Te vi salir del edificio.
A me dijo que me veía bien y olía bien, estaba feliz de conocerte.
Pantalón vino, blusa blanca, cabello suelto. Olías a suavizante para ropa.
De todas las cosas que pudieron engancharme ese día, me perdí por tus ojos.
Tuve que actuar normal, no quería arruinar la primera impresión.
Escuché tu voz decir mi nombre... Caí por completo.
Nos saludamos de abrazo y beso en el cachete... Que suave piel.
Hablamos un rato. Nos empezamos a conocer. El juego de preguntas me hizo conocer pequeños detalles que jamás se me olvidarán.
Fuimos por un helado.
Estábamos en plena pandemia de Covid.
Ni tú ni yo llevamos cubrebocas.
Te escuché reír por primera vez. ¿Cómo me tatuo ese sonido en la piel como se tatuó en mi corazón y mente?
Decidimos ir por un café. Bromeamos mientras lo servían.
Regresamos con A y seguimos conversando.
Conocí cada vez un poco más de ti. ¿Tu lugar favorito? Las playas de Mazatlán.
Recuerda que prometiste llevarme contigo en tu próximo viaje.
Se hacía tarde, tenía que llevarte a casa.
A se molestó porque no me fui con ella. Pero tú ya eras mi prioridad.
Caminamos por una hora hasta tu casa. Hablamos mucho más.
Eres mayor que yo por 1 año, 8 meses, 13 días, 4 horas, 30 minutos. Hicimos la cuenta mientras te reías de mis ocurrencias.
Estando afuera de tu casa esperamos mi transporte. Era tardísimo, ya no pasó ninguno.
Mientras esperábamos a mi padre, pude notar que me mirabas mientras yo no te miraba. Y al revés.
Te pedí que me sostuvieras la mirada.
Dijiste que no podías.
Dijiste que te ponía nerviosa.
"Me encanta que sonrías, tus ojos se hacen pequeños y te ves demasiado linda."
Te amo desde ese momento.
-Vante_.
