero decirte que te extraño mucho, aunque sin ponerle cantidad, pues no hay medida para definir lo mucho que anhelo tu compañía, solo decirte que noche tras noche eres mi último pensamiento, la protagonista de mi más añorado recuerdo, y es que no me puedo negar ni a mi mismo que te quiero, y que es debido a eso principalmente la razón por la que tanto te pienso, tal si fueses el más grato momento de una larga vida llena de innumerables momentos todos eclipsados bajo el más puro reflejo del brillo de mis ojos cada vez que te deseo. Y es que no hay palabra más conveniente para describir lo que por ti siento, ya que mentiría si dijera que junto a ti no me veo, cada vez que me vienes a la mente, ya sea a tu lado, a tu espalda, encima, abajo o de frente, da igual la posición y el lugar mientras sea la fuente de tus placeres. Extraño mucho tu sonrisa, desde la más inocente hasta la más profunda, y no se me va de la mente y del tacto de mis dedos la sensación de acariciarte disfrutando de tu cuerpo, mis labios extrañan los tuyos pero por suerte o por desgracia tienen la compañía de mi piel extrañando tus manos, extrañando el roce de tus cabellos, hasta las gotas de sudor que emanaban de tu cuerpo. Creo que podría describirme como un círculo de ayuda y rehabilitación, donde cada parte de mi cuerpo, cada sentido, cada recuerdo, se ayudan mutuamente a superar esta adicción que tengo por ti, y es que nada más sale de mi cada vez que pienso, que las ganas que tengo de volver a estar junto a ti. Probablemente ya sólo sea el vago recuerdo de un momento de tu vida, y sea en mal momento que te hago llegar estas líneas, pero pidiéndote mil disculpas te confieso que algo debía hacer con todo esto que aún siento, me di cuenta que no fueron en vano todos esos meses conociéndote, pues sirvieron de antecedente de estos sentimientos, ya que cada letra y cada segundo que me regalaste se convirtieron en algo más, no creo que sea necesario decirlo. Aunque si me gustaría confesar, que a través de este tiempo, se han generado en mi oscuros y turbios pensamientos, deseando violar tu mente y abusar de tus instintos, y venerar y disfrutar de tu cuerpo milímetro por milímetro, disfrutando de tu más profunda y placentera libertad, aquella que me demostraste el día en el que íntimamente estuvimos. Quizás sólo sean dos páginas en el libro de mi vida, esto que estoy viviendo por ti, aún siendo difícil soportar la cruel injusticia del destino, pero créeme que lo hago sin forzar mi mente, pues es mi corazón quien dicta, y yo como esclavo escribo. Trabajo me ha costado asimilar que nuestro encuentro se ha hecho imposible, y se que que una extraña sucesión de actitudes inexplicables las que han podido separar mi imagen de tu mente hasta el punto de hacerte insoportable la idea de verme y escucharme, y si es por tu felicidad lo aceptaré diariamente. Alguien dijo una vez que lo más intenso del amor no está en gozarlo sino en recordarlo, pues nunca un amor vivo nos da la verdadera sensación del amor, es matandolo, y es después de muerto, que con el perfume de sus recuerdos embalsamado toda nuestra vida, y así será en la mia cada vez que te recuerde, quizás constantemente, o quizas solo por momentos. En fin, si al declinar de una tarde te embarga la soledad, y tu alma, tu mente, y hasta tu corazón sienten la proximidad de mi imagen, no te atormentes pensando que te he olvidado, ni me aborrezcas pensando que te he abandonado, pues siempre estaré en cualquier lugar pensando en ti y amándote como nunca te han amado.
