Sabado en la noche. Nubes haciendo espacio en el cielo. Niños jugando en las sombras del edificio. Rayuela. Alcohol. Fiesta. El elevador empieza a trabajar. El portero deja de vagonear. Suena el reloj. Los golpes en la puerta, no se hacen esperar.
— Aguarden un momento, enseguida voy.— A Gabriel, le estaba costando levantarse de la cama. Habia agotado sus fuerzas para organizar esta fiesta y ahora no le quedaba nada reservado para jugar al anfitrión.
Los invitados, se suponía, iban a llegar hasta media hora mas tarde, pero como hay gente impuntual, también hay personas que llegan antes del tiempo pactado, lo cual tambien esta mal. Estos invitados, aunque pocos, se iban acumulando en la puerta de entrada. Eso sí, los que estaban, estaban muy impacientes. Empezaron golpeando la puerta y tocando el timbre como siempre, pero al cabo de unos minutos comenzaron a impacientarse mas y apoyaban las bebidas en el suelo, porque se les congelaban las manos, chismorreaban, recibian quejas de vecinos que salían preocupados sin saber que estaba pasando, habrían los snacks para espantar el hambre, etc. Pero Gabriel, seguía sin levantarse de la cama, el motivo, aún no lo sabemos.
Le dolía mucho la cabeza, pero no tenía fiebre ni jaqueca; se sentía cansado, pero no había hecho ejercicio ni había estado ordenando. Se preguntaba que podía tener, que le generase semejantes sensaciones, como para no poder levantarse de la cama. El cuerpo no le dolía y aunque la cabeza si, no era un dolor muy exagerado, se podría decir que era casi hipocondríaco. Así transcurrió el tiempo, hasta que llegó un punto en que le empezó a doler el pecho y preocupado se armó de fuerzas para ir al baño que estaba junto a su dormitorio y así darse una ducha, pensando, que a lo mejor esto lo relajaría. Hizo lo pactado y empezó poniendo su cuerpo de lado, ya que estaba boca arriba, como un cadaver. Tomo su cuerpo con la fuerza de las piernas y lo puso erguido. Vio a su alrededor y notó que la pulcritud no era su estilo preferido, en lo que a decoración se refiere para la habitación, esperaba que la casa no siguiese los mismos estandares decorativos. Luego de respirar profundo y cerrar los ojos, se levantó, hizo los siete pasos que requería para llegar al baño y se apoyo, cansado, en el marco de la puerta. Cuando hizo esto, visualizó en el espejo que no estaba solo, que había entrado alguien. Y lo que se mostraba en este, le erizó la piel y abrio sus ojos a tal punto que pensó que se le caerían del miedo.
Sobre su espalda, yacía una especie de mujer con la piel color gris, el pelo azul obscuro y con brazos en forma de serpientes. La criatura se reía al verse en el espejo mientras sujetaba a Gabriel como una vibora constrictora. Su risa, mas que burlona o graciosa, era diabolica, ahogada y frenetica, en un tono grave, casi de ultratumba, pero que aturdía los oidos tanto como un silbato o el grito desesperado de un niño asustado. Gabriel palideció, su cuerpo estaba desnutrido y lleno de marcas de dientes, rasguños y quemaduras. No aguanto la situación y se tiró de lleno al retrete, a vomitar. La criatura seguía riendo y en el reflejo del agua se podía ver su cara, alargada y palida, con una sonrisa de aguijones de avispas como dientes, pero menos negros y podridos, expresando una frialdad inmensa a la hora de reirse de Gabriel. Éste, se arrastro hasta la ducha y puso el agua hirviendo, para que la criatura se desprendiece y así poder escapar, pero el agua caliente solo logro hacer que Gabriel gritara de dolor y a la criatura reir de placer.
Ya habían pasado cuarenta minutos y los invitados, al menos la mayoria, ya estaban en la puerta de la entrada, esperando a que Gabriel les habriese. Pero no había noticias de él. Su celular no lo contestaba y tampoco informaba sobre un retraso o algun inconveniente. Comenzaron a preocuparse, ya que sabían que estaba adentro, porque los invitados que llegaron mas temprano, habian sido testigos de su presencia o al menos de su voz. Siguieron golpeando hasta que de repente, se asoma por las escaleras, una vecina del piso de arriba quejandose por los ruidos.
— Ya dejennos dormir, maldita sea. ¿Qué no ven que uno madruga?
Uno de los chicos reconoció a la vecina por visitas anteriores y decidió preguntarle por el estado de Gabriel.
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La Criatura
HorrorGabriel organizó una fiesta para reecontrarse con sus amigos que no ve hace meses, pero cuando estos llegan, Gabriel no les abre la puerta. Le cuesta hablar, moverse y salir de su dormitorio. Sus amigos se impacientan y comienzan a molestarse y lo q...
