Prefacio.

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El grito.

Ese sábado no parecía diferente a los otros, ni siquiera hubo algo irregular, como una lluvia inoportuna, o un auto mal estacionado en la acera que no permitiece la entrada al garaje. Todo en ese barrio clase media estaba tranquilo, hasta que se escuchó un grito.

Un grito que hizo que gran parte de las personas que lo escucharon  tuviera unas de las mayores olas de pánico que tendría en su vida.

Un nombre que resonó por todos  lados, pero que no todos hasta ese momento conocían, pero luego se convirtió en el nombre más escuchado en toda esa localidad del sur de la Florida.

Mariam.

Theo se dejó caer al suelo de la habitación de su hija. Después de un tiempo se enterraría que no fue el único que grito su nombre, sino que su esposa que dormía plácidamente en su cama, todavía sin enterarse de nada, también grito tan fuerte, y al unisono de su esposo, que parecía que provenir una sola persona agonizante. Luego se creería que ese grito era de la chica antes de que sus padres la asesinaran, cosa sin sentido porque ¿Quien en su último aliento gritaría su propio nombre, en vez de pedir ayuda o gritar el nombre de su agresor? Pero algo que esa comunidad no creía era que ambos padres gritaran el nombre de su hija al mismo tiempo y de esa forma sin revisar la casa o llamar a los amigos de la chica. Muy sospechoso todo el asunto.

Hasta la propia policía los estuvo en vigilancia constante hasta que el caso se enfrió. Pero las personas no olvidaron este día y menos el matrimonio Vasiliev que acababan de perder a su hija.

¿No les parece curioso lo que estas insignificantes ondas de sonido pudieron provocar?

Solo fue un grito, lo que marco el inicio que todo cambiaría para esta familia y su aparentemente apacible comunidad.

Mariam Stories to obsess over. Discover now