Primer día de clases

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Faltaban cinco minutos para las 7, la ceremonia de apertura iba iniciar en tan solo cinco minutos y como siempre a Kobe le había cogido la tarde. Kobe era un joven de cabello alborotado, ojos vivaces y una complexión atlética, básicamente porque siempre estaba corriendo para llegar a tiempo.

Antes de iniciar clase le habían hecho énfasis en la puntualidad que era una de las normas más importantes de la nueva preparatoria a la que iba a asistir. Lastimosamente para él, no había pasado los exámenes de ingreso en la anterior escuela a la que iba, ni tampoco a ninguna otra. Por lo tanto tuvo que entrar a esta extraña preparatoria, era esta su última oportunidad de no ser un desecho humano. Habían rumores muy extraños de esa preparatoria, no había ningún requisito para entrar, pero según decían muy poca gente se graduaba de allí, pero la que lo conseguía, se convierte casi automáticamente en gente importante, altos ejecutivos, políticos, generales incluso grandes científicos y pensadores.

—¡Maldita sea! ¿por que siempre me tiene que coger la tarde? puse 10 alarmas 2 horas antes para evitar esto. - Gritaba Kobe, mientras corría presurosamente hacia su nueva preparatoria.

La entrada de la preparatoria era gigante, con una puerta de más de 5 metros de altura y 60 metros de ancho. Eran cuadradas y se notaban lo pesadas que eran. Justo a los lados el nombre de la institución en grandes letras de oro y marfil, con algunos toques de piedras escarlatas que les daban un aspecto majestuoso, pero al mismo tiempo violento y un poco sangriento, casi diciendo, a la cima solo se llega derramando sangre.

Kobe no tuvo tiempo de observar la imponente y atemorizante entrada, pues cuando llegaba, vio a uno de los profesores cerrando semejante portón usando solamente sus brazos.

—¡Altooooo! ¡Ya voy a llegar! - Gritó con todas sus fuerzas Kobe, mientras se tiraba de cabeza hacia la puerta.

No se podría decir si fue debido a la velocidad de Kobe o que el maestro tuvo compasión de él, pero pudo atravesar la puerta.

—Muévase o no llegará a la ceremonia, está a punto de empezar, es en el coliseo que se ve desde aquí. —Y apuntó con un enorme y regordete dedo a un coliseo gigantesco, el cual tenía una altura de más de cinco pisos. — Así no durará ni el primer bimestre. — Dijo el imponente maestro mientras movía la cabeza de forma negativa.

Kobe estaba tomando aire tirado en el piso, se puso de pie de un brinco y se dirigió al imponente coliseo.

Dentro había una cantidad ridícula de estudiantes. Todos miraban a su alrededor y pensaban ¿cómo les darían clase a tantas personas? Cualquier estudiante que no hubiera podido conseguir un cupo en las demás preparatorias del sector, intentarían entrar a esta, la cual no pedía ningún requisito, básicamente allí estaban los peores estudiantes de todo el país. Al pensar esto Kobe no pudo evitar suspirar, recordar las lágrimas de su madre y la decepción en los ojos de su padre lo habían llevado al borde del abismo, esta era su única oportunidad para redimirse, de hacerlos sentir orgullosos por una vez en su vida.

De repente una voz de mujer hizo que el bullicioso escenario se pusiera en total silencio. Kobe no alcanzaba a ver quien hablaba pues se encontraba muy lejos y los demás alumnos no dejaban ver.

—Buenos días a los nuevos estudiantes, nos alegra darles la bienvenida al centro de educación Badb-Dagda. La primera regla de la institución es la puntualidad, todo el que llego tarde hoy está expulsado. Las clases empezarán puntualmente, cualquiera que llegue tarde no podrá entrar sin excepción.

Al oír esto Kobe no pudo evitar tragar saliva. La voz siguió hablando.

—En nuestra institución, ustedes pueden entrar a cualquier clase que deseen, el único requisito para graduarse es cumplir con un número de créditos bimestrales, no habrán notas ni exámenes, solo deben asistir a las clases necesarias. Al oír esto la mayoría de estudiantes se emocionaron mucho. Tenían el año ganado, solo les tocaba asistir, ni siquiera tenían que prestar atención.

El lidStories to obsess over. Discover now