Syndra
Yacía yo en mis aposentos, estaba pensativa acerca de esta nueva sensación presente en mi mente, después de diferentes sucesos en mi vida, pensé que solo me enfocaría a incrementar mi fuerza para que nadie más vuelva a encerrarme o limitar mi poder.
Por más que lo intentara no dejaba de pensar en.. ella, qué me hizo, acaso, me hechizó?
No podía dejar de pensar en lo que la caracterizaba, su firmeza, su carácter estricto, su manera directa de tratar con la gente a su alrededor, su energía en la batalla y la historia detrás de ella, en cómo ella luchó para librar a esta tierra del dominio noxiano.
Era alguien fascinante, yo la admiraba, pero, por qué mi mente pasó esa admiración a algo más?
-Maldición- Susurré frustrada para mis adentros
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Recordé la última vez que la vi, hace un mes, iba yo camino al templo del maestro Zed, cuando pasando cerca del placidium de Navori, la vi danzando en la cima de la colina frente al río Epool.
Mi cabeza olvidó la realidad y las cosas alrededor, solo para fijarse en aquellos movimientos llenos de gracia, dedicación, paz y energía simultáneamente, danzaba y movía sus finas y múltiples hojas al compás de la melodía de una flauta, ya que cerca estaba el señor Yasuo tocando el instrumento de viento, el maestro Yi, junto a ella, replicando con una increíble exactitud sus movimientos, me sentí increíblemente mal al verlos juntos, y un dolor se formó en mi pecho.
Aunque era una vista magnífica sin duda, no podía quitar mi vista en aquella guerrera danzante, en Irelia, cada cautivante movimiento suyo causaba un ligero ardor en mi rostro, me sentí por primera vez,... enamorada. Ella era aquella persona que ciegamente me arrancaba varios suspiros.
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Pero, no, sentimientos así no pueden interferir con el crecimiento de mi poder, como Soberana Oscura, mi deber es crecer y que nada ni nadie más me limite.
Finalmente después de continua reflexión, escribí una carta, dirigida a Zed, como aviso de mi visita al día siguiente, le di la carta hasta luego caí rendida a los cálidos brazos de Morfeo.
A la mañana siguiente, después de levantarme me puse aquellas prendas color negro y violeta, para ir al templo de la orden de las sombras, mi intención al ir a visitar a Zed era que me dé algún consejo o recomendación para tratar con estas emociones.
Antes de salir de mi templo, uno de mis seguidores me detuvo.
-Soberana, espere un momento- Dijo él
-Sucede algo?- Pregunté por aquella interrupción.
-Sí, el maestro Zed respondió a la carta- Dijo entregándome el sobre
Me dispuse a leerlo.
"Alegría sería recibir una visita tuya, Syndra, pero me temo que hoy no se da el caso de poder tener visitas, disculpas, el motivo es de un asunto personal el cual requiere de mi completa atención. Saludos"
-Entonces le haré una visita inesperada- Dije agraciada
Mi seguidor se retiró con el papel en mano y yo emprendí camino al templo de Zed.
Pasaba por los campos de Jonia, viendo los pueblos cercanos, veía parejas, juntas, amándose el uno al otro.
No podía evitar sentir esa horrible sensación nuevamente, estar limitada.
