Mananhill-91 era una ciudad subterránea habitada por casi un millón de personas, quienes vivían allí hacía años y años, tantos que ya no quedaba nadie vivo que conociera el mundo exterior. O al menos eso creían. Aún así, quedaban las historias que habían sido transmitidas por generaciones sobre cómo era la Tierra antes de que gran parte de la población se viera obligada a mudarse bajo la superficie.
Era lo suficientemente grande para contener diferentes sectores con múltiples fines, ya que los fundadores habían intentado recrear una ciudad del exterior.
Entre todos sus habitantes, había una chica de 19 años: Sarah. Era una chica a la que le gustaba mantener un perfil bajo, a pesar de que su madre era la cocinera de años del gran comedor. Con su cabello castaño largo hasta la cintura, su nariz respingada, sus finos labios y sus ojos mieles; Sarah poseía una inteligencia que nadie se esperaba de ella. Acompañando su inteligencia estaba su gran curiosidad. Desde sus primeros años, Sarah amaba curiosear por todos los rincones de Mananhill-91.
Esa gran curiosidad la iba a llevar a una incansable investigación, para finalmente desencadenar un descubrimiento aterrador sobre aquella ciudad que todos creían indefensa.
Mientras leas, recuerda: en esta ciudad no se puede confiar en nadie, todos esconden sus secretos...
•••
Sarah
Camino hacia el comedor cargando mi canasta repleta de comida para el desayuno. Desde panes caseros hasta jarras de infusiones que mamá había preparado la noche anterior.
Mientras voy caminando por los caminos de tierra, observo la grandeza de mi ciudad, y por un momento, una chispa de curiosidad y una nostalgia sin sentido llenan mi cuerpo.
¿Cómo será el mundo natural? ¿Qué hay más allá de estas paredes de tierra que contienen Mananhill-91? ¿De dónde salió ese nombre tan peculiar?
Todas preguntas sin respuestas.
No llegué a conocer el mundo exterior, ya que mis padres se conocieron dentro de esta ciudad y yo nací aquí.
Mi padre... su recuerdo me llena de tristeza y siento unas inmensas ganas de llorar, pero me contengo, pues no vale la pena.
Un fuerte silbido me saca de mis fantasías. Observo hacia el comedor frente a mí, y me encuentro con Tamara, la encargada de preparar todas las comidas para la población, es decir, mi jefa.
- Llegas tarde, Sarah- me dice con su irritante y aguda voz, mientras me mira con reproche.
- Lo siento, mi madre no había terminado de hornear...
- No me interesa, no hay excusas- me interrumpe.- Que sea la última vez.
Dicho esto, se da la media vuelta y entra a la parte trasera del comedor. La sigo, sabiendo que me espera un día largo y, encima, con Tamara de mal humor. Nuestra relación no es la mejor, bueno, ella es la que no quiere que nos llevemos bien, porque cree que soy una inútil.
Todos los días es la misma rutina: quedarme hasta tarde horneando el desayuno con mi madre, despertarme temprano, guardar todo y venir para el comedor, servir el desayuno y así sucesivamente con todas las comidas del día. Apenas tengo unas horas para descansar.
Esta rutinaria y aburrida vida comienza a cansarme, quiero hacer otras cosas, hacer lo que a mí me gusta, no lo que el equipo comandante me obliga a hacer sin elección. Todo para que ellos tengan a la población perfectamente estructurada. Incluso deseo salir y conocer el mundo real, pero por alguna razón extraña y desconocida para todos, nadie puede salir de aquí.
¿Cómo es que a nadie le da curiosidad?
Luego de preparar el desayuno y servirlo en las grandes mesas dispuestas para la comida, me dirijo al salón para sentarme sola en una mesa, como siempre. Odio estar encerrada y encima sin amigos. Odio toda esta vida.
Mientras desayuno, observo el comedor. La gente del primer turno ordenada alfabéticamente en mesas de manteles blancos; las paredes igualmente blancas y las rejillas de ventilación; las puertas completamente abiertas... todo es tan repetitivo.
•••
Por fin tengo un tiempo libre, la hora en la que todos duermen la siesta y descansan, y se supone que nadie puede salir. ¿Por qué tenemos que cumplir esas estúpidas reglas?
Salgo silenciosamente de mi cabaña y comienzo a caminar hacia la colina falsa que está en un costado alejado y sin construir de la ciudad. Amo pasar mi tiempo libre allí, sólo sintiendo el aire y observando mi ciudad desde arriba.
Una vez que llego, me siento sobre una gran piedra aplanada y me quedo observando el horizonte, con la mente en blanco. Hasta que una voz me interrumpe.
—¿Qué haces aquí?
CZYTASZ
El parque de diversiones
Tajemnica / ThrillerMananhill-91, una ciudad que se encontraba bajo tierra, era un gran interrogante para la gente que la habitaba. Las reglas a seguir eran muy estrictas y nadie se atrevía a romperlas. Cada quien tenía un rol y un trabajo que cumplir. Nadie se quejaba...
