Capítulo Uno

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El Comienzo De Una Gran
Historia.

— ¡Madre! —Exclamé al despertar, con lágrimas resbalando por mis mejillas luego de haber tenido esa espantosa pesadilla, en la que solo recuerdo fuego devorando todo a mi alrededor.

— ¡Elizabeth! —La puerta de mi habitación se abrió rápidamente, dejándome ver la silueta de una mujer. Por un segundo sentí un pequeño destello de esperanza, ¿Tal vez podría ser ella? Era lo que anhelaba en ese momento, solo quería verla una vez más—. ¡Elizabeth! —Llamó nuevamente aquella voz—. ¿¡Estás bien!? —Cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad y pude detallar mejor aquella silueta, las lágrimas no tardaron en llegar acompañadas por un nudo que se asentó en mi garganta.

— Tía Macready —Dije con voz entrecortada. Solo pude lanzarme a sus brazos y llorar cómo lo había hecho hace más de una semana. Mi Tía correspondió rápida y fuertemente, tratando de hacerme sentir segura, pero la realidad era que nadie lograría hacerme sentir tan segura como lo era antes.

— Todo está bien, ya estoy aquí —Dejé de respirar por unos segundos y más lágrimas vinieron. La imagen de mi madre llegó a mi cabeza repitiendo esas mismas palabras después de un mal sueño.




— Ugh —Suspiro irritada en cuanto alguien choca conmigo. Desvío mi atención hacia la persona responsable de interrumpir mis pensamientos o más bien recuerdos, y observo a una niña con una expresión triste y cabello corto de tono castaño rojizo.

— Lo siento —Susurra algo avergonzada mientras baja la mirada.

— Oh —Suelto intentando apartar la imagen de mi yo pequeña para intentar ver a quien realmente tengo en frente—. No pasa nada, ha sido culpa mía —Le digo esbozando una pequeña sonrisa. Acerco una mano y levanto un poco su rostro logrando así contagiarle mi sonrisa por unos instantes.

— ¿Me permite sus boletos? —Pregunta la encargada de recoger lo nombrado anteriormente. Levanto la mirada y noto como ella extiende una mano hacia mí. Asiento y le entrego lo nombrado—. Todo en orden —Declara permitiéndome avanzar.

— Gracias —Digo dando un par de pasos hacia el tren.

— Joven, avance por favor —Me detengo al escuchar como la encargada llama a alguien. Al girar noto que la pequeña no está sola, un chico rubio la acompaña sosteniéndole la mano. Lo observo unos instantes y noto que su mente está distante—. Sus boletos —Pide alzando un poco la voz para llamar su atención, pero no funciona, él tiene la mirada perdida. Bufando una chica de tez clara y cabellos oscuros frente a mí intenta quitarle los boletos, pero le es complicado ya que estoy en medio. En un intento por hacer que reaccione paso mi mano frente la cara del chico, al instante parpadea y, al notar la mirada molesta de la chica y la mano extendida de la encargada, entrega los boletos. La joven me sonríe en forma de agradecimiento y avanza junto con un chico parecido a ella aunque algo más bajo.

Sin pensarlo dos veces me aparto un poco para dar paso al chico rubio junto con la pequeña niña para que sigan a la joven, pues parece que vienen juntos. Al pasar a mi lado me dedican un gracias con una sonrisa. Antes de entrar al tren la pequeña gira hacia la estación en busca de alguien, su madre seguro. Los observo durante unos segundos y logro percibir la tristeza en sus ojos. En un intento por animarla, el chico rubio se agacha a su altura y le susurra algo inaudible para mí. Luego, ambos se adentran en el tren.

Me tomo unos segundos e imito a la pequeña. Giro y logro divisar a mi abuela saliendo de la estación. Suspiro y entro al tren.

Al hacerlo, una ola de niños y jóvenes me recibe pues están por doquier y, aunque era algo que esperaba, me sorprendo un poco, incluso dudo por un segundo de la capacidad del tren. Echo un vistazo a mi alrededor y veo a los cuatro chicos de antes, que al parecer familiares, estrecharse en una ventana para despedirse de alguien mientras el tren comienza su marcha.

Tʜᴇ Gᴜᴀʀᴅɪᴀɴ Oғ Fᴏᴜʀ  '𝑃𝑒𝑡𝑒𝑟 𝑃𝑒𝑣𝑒𝑛𝑠𝑖𝑒'Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora