Regresiones

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Martín nunca había tenido una regresión, no como Manuel que de disociaba cada vez que un gringo le hablaba por sobre el hombro. Se sentía muy extraño no haber tenido ni una sola, más allá de su odio injustificado con su primo Arthur (que era mutuo, por cierto, no podían respirar en la misma habitación por más de dos minutos), tenía diecisiete y no había tenido ni una sola.
 
Le daba un poco de terror pensar que… Por más facha y nombres latinos, él fuera otro invasor más, hasta Victoria había tenido una regresión la primera vez que mariscó para un paseo de curso.
 
- El fenómeno de las regresiones es algo que aún nos sorprende -La profesora camina por la sala- De lo poco que tenemos entre la desaparición de la raza antigua con la de los deltahumanos, fue nuestra especie la primera en tener regresiones explícitas con una sintomatología médica marcada…
 
Su primer viaje juntos (después de muchas promesas de portarse bien para la mamá y prometer no volver en cinta al papá) fue a las Torres del Paine, todo el rato tomándose de la ,mano.
  - ¿Has tenido regresiones acá? -Le pregunta a Manuel antes de que se quede dormido en el vehículo.
  - No, no… Yo era canoero Martín, no tengo regresiones del continente, tuve una en Rapa Nui sí, cuando me saqué la chucha en una cueva…
  - Cierto, cierto. Armaste un show terrible esa vez, lo recuerdo, casi matas a la pobre guía.
  - Purr, no importa -Se acomoda más en su hombro- ¿Te preocupa todavía no haber tenido ni una? Quizás eres de un estado del norte, Julio tuvo que ir al altiplano para su primera regresión y llegó odiándome por culpa de eso…
  - En su defensa, encajabas con el perfil del que lo mató.
  - Martín de verdad mi cara es la más común de todo el mundo.
  - No, tú eres más lindo que el resto -Lo toma de la barbilla para darle un beso, sonríe al verlo refunfuñar.
  - Calla… -Desvía la atención a la pantalla del bus eléctrico- Mira, la temperatura ha vuelto a bajar desde el año pasado.
  - Tienes razón, quizás hasta llueva…
  - Será lindo ver cómo era este lugar antes del gran colapso climático -Se estira, suelta un gran “purr” y se vuelve a acomodar al lado de su novio.
 
Sí, la gran crisis climática que casi acaba con todo hace cuatrocientos años. La catástrofe climática era un tema que se tocaba de manera integral en clases de naturaleza, ciencias, tecnología e historia. Al parecer fue la paranoia y desesperanza por la cual cruzaba la población de las zonas más extremas, de clima árido o ártico, las que empezaron a tener sus primeras regresiones a épocas de sus antiguas vidas dónde estos problemas no existían como una señal de que el cambio climático debía ser detenido…
 
Para entrar al Santuario del Glaciar Gray tuvieron que pasar por una zona de seguridad, Manuel pasó expedito mostrando su carnet, Martín tuvo que sacarse hasta los zapatos para demostrar que no era una amenaza y aun así le dolió ver cómo le daban a su novio un botón rojo de emergencia. Pero bueno, es normal desconfiar de los alfas, es un mecanismo de defensa. Pero dale que él es inofensivo, es Manuel el que mata las cucarachas.,
En el momento en el que entraron por el camino del bosque milenario empezó a sentir un agujero en el estómago, Manuel daba pasos despreocupado adelante suyo mirando la ilusión de un bosque del 1970, con el control remoto podía avanzar o retroceder en el tiempo para ver la flora y fauna que abundaba en esa zona.
A Martín le daba miedo que se fuera a caer, no sabe por qué. Él daba pasos firmes, asegurando terreno y ver a su novio casi volando de piedra en piedra lo tenía de pelos de punta. Ante el mísero tropezón lo tomó de la muñeca y atrapó contra su cuerpo exaltado.
  - Auch, bruto.
  - Perdón, perdón, creí que te ibas a caer.
  - No me voy a morir por chocar contra el piso, tranca -Después de pestañear un poco se toca la nuca- La presión del aire está un poco descontrolada, quizás llueva feo. Vamos rápido al glaciar entonces.
  - ¿Estás seguro? -Se queda quieto con algo de temor que Manuel desprestigie su propio sexto sentido, a diferencia del resto de las personas que empezaron a devolverse del trayecto, los que estaban más lejos incluso lo hacían con un paso veloz.
  - Sí, vamos rápido, igual estamos en la simulación, quizás sea aprueba de lluvia…
 
La simulación se ejercía a los lados del trayecto. Se notaba al pisar la tierra que esta era árida y tosca, pero una malla a los alrededores y el techo modificaba el área como un todo, Martín la tocaba notando la resistencia eléctrica. Rápidamente podría calcular el área o la energía que recurría, a diferencia de los omegas los alfas eran unos con la tecnología, tenían cierto instinto natural pero no uno al nivel de su contraparte.
 
Camina observando el glaciar, o como fue en algún momento; imponente, dejando una gran laguna que alimentaba todos los ríos del resto del parque, el agua era de un perfecto azul verdoso, limpia y pura por completo, turistas del siglo 21 se hacían presente tocando el agua. Una cosa que no ha cambiado de esta zona ha sido el viento, tiene la mano de Manuel bien apretada porque él es de papel volantín y quizás si lo suelta salga volando. No, no, no se va arriesgar, aunque Manuel se ría de él y le diga alaraco porque flaco y todo le tiene una resistencia al viento natural.
Los momentos más tensos fue subirse a la pequeña montaña de roca que servía de mirador, era una elevación que después continuaba en su propio sendero, incluso si no era de una altura mortal Martín fue primero y estaba atento ante la mínima respiración fuera de lugar, y es que no puede creer que sea el 2500 y aun así el sendero parezca la orilla de un risco, así eran las normas de seguridad, ¿Ah? ¿No que ellos ya eran un estado desarrollado? No se les puede pasar esas cosas del sistema.
  - ¿Estás intentando demostrarme tu estamina o algo? Porque te estás tomando muy en serio una altura de no más de seis metros…
  - No, no -Se pone rojo al llegar el mirador, dónde finalmente se puede sentar tranquilo- Pero desde que llegamos estoy más alerta, no sé por qué… Te acabo de ver tocándote la nuca con la punta del dedo anular, tú también lo sientes.
  - Siento un desequilibrio pero, más allá de que el viento es fuerte no hay diferencia. Estamos alrededor de un montón de montañas, obvio que estará turbulento. Mira, si tocas aquí puedes ver a qué altura estaba el glaciar según cierta época. Hasta una reconstrucción de cómo era en la era del hielo, con nuestros ancestros.
Retrocede lentamente en el tiempo, ver el glaciar volver a la vida es revitalizante para todos sus sentidos; la naturaleza de vuelta en su lugar. No puede hacerse el duro, no puede no sentir pena a como casi destruyen el mundo y tienen que construirlo de a poco.
 
La antigua raza se extinguió y se polarizaron los nuevos géneros. Martín se levanta a observar la pantalla de información que está en la reja a unos metros, abraza a Manuel por la espalda y le da un cabezazo cariñoso acompañado de un pequeño arrullo. Le responde un suave ronroneo mientras sigue jugando con los botones, Martín piensa que si hay una cosa que envidia de los omega es que mantengan el ronroneo que los alfa pierden en la pubertad, cuando aprenden a gruñir.
Eso y no ser vistos como una amenaza, o tener que ser siempre fuertes y estar dispuestos a sacrificarse por quienes aman.
Sale una criatura marina del agua con la intención de comerlos, ambos retroceden asustados y Martín de puro reflejo se pone adelante solo para recibir una risa de ternura, pronto sale la definición de la especie, cuando fue encontrada, quién hizo el hallazgo y la alerta roja de tornado.
Alerta de tornado.
La simulación se apaga mostrando el escenario deprimente de la tierra seca, frente a ellas el remolino de viento los saluda.
  - ¿La simulación lo cortará? -Le pregunta Manuel quedándose estático, con el ceño fruncido por ser lo suficientemente estúpido como para no pescar su sexto sentido.
  - No, se va a abrir para dejarlo pasar -Lo toma de su mano- Viene directo a nosotros y nos costó media hora llegar acá, no alcanzaremos a llegar al refugio. Corre.
 
Se aferra fuertemente a su mano y empieza a correr en dirección contraria al viento, que no necesita un tornado para tumbar su equilibrio, agradeciendo haber decidido entrenar en la naturaleza (para sorprender a Manuel por s,upuesto) empieza casi a saltar como guanaco como si se supiera el sendero de memoria.
 
  - ¿Vienes a la escalada? -Le pregunta tranquilo a uno de sus compañeros en un recreo, tenían un grupo mixto.
  - No creo, la última vez me resbalé y casi muero.
  - ¿Escalas? -Manuel se asoma con la Tiare detrás reclamando, le había quitado su pancito de pura maldad.
Ante la mínima atención que le entregué su crush, es difícil seguir con su facha de canchero.
  - Sí -Responde con un gallito- empecé hace poco, es divertido. ¿Tú escalas?
  - No, soy marino. Hago surf y buceo. Tiare aprovecha la distracción para aprovechar de recuperar su colación.
Tonto Martín, tonto. Todos saben que Manuel canoero austral, con regresiones polinésicas.
  - La Vicky dijo que quería aprender a mariscar desde su primera regresión, ¿Y si nos acompañas? -Tiare se vuelve su salvavidas, y le da una oportunidad.
  - Podría no ir al cerro el fin de semana.
 
“Martín nos traicionó por un celante” lo acusan en el grupo de escaladores.
 
Él es fuerte, los alfa son tres veces más fuertes que la raza antigua y tienen mejores reflejos. Mantiene fuerte su mano en la de Manuel que le informa cada tanto sobre la situación de la naturaleza como su guía, los desesperantes “¡Nos está siguiendo!” No ayudaban, por el rabillo del ojo notaba que el torbellino lo mirada estático.
Si un tornado pareciera estar quieto, es porque se está moviendo en hacia la dirección del espectador, se debe correr hacia los lados y buscar refugio inmediatamente. El viento cada vez más turbulento contra suyo le decía que el tornado iba directamente hacia ellos. La naturaleza de cruel por estos lares y no le molestaba con eliminar dos moscas más del mundo.
Cuando siente a Manuel detenerse sabiendo que todo mayor esfuerzo es futil, se da la vuelta para abrazarlo por última vez, si van a morir, será juntos.
 
El torbellino de viento no los tragó entre sus garras, pero una corriente residual con alta energía los sacó volando. Le recordó a esa vez que una ola de tres metros rompió directamente encima de su cabeza, la fuerza zamarreando cada uno de sus miembros azotándolo contra la arena y las rocas de la superficie, esa vez hace dos años en la cual tragó dos veces su peso en agua y de no ser porque la papá de Manuel es una con el mar la corriente inferior lo hubiera arrastrado mar adentro.
Tuvo la suficiente fuerza como para no separarse de su novio, pero eso solo empeoró la caída al piso, no solo el haberse estrellado a la misma velocidad que el torbellino los lanzó lejos, sino además el choque de ambos cuerpos en el rebote.
Apenas podía abrir los ojos, el milodón lo había pateado justo en el estómago y empujado varios metros. Fue una muy mala idea intentar cazar una de esas bestias, pero con el clan llevaban casi una semana sin comida y mamá estaba en cinta. Su hermano más grande lo intentaba reanimar, asegurarse que no había muerto, pero honestamente estaba demacrado.
- Gordo, gordo dale. Tenemos que encontrar sombra o nos vamos a insolar -Manuel lo mueve con cuidado, la turbulencia no acababa, tenía miedo de que aparecieran más torbellinos. Su cabeza daba vueltas, no solo del maltrato de su cuerpo, sino porque fuera de la seguridad y confort de la simulación en el glaciar era árido, la tierra seca, el viento voraz, el sol en el peak del día y el calor calcinante. Habían tardado cuarenta minutos de sendero en llegar al glaciar y quizás ellos estaban a varios kilómetros de la colina de roca. Apretaba el botón rojo desesperado, para decirle a los guarda parques que están vivos, sobrevivieron al tornado los dos únicos estúpidos que no le hicieron caso al sexto sentido porque querían ver el hielito a medio derretir que quizás se muera en dos décadas más.
Ni un jote se atrevía a asomarse.
Martín seguía desorientado, tenía algo de frío. Observaba a su familia pelear con el milodón, parece que iban a ganar y tener carne para semanas. Pero seguía a medio morir, observa a su hermano y le susurra que lo deje tirado, desconcertado observa como la luz se asoma encima suyo y la cara de Manuel aparece frente a él.
  - ¿Ah? -Le dice yendo y viniendo entre pasado y presente.
  - Oh no… -Cuando nota el movimiento errático de sus ojos, el temblar de sus manos y palabras en una lengua que no entiende se da cuenta que Martín está teniendo su primer brote regresiónico.
El alfa se espanta, al frente suyo y de Manuel se acercaba un dientes de sable, retrocede despavorido antes de levantarse lleno de adrenalina, cargar al omega como si fuera un saco de papas y correr en dirección al glaciar.
 
- Ya han pasado cuatro tornados -Le avisa Manuel a Martín cuando nota que está pasando por unos minutos de lucidez- estás teniendo la regresión más antigua que he visto en mi vida. Menos mal conoces este lugar…
Estaban escondidos a kilómetros del glaciar, que había escarbado las montañas a sus lados y hecho un sistema de cuevas, Manuel estaba con todos los pelos de punta; allí enterraban a sus muertos y se escondían las serpientes marinas.
No, Manuel, no vayas tan atrás, aquí no hay serpientes marinas.
- Podríamos internar salir cuando atardezca, poco a poco el ambiente se está regulando, lo importante es no insolarnos. Al menos nuestras mochilas vinieron con nosotros y aunque el pancito debe estar todo achicharrado parece que no se me reventó el frasco de agua.
Observa a Martín ser vencido por la regresión, aunque quizás era mejor tener una regresión así de antigua cuando solo intentabas sobrevivir a lo salvaje ante que te mataran los loberos por existir en el mismo estrecho. Le recordaba a su primera regresión, cuando lo intimidó de chiquitito un barco muy grande que pasó cerca de su canoa.
Vivían con su familia en un palafito, tenían al menos dos botes y tres canoas distintas. Cuando estaban enseñándole a Victoria a mariscar su papá interrumpió toda actividad exaltada y los hizo meterse en dos tiempos al barco más grande, ordenó guardar las canoas y se apuraron a entrar mar adentro. Un terremoto de alta intensidad movió todo de una manera espeluznante, estaban todos bien asustados por el zamarreo, el mamá de Manuel seguía tomando mate como si nada, esperando que pare el movimiento sísmico.
  - El epicentro fue aquí en el mar, estamos a salvo del tsunami por ahora, nadie se mete al agua o va al continente hasta que yo lo diga.
  - Sí, tía.
  - Sí, mamá.
  - Mami me dieron ganas de comer centolla.
  - Manuel siempre te dan antojos cuando te da miedo algo.
 
- Tengo ganas de comer centolla -Susurra amurrado observando a Martín, que está afiebrado. Lo había tapado con las mantas de pinic que habían empacado junto la parca que trajo haciéndole caso a su sexto sentido, usaba la mochila del rubio como almohada. Mientras él estaba sentado a su lado intentando cortar el viento que entraba a la cueva. Lo miraba teniendo sus mini espasmos mientras seguía balbuceando jerigonza, le hace nanai en la frente notando su temperatura.
No siente un dolor terrible, sabe que es por la adrenalina. Mañana no se podrá ni mover, quizás hasta los tengan en cuarentena por dos meses en una burbuja por ser posibles portadores de uno o más virus del milenio del pico y por eso tiene todas las hormonas encima. De todos los momentos para tener una regresión, a Martín se le ocurre tener su primer brote ahora, al menos estás le habían hecho encontrar el sistema de cuevas. La cercanía con el glaciar y el viento hacían que fuera más fresco en comparación con lo que había allá fuera.
Sigue sin sentir señales de vida, empieza a cuestionarse por qué decidió darle una oportunidad a Martín cuando juró que no le gustaría nadie en su vida. Al inicio le cargaba; era ruidoso, molesto, llegaba pasado a adolescente después de cada recreo embarrándose jugando fútbol y era bilingüe al igual por venir de las Malvinas.
Cuando tuvieron que actuar una obra para inglés, Manuel se disoció feo y tuvo que venir su mamá a hacerle nanai en la enfermería. Le llegó una cartita de pena, con letra temblorosa y un chuche que decía “perdón por existir, no sabía que te daban miedo los gringos”.
Podría ser peor, su primo chico es rubiecito y se disociaba con solo verse al espejo (tuvieron que teñirle el pelo de negro). Su profesora jefe le pregunta si se sentiría más cómodo con cambiar a Martín de curso, le responde que no, quizás tenía regresiones de la masacre, pero debían que poner sus diferencias de lado, fue un accidente, está seguro que Martín no es malo.
  - ¿Manú? -Lo siente acomplejado- ¿Dónde estamos?
  - En una cueva cerca del glaciar, ¿Cómo estás?
  - Raro, ¿Eres real o un sueño?
  - Soy real, soy del presente.
  - ¿No nos va a comer el dientes de sable?
  - No, Martín. Eso es parte del pasado.
  - Pero es tan vívido.
  - ¿Ahora entiendes cuando casi me desmayo esa vez que me gritaste en la obra?
Lo ve poner carita de pena, enrojecer y taparse con la manta.
  - Perdón por nacer.
  - Está bien, guagüi -Busca hacerle cariño en el pelo- Ya pasó.
  - Acuéstate conmigo, tengo frío.
  - Te estoy haciendo de cortavientos.
  - ¿No tienes frío?
  - No, tengo un grado más de temperatura que tú, lo sabes, por eso creo que eres de la pampa.
  - Ah, sí, tendría sentido… Al menos siéntate más cerca y dime qué me amas.
  - Te amo.
  - Me gustaste desde que llegaste al curso…
  - Lo sé.
  - No seas pesado, quizás no salgamos de esta con vida, quiero al menos decir mis votos.
Le sonríe con gracia- Creí que no soportaría a alguien como tú en mi vida.
  - Siempre me he preguntado por qué te gusté en mi primer lugar; te pegué un pelotazo que casi te rompió la boca del estómago, corriendo una vez te empujé contra los lockers y casi me expulsan, te hice disociarte, soy muy ruidoso.
  - Solo recuerdas las cosas malas que has hecho, ninguna ha sido apropósito.
  - Es que hasta el día de hoy no entiendo por qué te sentaste en mis piernas y me entregaste tu pañuelo.
  - Fue en clase de literatura.
La profesora le dio de tarea un cuento y él había hecho tres, honestamente no sabía cuál mostrar. Ojeada a los alfas desganados, pero con una pinta de terror de que les hagan recitar su cuento, sabían que los de sus contrapartes iban a ser mejores porque los omega se caracterizan por su inteligencia y hasta un texto de tres líneas sería una obra de arte digna de museo.
Uno de ellos cae maldito cuando el profesor lo hace recitar su trabajo, Manuel hace una mueca mezclada entre gracia y compasión porque le tocó justo a Martín, que llegó quince minutos tardes a clases, durmió otros diez y solo lo ha oído gritar un par de cosas sin sentido en el resto de la cátedra.
Entonces cuando empieza a escuchar poco a poco como se desglosa la prosa lo observa sin creer que él sea el autor de esas letras.
Martín estaba nervioso, no había hecho la tarea así que sacó algo que tenía en la parte de atrás de su cuaderno de mates (ese en el que garabatea cuando se aburre) y empezó a recitar con vergüenza, era un trozo de intimidad que tuvo, que sacrificar por culpa de la flojera. Observa a sus compañeros buscando alguna respuesta de burla o aburrimiento, pero todos parecen escuchar atentos, hasta que se da cuenta que Manuel está mirando su escritorio mordiéndose el dedo. Cuando este se da cuenta que llevaba unos segundos con ojos encima suyo sube la mirada y se quedan congelados en el tiempo.
- Esa fue una maravillosa sorpresa -Su profesora hace correr el momento de nuevo- Martín, ¿Eso que sentí fue Cortázar?
El omega con mucho cuidado y silencio sale de la sala. Se dirige al baño a mojarse la cara y respirar hondo varias veces para bajar la temperatura.
  - Allí supe que eras tú.
  - Ah, yo creí que te había asqueado como nos quedamos mirando.
  - Pft, ustedes de verdad leen todas las señales al revés.
  - Por eso ustedes deben sentarse en nuestras piernas y darnos los pañuelos, sino lo que creemos que es un cortejo se vuelve acoso.
  - Sí, pero… ¿Tú ibas a aceptar a cualquier omega que se siente en tus piernas o de verdad te gusté por cómo soy?
  - Ya te lo dije, me gustas desde que llegaste al curso. Pero creí que eras mucho para mí, honestamente con que alguien me marcara en el futuro bastaba.
  - ¿Ibas a vivir infeliz?
  - Quizás…
  - ¿De verdad no te importaba?
  - Un alfa no está completo sin su omega y sus cachorros.
  - Me da algo de pena que piensen así.
  - Pero mira, lo importante es que yo te amo y tú me amas… ¿Te puedo hacer una pregunta fuera de lugar?
  - ¿Sí?
  - ¿Estás caliente?
  - ¿Perdón?
Lo ve esconderse de nuevo entre las mantas con vergüenza.
  - Si vamos a morir acá al menos amémonos hasta el final.
  - Es momento justo para que nos tomemos los supresores -Saca de su mochila ambos frasquitos con píldoras- Tendrá que ser al seco, no gastaré mi botella de agua.
  - Dale, pasámelo -Hace lo posible para tragárselo rápido, pero siente la píldora arrastrarse lentamente rasguñándole la garganta.
  - No me caliento porque este lugar me da terror, siento que estoy en un cementerio o catacumba. Sabes que nosotros enterramos a nuestros muertos en las cuevas…
  - Ah, perdón, soy retonto y se me olvida.
  - Esperemos unos días con la comida que tenemos y si se acaba la fe y nos volvemos locos a follar como conejos, tampoco quiero morir así. Todo porque no le hice caso a mi sexto sentido.
  - Quizás me muera del frío para hoy en la noche.
  - No si salimos a insolarnos unos minutos.
La paranoia se detiene abrupta ante una luz roja en el bolsillo de la mochila de Manuel, el botón de emergencia estaba brillando.
  - Nos encontraron y vienen en camino.
  - Ahora solo me falta sobrevivir a la retada de mamá.
  - Ahg, no nos dejarán salir en años.
Horas después, cuando la presión del aire se reguló, llegó la ayuda, pero no en una ambulancia, más bien en un tanque que usan para la gente contaminada. Salieron varias personas con traje de astronauta y una manguera. Después de rociarlos enteros les pidieron que también se pusieran un traje, pusieran todas sus pertenencias en un cubo con un color verde fosforescente y fueron trasladados al hospital científico más importante de Nueva Patagonia.
Estuvieron dos meses en cuarentena por ser posibles portadores de los virus que se escapaban del glaciar. El reto de ambos mamás duraron una cátedra de cuarenta minutos cada uno, pero al menos los dejaron en la misma sala para que no se volvieran locos y Martín fue tratado de sus regresiones.
Él salió del hospital marcado y Manuel fue castigado por un año entero por apurarse tanto en una decisión tan seria como marcar a un alfa de por vida. Pero al menos no salió en cinta y tenían una gran anécdota que contarles a sus cachorros.

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⏰ Last updated: Oct 01, 2020 ⏰

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