El agua fluía.
El agua fluía por la fuente de Atenea, que se encontraba en la casa de los Leganti. Alan, observaba fijamente el agua salir del escultural cuerpo de la diosa. Se hallaba sumergido en sus pensamientos; mientras sus mejillas se llenaban de lágrimas.
Mario, el dueño de los pensamientos del joven, de sus lágrimas, y de sus mayores creaciones; el que le dio sentido a la palabra amor, su musa.
Hoy que te has marchado amor, hoy que me dejas con los labios de sabor salado: porque saben que jamás los volverás a besar; hoy que mi cuerpo ruega de nuevo tu toque: ese que me convertía en alguien más, tal vez en alguien como tú; hoy que cada uno de mis pensamientos escapa de mi cuerpo para buscarte, hoy que más que nunca estoy maldecido por algún día haber experimentado el cielo: porque lo hemos convertido en el infierno; hoy que sé que la pena no se irá jamás, hoy más que nunca te amo. Te amo a pesar del fuego que quema mis entrañas, apesar de ahogarme en mis lágrimas, apesar de estar tan roto gracias a tu amor: porque solo tú puedes romperme y repararme. Porque solo tú le das sentido a la palabra amor.
Me era imposible dejar de llorar, las lágrimas brotaban sin descanso de mis ojos; mientras quemaban todo a su paso, destruyendo lo poco que quedaba de mi, enseñandome: que el amor es la arma más peligrosa, y la cura más grande de todas; dejándome el alma débil y el corazón destruido; haciéndome sentir vivo.
