Capítulo 2.- Neardentales.

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− ¡No! ¡Usted no puede!− grito una y otra vez.

−Amadea, siéntate− me pide Drácula.

Ya sabía que no se llamaba así, ya que su verdadero nombre era: Señor Kigsby, sí señor. Como si estuviera en el maldito ejército.

−No me quiero sentar, quiero que me diga porque nunca supe que este era un internado para hombres.

−Se lo expliqué a tus padres, cuando tú te fuiste corriendo− explica tranquila mente.

Recordaba esa tarde, fue cuando él se presentó en la casa para invitarme a este sitio, y Scott dijo que si, esa había sido su manera de deshacerse de mí, y mi madre estuvo de acuerdo.

Yo me había ido corriendo a buscar consuelo con mi padre, fue ahí donde les dio el resto de la información, pero ¿Por qué no se tomaron la molestia de compartirla conmigo?

−Amadea− vuelve a decir, odio como pronuncia mi nombre− Por favor toma asiento, me gusta que me miren cuando hablo.

Rio un poco ante eso, Scott suele decir lo mismo.

− ¡Pues a mí me gusta caminar en círculos mientras escucho!− replico en voz alta.

−Te estas ganando un castigo− responde molesto.

− ¿Y qué clase de tortura me harán en este horrible castillo medieval?

Drácula se remueve incomodo en su asiento.

−No saldrás del internado en los dos siguientes fines de semana, además retiraras la hierba mala de la orilla del cementerio.

−Mejor cuélgueme de cabeza.

−Sal de aquí, te enviare los horarios de aseo a tu habitación.

Le hago una mueca que luce horrible, gracias a los frenillos que cubren mis dientes y salgo, no sin antes azotar la puerta.

Voy arrastrando la mochila por todos los pasillos, además de que mis pies suenan por todo el lugar.

Llego a mi lúgubre habitación, nunca creí sentir alivio de encontrar refugio entre esas cuatro delgadas paredes. Me doy cuenta de que la puerta está entre abierta, la empujo lentamente.

Adentro hay un chico y está jugando con el estúpido perro.

Siento la histeria subir rápidamente por mi pecho y llegando hasta mi cabeza, provoca que todo se vea peor de lo que realmente es.

El joven se percata de que hay alguien más con él.

−Hola− dice sonriente− Soy Osman.

Me extiende la mano para estrecharla. Ni en sueños lo haría, el acaba de tocar al asqueroso costal de pulgas con esa mano.

− ¿Qué estás haciendo aquí?− me oigo preguntar.

− ¿Esta es tu habitación?− pregunta.

−Vete, quiero que te vayas− estoy respirando muy rápido.

Osman es alto, algo musculoso, aunque su cuerpo tiene le forma de un cono, ya saben, los hombros anchos y las piernas delgadas. Lleva un horrible tenis con cintas anaranjadas que desentonan por completo con el uniforme. Su cara tiene algunas marcas viejas de acné, pero no luce feo. Esta sonriendo, y tiene lindos dientes. Podría haberme llamado la atención antes, pero ahora solo quiero estar sola y su sonrisa me provoca mucho más enojo.

−Es que este era antes el cuarto de mi mejor amigo, se llama Robín, y creí que lo ocuparía también este año− explica.

− ¡Vete!− comienzo a llorar y mi voz sale quebrada− ¡Vete! ¡Vete! ¡Vete!− chillo.

Osman mira en todas direcciones, su sonrisa se esfumó y ahora parece asustado. Es de esos imbéciles que no sabe qué hacer cuando una chica llora.

Deja al perro sobre la cama y se dirige a la salida. Tomo al costal de garrapatas del pelaje y lo arrojo afuera.

− ¡Quédate con eso!− le grito al chico, quien atrapo al animal rápidamente.

Cierro la puerta de un golpe y me recargo en ella, las lágrimas deslizándose por mis mejillas y estoy moqueando, odio moquear, es asqueroso.

Después de un momento de estar solo sentada en el suelo, decido levantarme. Solo hay una forma no patética, además de ir con el Conde Drácula, de resolver esto.

Abro mi mochila, saco varias hojas y las pego juntas, después escribo sobre ellas con un marcador verde y en letras grandes: HABITACION DE MADY.

Espero que eso les sirva para que no vuelvan a entrar.

Estaba rodeada de cavernícolas, comenzando por el director.

Criaturas NocturnasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora