Vlad solo tenía 7 años cuando su padre, adicto al alcohol, murió en una pelea durante un evento campestre, desde entonces su madre tuvo que cuidar de su pequeño hijo, completamente sola. Lilith sin duda era una madre ejemplar que, a pesar de no haber tenido la oportunidad de terminar sus estudios, se esmeró en darle todo a su pequeño, a veces trabajaba apaleando piedras de aquel camino de tierra que daba a su villa. Sin dudas se trataba de una familia muy humilde, con una pequeña casa y 3 perros; ‘’Fenrir’’, ‘’Dagr’’ y ‘’Nott’’, al tener pocos recursos, sus tres perros guardianes y feroces de color negro se encontraban casi en los huesos. Vlad, al haberse criado en un ambiente en el que la violencia abundaba, de manera muy temprana se dio cuenta de lo que tenía que hacer, y no solamente para ayudar a su madre que se había esforzado tanto por él, sino que también para ser ‘’alguien’’. El joven dedicó mucho tiempo a sus estudios, y aunque su colegio no era el mejor del pueblo ni de aquellas zonas rurales aledañas, siempre destacó. Al momento de salir de la educación superior, a los 17 años se le dio la oportunidad de seguir sus estudios gracias a una beca, así que se marchó de su pequeño pueblo para ingresar en una prestigiosa universidad. Terminó la carrera de Auditoría e Ingeniería en Control de Gestión a la edad de 22 años, y con honores, destacaba en todo lo que hacía, así que de manera temprana comenzó a trabajar en una oficina que estaba en la capital, tenía tanto trabajo que no era capaz siquiera de llamar a su madre, aunque siempre le enviaba dinero.
Una noche, cerca de las 3:30 de la madrugada, el muchacho recibe una llamada proveniente de su antigua ciudad, y le dan el aviso que su madre había fallecido hace 3 días, se desconocían las razones, solo suponían un paro cardiaco. Le mencionaron que habían encontrado su cuerpo en casa, sentada frente al televisor, además agregaron que sus 3 perros habían desaparecido, el joven estaba tan impactado que fue incapaz de dar una respuesta, así que colgó y se dirigió a la estación más cercana, estaba ensimismado, y como si no tuviese control de su propio cuerpo, tiritaba, no podía detenerse. Después de 5 horas de viaje, finalmente pudo llegar a su pueblo natal, aquel pueblo que él recordaba casi como el infierno, con calor insoportable, tierra agrietada y árboles secos, sin embargo, ya no era el mismo, puesto que había una población mayor comparada a lo que él recordaba, aquel pequeño pueblo llamado "Gehenna" se estaba urbanizando. Mientras recorría ese camino de tierra, que ahora estaba completamente encementado, podía sentir cómo el calor se mantenía tal y como él recordaba, el ardor del cemento llegaba a sus pies, incluso atravesando sus zapatillas.
Caminó por 3 horas en aquel sendero hasta que logró divisar una cabaña abandonada, junto a ella había un granjero desconocido, un hombre de apariencia terrorífica que sostenía una guadaña mientras segaba hierba, el muchacho se encaminó hacia él, sintió un leve gorjeo en sus oídos y debilidad en su cuerpo mientras se acercaba al misterioso granjero, notó que el hombre era ciego, así que fue inevitable preguntarse cómo es que se encontraba segando hierba en aquel estado, pero mientras se cuestionaba el actuar de éste, finalmente estuvo lo suficientemente cerca de él como para preguntarle si el camino seguía siendo el mismo, el granjero le dijo que la vieja ruta había sufrido cambios desde la llegada de un Forastero de nombre Asmodeo, que posteriormente logró convertirse en Alcalde. También le mencionó que para adentrarse en el viejo pueblo, tenía que atravesar un laberinto conocido como ‘’las Riberas del Aqueronte’’, Vlad le da las gracias, a lo que el granjero le respondió asintiendo con su cabeza, pero antes de que nuestro joven viajero se diese la vuelta para adentrarse en aquel misterioso laberinto, siente una mano esquelética presionando en su hombro, fue tanto el terror que se le erizó la piel, y sus ojos agobiados por el miedo comenzaron a girar desesperadamente dentro de sus cuencas hasta que notó la otra mano de nuestro terrorífico granjero sosteniendo una moneda de plata, entonces percibió que debía tomarla, así que, con una rapidez digna de alabanza tomó la moneda y siguió su camino en búsqueda del laberinto, cuando creyó estar lo suficientemente lejos de aquel terrorífico granjero, escuchó que este le grita diciéndole que para adentrarse en las profundidades de las Riberas del Aqueronte, debe introducir la moneda de plata en su boca, Vlad con una risa escéptica y burlona la guarda en su bolsillo y emprende su camino hasta que anochece.
Se encontraba sumergido en un vacío insondable, sentía una oscuridad perpetua que presionaba sobre su pecho, escuchaba murmullos a lo lejos de la penumbra, y con cada paso dado sentía punzadas de miedo atravesando sus huesos, estaba rendido, era incapaz de avanzar, pero en el momento más inoportuno logró divisar un pequeño y débil halo de luz titilante que emergía del suelo. Lleno de esperanza y completamente armado de valentía tomó la decisión de adentrarse, al fin y al cabo, necesitaba respuestas, tenía la necesidad y el deseo de ver y saber lo que pasó con su madre.
Avanzó poco a poco para adentrarse en las profundidades de aquella enigmática luz que parpadeaba con un ritmo constante. Se dio cuenta de que esta luminiscencia era tan potente que encandilaba, así que al ingresar en esa cripta comenzó a sentir mareos, náuseas, y también volvió aquel gorjeo en sus oídos, pero esta vez era peor de lo que sintió con aquel enigmático y terrorífico granjero, su cuerpo estaba completamente gélido, pero aún así por el deseo de ver a su madre, se adentra en el averno que esperaba por él. Sus ojos recorren cada rincón de ese terrorífico lugar, Vlad estaba completamente ofuscado al notar que aquel paraje era tan tenebroso como las tétricas ubicaciones descritas en viejos relatos leídos por él en su niñez. Siguió avanzando paso a paso hasta que dio con una gigantesca puerta rodeada por vapores malignos, junto a ella pudo notar que había un animal de aspecto aborrecible encadenado a la misteriosa y gigantesca entrada, pero fue incapaz de mantener la calma al notar que ese deforme y horrible animal conformaba parte de lo que eran sus viejos amigos caninos, así que entró en un llanto desmedido, puesto que vio las tres cabezas de sus perros unidas en un solo cuerpo. Vlad se acercó y notó que sus tres compañeros aún le reconocían, despavorido les acarició sus cabezas, a los tres.
Luego de un rato siguió adentrándose en aquella caverna hasta dar con un inmenso laberinto que poseía runas dibujadas en la entrada, fue ahí cuando recordó aquel mensaje que le entregó el misterioso granjero, pero como Vlad era un escéptico de tomo y lomo, decidió mantener la moneda guardada en su bolsillo, no era tiempo de seguir instrucciones, aún estaba enfocado en dar con su hogar y saber lo que ocurrió con su madre.
Llevaba 3 horas completamente solo dentro de aquel laberinto, estaba mareado, probablemente a causa del olor a azufre que emergió del suelo.
Nuestro joven desventurado ya estaba inmerso en aquel tétrico lugar, su campo de visión, capacidad auditiva y función motora los sentía limitados, pero cuando ya era incapaz siquiera de ver, sintió un eco, un sonido sinigual e incapaz de definirlo en palabras. Su cuerpo se adormeció por unos segundos, ¿Es posible tener alucinaciones auditivas por causa del olor a Azufre?, pues Vlad seguía firme y a toda costa, fuese cual sea en la situación que él se encontrara, tenía que ver a su madre, es por esto por lo que ignoró aquellos sonidos, pero parecían no detenerse, incluso aumentaban mientras el joven se sumergía en aquel laberinto, de pronto escuchó muy cerca de sus oídos claramente un sonido que decía; ‘’Tué Tué’’, fue ahí cuando cayó de rodillas al suelo, no podía creer lo que había escuchado, puesto que a pesar de haberse criado en un ambiente donde eran supersticiosos, él desarrolló un escepticismo, pero ese hecho extraño y familiar lo hizo analizar la situación en la que se encontraba, comenzó a cuestionarse todo, volvió a caer en un llanto incontrolable, fue ahí entonces cuando observó a dos cabezas con alas, su llanto empeoró, y no precisamente por lo grotesco de aquel monstruo, sino más bien porque las caras de aquellos repugnantes seres le resultaban familiares. Después de haber llorado por casi treinta minutos tirado en el suelo de aquella caverna, aquellas aves agoreras descienden, y emanando un fulgor desmedido, iluminaron toda la caverna, adoptaron su forma humana y miraron los ojos llenos de lágrimas de su joven y valiente hijo, fue entonces cuando Vlad tuvo una epifanía, y solo con mirar aquellos luceros de sus progenitores, comprendió todo, recibió todas las respuestas que buscaba, sintió un alivio en su pecho, ya no sufría ni se sentía solo, tomó las manos de sus padres y tiró la moneda de plata entregada por el granjero, que era su única forma de salir, pero no quería volver a estar solo, así que se adentra en las profundidades de las riberas del Aqueronte, pero esta vez no estaba solo ni triste.
